Cómics / Reseña MARVEL Thor de Kieron Gillen. Cuando la calidad de los villanos define tu valía
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Reseña MARVEL Thor de Kieron Gillen. Cuando la calidad de los villanos define tu valía

El año 2010 fue muy convulso para la cabecera de Thor, no solo por los acontecimientos de la etapa anterior de un tal Straczynski, que dejo muy buen sabor de boca a pesar de su brevedad y de los problemas de periodicidad, sino porque tocaba afrontar un gran evento del que sería protagonista. Panini Comics agrupa todo eso y más en un Integral en tapa dura que recoge una etapa muy destacada con Kieron Gillen como guionista.

El testigo de Joe Michael Straczynski

No resulta sencillo tomar el relevo de un autor cuando este ha puesto el listón muy alto cuando las circunstancias no permiten al guionista partir de cero y forjar su propia historia. Kieron Gillen aceptó una apuesta muy arriesgada y continuó con lo que ya estaba definido, lo hizo suyo y sumó a todo ello tener que participar en el evento Asedio, donde Thor y Asgard eran protagonistas absolutos de la trama principal. Lograr que la serie estuviese a la altura de las circunstancias tomando las riendas de semejante reto es algo a tener muy en cuenta y ese esfuerzo sería recompensado con el reconocimiento general, a pesar de tratarse de una corta etapa, más incluso que la estancia de Straczynski en la cabecera del Dios del Trueno.

Kieron Gillen había heredado la vileza del plan forjado por Loki y el Doctor Muerte para viviseccionar a asgardianos para experimentar con ellos, el dolor de Kelda por la pérdida de Bill o el exilio de Thor por el asesinato de su abuelo Bor. La caída de la Ciudad Dorada de los cielos de Broxton, Oklahoma, ya estaba planificada, Norman Osborn como director de H.A.M.M.E.R. sería el ejecutor. Solo le quedaba aumentar la puja, sumar a todo eso la presencia de Mefisto, darle a Hela un nuevo Hel, enfrentar a Thor con su réplica robótica denominada Ragnarok y presentar a las Disir, las que fueran las valquirias de Bor, malditas por su sed de sangre.

Reinando Balder, el Bravo… ¿Qué puede pasar?

No es la primera vez que el menos reconocido de los hijos de Odín tomaba el manto de gobernante de Asgard. Aun con una historia tan trágica como la suya, con descenso a los parajes de Hela incluido, el Dios de la Luz ya ha tenido momentos convulsos mientras ocupaba el trono, muy a pesar suyo en la mayoría de las ocasiones. No han sido mandatos muy extensos en el tiempo, ha sido más bien un regente interino, como cuando acudes al entrenador de la cantera para concluir una temporada en la que has tenido que despedir al que era el titular del banquillo, una solución a corto plazo, esperando a la siguiente contratación de un director de orquesta de mayor prestigio.

Esa inexperiencia, sumada a la bondad que por naturaleza desprende la figura de Balder, hace que sea muy sencillo obligarle a seguir consejos que ni Odín ni Thor escucharían, sobre todo cuando llegan a través de consejeros de dudosa reputación. Pero cuando los más fieles a Asgard permanecen en el exilio por voluntad propia, léase los Tres Guerreros y Sif, a poco queda que agarrarse y entonces toca sufrir a manos de manipuladores y mentirosos que se sirven de un buen hombre para llevar a cabo los más indeseables planes. Unos ardides que cuentan con letra pequeña pero que afectarán al Dios del Trueno en gran medida.

Rodeado de talento

Mientras tenía lugar Asedio bajo el tutelaje de Brian Michael Bendis y el dibujo de Olivier Coipel, el que había sido artista de referencia de la etapa Straczynski, Gillen tuvo la gran fortuna de contar con ilustradores que embellecieron sobremanera su trabajo. No podemos decir que hubiese una continuidad en ninguno de los participantes pero la calidad estuvo a la altura de la narración. Nombres como Billy Tan, Richard Elson o Doug Braithwaite se unen a las puntuales colaboraciones de Jamie McKelvie y Niko Henrichon en un impresionante despliegue de virtuosismo y clase digno de ocupar un lugar en los salones del Valhalla.

Trece episodios que dejan sin aliento, que nos transportan no solo a combates dignos sino a sufrir con el corazón roto de una diosa que, a pesar de contar con su innata inmortalidad, desprende lágrimas por un breve romance en el que encuentra la desesperanza que solo la muerte del amor verdadero puede traer, aquella sensación de no poder encontrar un nuevo camino a seguir cuando se pierde lo único que se deseaba y se encuentra la muerte en vida, algo muy humano, que sufren muchas personas a diario, un duelo difícil de superar, en ocasiones un vacío imposible de rellenar y que lleva a apagar la propia luz que un alma pura desprende.

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