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Reseña de “Harry Potter y el legado maldito” (SIN SPOILERS)

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“Harry Potter y el legado maldito” acaba siendo la maldición del legado de J.K. Rowling por culpa de una trama sin profundidad y la repetición de la fórmula que le dio el éxito en el pasado, en busca de un crowd pleaser asfixiante que, si bien en el teatro fue un bálsamo para el fan, en el libro termina por perder la poca magia que tiene.

“Esperaba, no sin cierto orgullo, ocupar un puesto de honor entre los malditos”. John Katzenbach, en Un final perfecto (2012), escribió una frase que resume a la perfección lo que tanto el presente intento de crítico literario como una gran mayoría de seguidores de Harry Potter esperábamos con Harry Potter y el legado maldito. Y eso que todos nosotros, ávidos de leer la octava parte de una saga con la que habíamos crecido y soñado juntos, éramos conscientes de las potenciales carencias que la traslación de un guion de teatro a obra literaria podía tener. Sabíamos que íbamos a perder parte de la magia que tenían aquellos libros en un mundo mágico y sin igual. Un mundo perfecto, para muchos de nosotros.

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Antes de devanarme los sesos en un intento de analizar (sin spoilers, aunque hablando de la trama por encima) lo que supone Harry Potter y el legado maldito para la franquicia de J.K. Rowling, he de argumentar que es muy complicado conseguir que una obra de teatro, pensada como tal, pueda ser un buen libro. Especialmente en el mundo en el que vivimos actualmente. Los dramaturgos ya no imaginan la interpretación de sus textos única y exclusivamente textual. No es una exposición de palabras que forman un conjunto y que, por tanto, pueden ser leídas y aprehendidas. El teatro, ahora, conjuga multitud de elementos con los que los directores, guionistas e intérpretes interaccionan para dar forma a la historia. Ora el público, ora el escenario, ora efectos especiales. No hablamos de Sófocles ni de Esquilo; no hablamos de Lope de Vega o Calderón de la Barca. No hablamos de William Shakespeare. No quiero justificar con esto los defectos que Harry Potter y el legado maldito pueda tener en cuanto a la trama (que los tiene), sino excusar el hecho de que Rowling ha aprovechado que la magia nunca se fue del fenómeno fan para acabar tropezando con su propia creación. Algo que le suele pasar a la mayor parte de superventas literarios, por otro lado.

“Harry Potter y el legado maldito”: No busques la maldición, la tienes en las manos.

La verdadera maldición de Harry Potter y el legado maldito es su propia existencia, como ya he explicado. Adoleciendo de esas carencias artísticas y alejado de las butacas y las salas especializadas, este libro tiene una inconsistencia abrumadora. Absolutamente todo, de principio a fin, es un crowd pleaser permanente; me explico: la trama y la interacción de los personajes una incesante repetición de lo mismo, con el único propósito de agradecer al fandom que buscaba una determinada trama y una determinada interacción de los personajes.

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Para abreviar esta primera aproximación a lo que es Harry Potter y el legado maldito, el resumen podría ser: el hijo pequeño de Harry Potter, Albus Severus Potter, y el de Draco Malfoy, Scorpius Malfoy (ojo a ese fascinante giro en el nombre animal), se hacen amigos; Albus y Scorpius no se llevan bien con sus progenitores masculinos y deciden vivir su particular El guardián entre el centeno mezclado con El Efecto Mariposa mediante un giratiempo (aparato que sirve para viajar en el tiempo); por el camino te van dejando caer que Voldemort ha tenido un descendiente, así que la historia intenta que adivines quién de los dos, Albus o Scorpius, es el vástago del Señor Tenebroso; aventuras por el pasado y por los mismos sitios que en la saga de Harry Potter original y… ¡Fin de la maldición!

“Harry Potter y el legado maldito”: El mundo ideado por J.K. Rowling tiene unas fronteras profundamente delimitadas.

Es una de las cosas que siempre me han llamado la atención, especialmente cuando crecí y fui consciente de todos los elementos empresariales que influyen en este tipo de entregas. ¿Por qué J.K. Rowling nunca ha explotado verdaderamente el mundo que imaginó? Lo tenía todo: una base, un mito, un universo por explorar. Unos cimientos muy fuertes, elevados por una de las mayores masas de seguidores que se recuerdan. Imposibles de destruir. Star Wars, hasta la llegada de Disney (e incluso con La Casa de los Sueños a los mandos), dio rienda suelta a lo que denominó su Universo Expandido: libros, cómics, videojuegos… Rowling se quedó en la orilla. Un par de libros por aquí, un par de bocetos por allá. Pero nunca algo serio. Hasta la fecha. Hasta que se adentraron en el mundo del teatro. Hasta Harry Potter y el legado maldito.

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Debe ser que sin el concepto Harry Potter, el universo de Rowling se tambalea; con él se sostiene, aunque sea a base de repetir la fórmula del éxito. Entiendo que, para un seguidor acérrimo de la saga, vivir en este Hogwarts punxsutawneyzado pueda valer, pero Harry Potter y el legado maldito es una oportunidad perdida. La ocasión idónea para alejarse de ese mundo que todos conocemos y adentrarnos en uno nuevo. Con personajes conocidos, sí, pero con muchos nuevos a los que habría que haber dotado de mayor personalidad. Todas las novedades que aparenta presentar Harry Potter y el legado maldito son rasgos mal definidos, sin profundidad. Como rascar con una goma sobre adamantium: quizá, dentro de un tiempo, la marca se vea, pero ahora mismo es imposible de apreciarse. Durante toda la obra nadamos a la orilla del lago, asfixiados por la sensación de no comprender con exactitud qué está pasando. Ni toda la magia del mundo es capaz de salvarnos del abismo literario al que nos somete Harry Potter y el legado maldito. De la terrible verdad absoluta: el legado no está maldito, la maldición es haber alargado el legado. Incluso llamándose Harry Potter, ¿o no?