Cómics / Reseña MARVEL Daredevil nº 25. No esperes mucho o tomarás la sopa fría
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Reseña MARVEL Daredevil nº 25. No esperes mucho o tomarás la sopa fría

Un asesino anda suelto, uno que goza de buena puntería y mucha mala baba. Bullseye escapó del control de Wilson Fisk y ahora está matando a todo el que se pone en su punto de mira. Daredevil, o sea Elektra, tiene una tarea que emprender en esta entrega que nos llega de la mano de Panini Comics.

La cadencia de una sinfonía compleja

Vemos el edificio, sabemos que tenemos que entrar sin ser vistos, eludiendo los puntos calientes de transito de los guardias, evitar las cámaras de vigilancia. Tenemos la ruta a seguir, lugares de entrada y extracción, apenas una hora para hacer el trabajo. Todo tiene que llevar un ritmo para que no seamos descubiertos, igual que hace Chip Zdarsky con su etapa en Daredevil, llevarnos de la mano mientras desgrana cada situación, marca la perfecta sucesión de momentos, permanece fiel a contarnos poco a poco lo que sucede en torno a cada uno de los protagonistas designados, sin dejar a nadie atrás, muy planificado.

Esa estrategia nos conduce siempre hacia adelante, a pesar de tener que centrarse brevemente en Matthew Murdock, en Elektra Natchios en Fisk y Maria Tifoidea (que van de la mano), en Butch y Mike… la trama fluye y avanza. En cada número tenemos diferentes líneas argumentales fluyendo al unísono, siendo todas igual de importantes, incluso sensibilizándonos con personajes que habitualmente cuentan con nuestro rechazo por su condición de villanos o simples adláteres de plano desarrollo y poca importancia. Aquí estamos frente a personas de una creación de ficción pero con las que el lector plenamente empatiza gracias a la labor de un guionista con mayúsculas.

En el punto de mira

La historia que Bullseye tiene con Elektra es por todos conocida y no vamos a traerla a colación más de lo necesario. Ahora tiene lugar un nuevo enfrentamiento entre ellos que se presume complicado pero, a pesar del pasado, la nueva Daredevil no es de las que se arruga ante el peligro ni la presión. Como tampoco lo hace Matt tras las paredes de una prisión que cada vez se vuelve más peligrosa, con todo jugando en su contra mientras descubre que algo se cuece en las estancias inferiores de una cárcel que oculta sus secretos.

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Como es habitual en estas páginas, no hay situaciones de solución sencilla, todas pasan por un proceso de dolor y maduración. Aquí no se visitan mundos poblados de unicornios multicolor, se pisa esa calle donde la basura se acumula en los contenedores ante una huelga del servicio público de recogida de residuos, un asfalto mojado por la rotura de una conducción de agua, unos callejones por los que hasta los gatos caminan de puntillas, el mundo real que nos rodea, repleto de corrupción, de una justicia que no satisface al que madruga cada día para ir a un trabajo que no le gusta pero pone un plato de comida en la mesa junto a la que se reúne con la familia.

Control ante tanto descontrol

Zdarsky mantiene la hoja de ruta de Daredevil con mano firme, bajo la aparente sensación de caos en determinadas circunstancias pesa más la forma de llevar a cabo el programa previsto. El dibujo de Mike Hawthorne termina encajando en esa sucesión, brillando más cuando tiene que representar escenas de acción que en entornos más estáticos, donde pierde cuando tiene que enfrentarse a momentos de tensión contenido o simplemente ante la relajación necesaria que requiere el descenso de esa adrenalina que parece no abandonar a los superhéroes.

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Otra entrega de nivel que nos demuestra como esta historia-rio fluye, que resulta interesante conocer todo lo que pasa a cada instante, no perder de vista a ninguno de los implicados (y son bastantes) así como dejarse llevar por las coreografías de combate tanto como por los momentos más íntimos, aquellos que permiten a nuestros corazones encogerse al ver como se entrecruzan unas manos o mientras sentimos que las palabras consiguen acariciar el alma.