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Reseña MARVEL Daredevil nº 1. Comienza el camino del Puño

Reinicio de la colección mensual de Daredevil con el mismo equipo creativo que tenía hasta ahora. Panini Comics nos lleva por los tejados de Nueva York para que Matt Murdock pueda despedirse de la ciudad por un tiempo.

Empieza la segunda parte del plan

Daredevil y Elektra han conseguido salir airosos del Reinado del Diablo dejando casi cerradas las líneas argumentales que existían, salvo una que quedó en suspenso hace tiempo, aquel trato al que ambos llegaron, primero Elektra ayudaba a Matthew con sus problemas y ejercía de justiciera, portando la doble D en el pecho de su uniforme, para que una vez se calmasen las aguas fuese Daredevil quien se pusiese de su parte en una misión de soberana importancia para ambos, por lo que les ha tocado pasar anteriormente con esa organización, acabar con La Mano.

Así que mientras la señorita Natchios ya ha dejado atrás la ciudad para establecer una nueva base de operaciones, Matt todavía puede vivir una noche junto a Spiderman, al que deja al cargo de proteger a los inocentes durante su ausencia, siendo consciente de que le pide multiplicar sus esfuerzos. Por ello, darle un toque de atención al nuevo heredero del legado de Kingpin, Butch Pharris, hijo bastardo de Wilson Fisk, es un buen paso para calmar un poco las aguas y al mismo tiempo devolver una parte de la confianza que se había perdido entre el Cuernecitos y el Trepamuros a lo largo de todos los episodios que hemos vivido con Chip Zdarsky al frente de la cabecera.

Amamos las sorpresas

Y Zdarsky no deja de proporcionarlas. Qué mejor que usar parte del lore del personaje protagonista para crear algo nuevo y muy vinculado a las creencias religiosas de Matthew Murdock. Arrastrar algo del pasado que queda como brutal cliffhanger de la primera entrega, que da una vuelta de tuerca al concepto de Hombre sin Miedo, que lleva representando Daredevil desde su primera publicación en 1964. ¿Qué puede llegar a temer el Diablo Guardián de La Cocina del Infierno?.

Chip no ceja en mantener el interés sobre esta cabecera, que se ha convertido en imprescindible dentro de Marvel. Si su labor durante casi tres años ha sido para quitarse el sombrero, ahora da un volantazo para seguir dejándonos boquiabiertos con su forma de narrar, acudiendo a momentos futuros en los que un Matt bastante desmejorado desgrana un lenguaje críptico, misterioso. La batalla contra La Mano apenas ha comenzado a cobrar importancia en estas páginas y recordemos que el actual líder de la facción de ninjas asesinos es ni más ni menos que Frank Castle, El Castigador.

La otra mitad

Durante tantos y tantos episodios que hemos visto evolucionar a Elektra hasta aceptar parte de los preceptos de Daredevil, la han llevado a ser considerada coprotagonista de pleno derecho de este título. Es el momento de devolverle parte de su esfuerzo cumpliendo sus deseos y eso nos sirve en este primer capítulo de una nueva era para hablar de los dos dibujantes que se reparten el trabajo. Las páginas finales, las que precisamente tienen a Elektra como protagonista, están dibujadas por el brasileño Rafael DeLatorre, que ya se hiciese cargo de los números de la colección que servían de tie-ins a Reinado del Diablo. Es el complemento perfecto a la gran estrella que ha sido también gran culpable de la etapa de Daredevil que estamos viviendo, el italiano que todos conocemos.

Marco Checchetto, veneciano para más señas y quinto del que suscribe estas líneas. Su trazo sigue jugando con el claroscuro de los sucios callejones y los depósitos de agua de las azoteas, con las líneas duras de rostros de hombres curtidos en mil batallas. No aburre, no repite, resulta dinámico hasta en las situaciones pausadas, diversifica cada rostro hasta hacerlo reconocible sin acudir al texto, deja su seña única en el dramatismo de la decepción y no para de crecer viñeta tras viñeta. Esperemos que su lentitud no le haga caerse muy a menudo de la alineación aunque Zdarsky sepa compensar en función de quién se haga con los lápices. En conclusión, aquí seguimos, enganchados con este nuevo número uno, dispuestos a ser fieles cada mes mientras Zdarsky mantenga semejante nivel de interés.

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