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Reseña MARVEL Black Panther Tomo 4: Wakanda desatada. Termina un ciclo

Reseña Black Panther Tomo 4: Wakanda desatada

Llegamos a la conclusión de la etapa de Ta-Nehisi Coates al frente del título protagonizado por T’Challa / Black Panther.

Panini Comics completa los veinticinco números de la colección de Black Panther que nos ha llevado a viajar por el espacio profundo y por el plano de la memoria wakandesa, el Djalia.

Unidos debemos vencer

Todas las culturas basadas en algún tipo de religión o creencia en dioses variopintos o de estructura monoteísta nos hablan de la vida después de la muerte, de las regiones que habremos de habitar una vez abandonemos nuestra carcasa humana en función de los actos que hayamos realizado en vida, los clásicos cielo e infierno de los católicos, para entendernos todos. En el caso de Wakanda eso se traduce en el Djalia, el plano de la memoria wakandesa. Allí nos encontramos con los antepasados de T’Challa y muchos otros guerreros valerosos que defendieron y siguen defendiendo el lema de “Wakanda por siempre”.

Su ayuda es estimable pero el presente superheróico de Marvel también cuenta con una alineación de categoría para apoyar a Black Panther desde el plano más físico. Toda una alineación de héroes, e incluso algún villano, cuyo color de piel es negra. Desde Ororo Monroe (Tormenta) a Luke Cage, pasando por Jim Rodhes (Máquina de Guerra), Miles Morales (Spiderman), Sam Wilson (El Halcón), Mónica Rambeau (Spectrum),Tigre Blanco, Doctor Vudú, Riri Wiliams (Ironheart), Capa, Rabia, Eli Bradley (Patriota), Misty Knight, Night Thraser… y Bola de Trueno, el miembro de la Brigada de Demolición que habitualmente acompaña al Demoledor.

El protagonismo de aquellos que vimos en la gran pantalla de la mano de Marvel Studios

En estos veinticinco números que ha abarcado la etapa de Ta-Nehisi Coates, el protagonismo ha recaído sobre personajes que el Universo Cinemático de Marvel volvió familiares para el gran público en la película Black Panther (2018). N’Jadaka (Killmonger), Nakia o M’Baku tienen mucho que decir en estos capítulos finales, contarnos una historia que va más allá de las ansias de conquista, de la amistad y deber hacia su rey, del sacrificio hacia una nación que no es solamente las regiones que son suyas por derecho sino la idea que Wakanda representa.

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Y en medio de todo ello tenemos a un pequeño personaje cuya presencia desconcierta en todo momento, resulta incluso aterradora al comprobar que ella es la que en gran parte dilucida el resultado, que en sus poderosas manos la mayor de las pruebas está por llegar. Hablamos de una diosa a la que Wakanda rinde culto, Bast. Ta-Nehisi Coates la utiliza como elemento desequilibrante, haciendo que nos resulte difícil conocer cuáles son sus verdaderas intenciones hasta llegar al desenlace final.

Cerrando el círculo

Ta-Nehisi Coates podría haber aprovechado mejor todo lo relativo al Imperio Intergaláctico de Wakanda, aunque sí hay que romper una lanza a su favor en cuanto ha narrado una historia en la que T’Challa ha tenido que recorrer un camino en el que, desde que abandonó la esclavitud, se ha visto rodeado de compañeros que siempre han estado junto a él para asegurar un resultado óptimo para el reconocido rey. El peso que Pantera Negra porta sobre sus hombros no tiene por qué ser tan pesado cuando se puede compartir con amigos que creen en su virtud y en una Wakanda que representa los sueños de mucha gente.

Por la parte gráfica tenemos a un esplendido Daniel Acuña (sustituido en algunos números por Ryan Bodenheim y apoyado en el último por Brian Steelfreeze) que con su definición turbia nos regala una de las batallas más espectaculares vistas en el comic, con un reparto afroamericano completo que luce como nunca antes hemos visto. Engrandece la figura de Black Panther, lo ha hecho a lo largo de toda una etapa que Panini nos ha traído en cuatro tomos a los que merece la pena dar una oportunidad, un buen viaje que nos deja con un buen sabor de boca al final.

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