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Reseña MARVEL PREMIERE El Inmortal Hulk Tomo 5: Destructor de mundos. La máxima expresión de su naturaleza

Quinta entrega de la etapa de Al Ewing al frente del Inmortal Hulk que nos lleva hasta la Base Sombra. Panini Comics se enorgullece de presentar a un Monstruo Esmeralda capaz de llevar su lucidez a la máxima expresión mientras por dentro se debate en la locura.

De aquellos barros, estos lodos

¿Cómo te enfrentas a una encarnación de Hulk que no puede morir?¿Hasta dónde sería alguien capaz de llegar con tal de imponerse a una fuerza todopoderosa impulsada por radiación gamma? Para el General Fortean, máximo responsable en ese momento de dar caza y eliminar a Hulk, el fin justifica los medios. Aunque eso suponga su mayor sacrificio. Una búsqueda de un poder superior que le iguale o incluso supere a la bestia iracunda que es ese Gigante Verde al que nada puede detener. ¿Y qué mejor medio para lograrlo que aprovechar la carcasa vacía de la que fue La Abominación para conseguirlo?

Las consecuencias quedan en un escalón inferior, esperando ser valoradas con posterioridad. Ahora solo hay una prioridad, una búsqueda de un resultado ineludible para alguien que se ha autoimpuesto una responsabilidad tan elevada. Pretender enfrentarse al caos destructor mediante la imposición de un orden estricto solo puede llevar a una reacción tan explosiva que amenace con acabar con todo, con los amigos, con los colaboradores, con un ejército fiel que ahora duda profundamente en el peor momento. Cuando lo has sacrificado todo, cuando has dado lo que tenías, cuando el control de quién eras se desvanece de las manos… Fortean sigue imponiendo la causa a la vida, la suya propia incluida.

La mente traicionera de un hombre desequilibrado

Ser Hulk es una de las batallas más infernales a las que una conciencia humana se puede enfrentar. Perder el control de uno mismo, despertar con un rastro de destrucción a tus espaldas que ha llevado a cabo tu alter ego mientras no lo controlabas ni eras consciente de lo que hacía ese descontrolado Behemot, salido del más monstruoso infierno. Bruce Banner no puede acabar cuerdo tras tantas y tantas veces que ha sido consciente de su situación, de cómo su creación, una poderosa bomba, se volvió en su contra, dándole una carga que portar durante toda su existencia, una que además le ha llevado a la inmortalidad, a ser un pesar eterno del que no se puede liberar.

La dislocación psíquica de Banner es una consecuencia de ello, no solo está su personalidad y la de Hulk, han surgido otras. La que ahora tiene el control de la forma física de Bruce no es otra que la de Joe Arréglalo, aquella creación de Peter David cuando Hulk regresó a su primitiva forma gris de menor tamaño. Mientras tanto tenemos a Banner atrapado en el averno cuyo gobernante es su propio padre fallecido, el culpable absoluto del origen de todo el problema, el que presionó a su propio hijo hasta la locura, hasta una acumulación de ira que terminó por desatarse años después predominando el color verde. Todo por los malos tratos continuados tanto física como psicológicamente, aquello que puede marcar a un niño para toda su vida posterior.

El futuro visto desde la perspectiva de la destrucción

El Universo que conocemos llegará a su fin dentro de miles de millones de años. Las estrellas se irán consumiendo y no se verán sustituidas por otras nuevas que sigan aportando su luz dentro de la inmensa oscuridad. La muerte será lo que predomine una vasta extensión de espacio, donde nadie verá los cuerpos celestes flotar en la ausencia de la iluminación natural del cosmos, donde la materia quedará inerte. En su lugar solo quedará Hulk, inmortal, cargado de la energía de la radiación gamma que recorre su cuerpo. Así es como Al Ewing concibe el desenlace de todo dentro de lo que ha creado, una consecuencia lógica, en forma de especial, que nos llega con motivo del número 25 de la numeración USA del presente volumen.

El especial #25 con una visión de Hulk llevada a ser un Devorador de Mundos, cuenta con el dibujo de un español, German García, que se ha prodigado muy poco en las últimas décadas y nos ofrece una visión muy particular de esos últimos momentos de brillantez del cosmos. El dibujante habitual de la cabecera, Joe Bennett, también hace su aparición en ese episodio y en la mayor parte del tomo de tapa blanda que tenemos entre manos, aunque se hace notoria la necesidad de ayuda externa que precisa en determinados momentos, con Ryan Bodenheim dibujando el primer número aquí contenido. Una etapa imprescindible de Hulk, ésta en la que estamos embarcados, que ha sentado cátedra por su profundidad y por la forma de tratar al personaje, merece la pena hacerse con cualquiera de las formas en que se edite.

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