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Reseña MARVEL HC Lobezno: Origen II. La transformación de un hombre atormentado

Paul Jenkins y Andy Kubert nos enseñaron como empezó la historia de Lobezno allá por finales del Siglo XIX. Ahora Panini Comics nos acerca a la continuación de la mano de Kieron Gillen y del otro Kubert, Adam, para que veamos a un Logan que ha abandonado su humanidad.

La confortable vida en una cueva en invierno

Si recordamos como termina la saga original, con el joven James Howlett (que ya en su huida de la casa familiar tras la tragedia ha tomado como propio el nombre de Logan) adentrándose en los bosques tras el homicidio accidental de su amiga, y algo más, Rose. Entenderemos como comienza la historia que Kieron Gillen y Adam Kubert empiezan a narrarnos. Logan se ha vuelto uno con el entorno. Se ha unido a una nueva familia, una de lobos salvajes con la que confraterniza, caza y vive, como uno más de la manada. En el proceso han pasado algunos años. Un tiempo que le ha dado un lugar al que aferrarse, una paz interior solo arrebatada en las noches que sale a buscar presas para dar alimento a la nueva camada de cachorros que ha llegado.

Un Lobezno equilibrado

Podemos estar ante uno de los pocos momentos en los que Lobezno ha tenido una etapa de equilibrio, pese a abrazar su lado más salvaje. Pocas veces lo hemos vuelto a ver así, pese a sus traumáticos recuerdos ya en ese instante de su vida, mucho antes del Proyecto Arma-X, mucho antes de conocer lo que es el adamantium en sus huesos y garras.

Pero nada es eterno, todo cambia, aunque sea para que todo siga igual. La intervención del hombre volverá a llevarle a la civilización en una etapa que precedió a la Primera Guerra Mundial. Donde las alianzas entre bloques ya son patentes y donde venderse al mejor postor también sirve de recurso a una investigación científica poco ética que recae directamente del lado del villano de esta ecuación, Nathaniel Essex, que pese a ser británico se echa en manos de la Triple Alianza (formada inicialmente por el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Reino de Italia)  para sus experimentos.

La ciudad no es para mí

Nuestro protagonista no fue nunca una persona que se criase en una gran urbe o que viviese en ella. Su paso por la hacienda familiar en el campo, y posteriormente por un pueblo minero, no pueden catalogar a Logan como un hombre de ciudad, máxime cuando has pasado los últimos años refugiado en el bosque huyendo de tus propios demonios. Ahora convertido en una especie de bestia de circo y sufriendo los avatares de las manipulaciones del hombre que está destinado a convertirse en Mister Siniestro, las penurias de Lobezno pasan por encontrar el cariño de otra mujer, Clara, que a la postre se demostrará se algo más, mucho más.

Muchos ingredientes a los que sumar a Victor Creed, una de las grandes némesis de Logan. Para cerrar un círculo que marca el inicio de la relación entre ambos. Esa que siempre ha girado en torno a qué tipo de parentesco pueden llegar a compartir o que nefasto acontecimiento les llegó a unir en esa animadversión mutua. Quizás demasiados conceptos que asimilar que van fluyendo con normalidad en una lectura cómoda. Asequible para los que ni siquiera hayan leído antes una historia del protagonista de las garras más afiladas que es el mejor en su trabajo. Aunque en aquel entonces todavía estaba puliendo poco a poco sus habilidades

La dignidad de una secuela

Tras el gran éxito que resultó la versión original Lobezno: origen, resultaba difícil repetir la fórmula pero el resultado, sin ser deslumbrante, sí resulta al menos continuista con lo que ya hicieron Paul Jenkins y Andy Kubert. Kieron Gillen trata de ofrecernos una evolución razonable de Logan. Integrarlo de algún modo en la continuidad Marvel tras un origen que no ofrecía la presencia de ningún otro personaje relevante de la editorial. Aunque sí jugó mucho con la imaginería del lector, que no sabía quién era quién. Ahora Gillen nos presenta sus primeros encuentros con nada más y nada menos que dos pesos pesados y además nos da pistas de la relación que posteriormente compartirían en los Merodeadores de Mister Siniestro.

Por la parte gráfica tenemos a Adam Kubert. Todo va en función de gustos y Adam no es Andy, pero hace un trabajo fantástico. Sus rasgos son más endurecidos, presentan a un Logan deshumanizado, realista dentro de su papel de hombre-bestia, desatado, sin filtros. Un buen destello de brillantez pero que no termina de lucir tanto como aquellos lápices de su hermano coloreados directamente por Richard Isanove. Por lo tanto estamos ante una obra continuista, poco reveladora más allá de la presencia de algunos rostros conocidos y que no sabemos si Marvel tendrá intención de continuar algún día.

Y hay mucho que contar. Entre esos relatos estarían los que colocaron a Lobezno como contendiente de los dos más grandes conflictos mundiales que ha sufrido la humanidad. Ambos en el siglo pasado y sumando entre ambos (ateniéndonos a las cifras más conservadoras) más de cien millones de muertos entre combatientes y civiles. Hay material y años de sobra hasta que James y Heather McDonald Hudson lo encuentren refugiado de nuevo en un bosque, en época de nieves, viviendo de lo que caza, en soledad.

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