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Reseña de Doctor Extraño: El juramento: No hay nada más mágico que la vida

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Brian K. Vaughan, junto al dibujante español Marcos Martín, rompe el clasicismo de Doctor Extraño sin faltar al respeto a la esencia del personaje y logra darle magia a la historia menos mágica de Stephen Strange con un leitmotiv claro y conciso: la vida por encima de cualquier cosa.

Se ha convertido ya en un clásico que, cuando se aproxima la fecha de una nueva película de superhéroes, los seguidores menos acostumbrados a las viñetas pero amantes de la curiosidad se acercan a la industria del cómic para buscar una referencia que le pueda facilitar un visionado más completo. Y así disfrutar más o menos de la película, pero teniendo algo que sirva como ejemplo para posibles comparaciones o influencias. Es lo bueno que tiene el cine de superhéroes para las editoriales, cosa que también se extrapola al apartado editorial en España y que nos permite acceder a un contenido anterior, a historias del pasado que se creían olvidadas pero que vuelven al presente.

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El último caso lo ha protagonizado Panini Cómics, gracias en parte a una anécdota del final del rodaje de Doctor Extraño (Scott Derrickson, 2016). Y es que Benedict Cumberbatch, tras terminar su trabajo en lo próximo de Marvel Studios, se dirigió caracterizado como el Hechicero Supremo a la tienda de cómics más cercana para hacerse con una historia de su querido personaje. Y vaya, acabó llevándose el arco argumental que hoy nos ocupa: Doctor Extraño: El juramento, recién reeditado por Panini para la ocasión.

“Doctor Extraño: El juramento” es uno de esos cómics que se disfrutan sin querer, sin proponérselo. Esas historias en las que encuentras caminos que no estaban en la página anterior.

En plena efervescencia creativa, Brian K. Vaughan (Runaways, Y, el último hombre, Ex Machina, Saga) se lanzó a recoger un personaje que llevaba bastante tiempo en el cajón de los olvidos de Marvel Studios. El guionista se alió con un hijo de vecino, como quien dice, con el dibujante español Marcos Martín. Curiosamente, ambos artistas vivían casi puerta con puerta en el Greenwich Village de Nueva York que, más curiosamente, es el mismo barrio donde vive el protagonista de la trama: Stephen Strange. Con la habilidad que es propia de él, Vaughan rescató al personaje sin olvidar todo lo construido en el pasado. Para ello se apoyó en las primeras viñetas de cada episodio que compone Doctor Extraño: El juramento, permitiendo así a los menos conocedores del personaje conocer el pasado fugazmente y dotándole de esa magia (nunca mejor dicho) que atrapa a los lectores más acérrimos del Doctor, quienes también eran recompensados a partes iguales por el guionista con guiños como el de Timely Pharmaceuticals.

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No obstante, Vaughan, sin perder de vista ese eje de rotación característico del personaje, no quiso adentrarse en la magia y el misticismo de las historias clásicas de Doctor Extraño y puso al Hechicero Supremo del Universo Marvel a batirse en un duelo contrarreloj en el plano más plano de los planes astrales: el nuestro. Y es que Vaughan acierta de pleno dándole un protagonismo abrumador a Wong, el mayordomo de Stephen Strange, a quien lo pone en el epicentro de la trama sobre el que debe rotar el mago marvelita. Poniendo esa órbita alrededor del Doctor, Vaughan incluye a ese típico personaje que abunda en su imaginario: una mujer. Saliéndose del estereotipo canónico de sus viñetas, la Enfermera de Noche (Linda Carter) entra en esa carrera para dotar de mayor humanidad (si cabe) a Stephen y hacernos uno de los spoiler del siglo (que dejaré para el lector) con ese juego textual-sexual que hay entre ambos personajes.

Brian K. Vaughan, a través de los lápices de Marcos Martín, nos sumerge en la única realidad que merece la pena (la nuestra) y en una carrera para conservar la magia más importante que existe en el universo: la vida.

Imaginad que existe un artefacto, un líquido (para ser más preciso) que, a priori, permite curar el cáncer. Ahora imaginad que, en realidad, ese artefacto, ese líquido no solo cura esa enfermedad sino todas las enfermedades que existen. ¿Qué supondría eso para el mundo? Empresas farmacéuticas en quiebra, empleos que se pondrían en tela de juicio, superpoblación mundial y todo lo que conlleva (hablamos de recursos)… ¿Os hacéis ya una idea?

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En esa especie de doble moral y doble respuesta para una sola decisión es en la que sumerge Brian K. Vaughan al protagonista. ¿Qué debe hacer? ¿Salvar a uno o salvar a todos? ¿Qué es salvar a todos, exactamente? ¿A qué juramento debe hacer caso? ¿Qué decisión le permitirá mirarse cada mañana en el espejo y, sobre todo, reconocerse? Lo más curioso (e inteligente) en la forma de exponer los acontecimientos es que Vaughan consigue que también nosotros debamos tomar una decisión. ¿En qué nos convierte eso? No digo que el guionista destroce la cuarta pared como sí lo hacen personajes como Deadpool o Harley Quinn, sino de transformarnos de simples lectores a casi protagonistas.

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En definitiva, Doctor Extraño: El juramento es un experimento magnífico de lo que se puede o no se puede conseguir con un personaje si se respeta la esencia del mismo. Vaughan y Martín no incluyeron a Stephen Strange en la clásica historia de siempre, sino que fueron más allá. Más humano o menos humano, lo que importa cuando lees un cómic de Doctor Extraño es que tenga magia. A raudales. Y este, para bien o para mal, derrocha magia en cada viñeta.

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