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‘Quantum and Woody’ : Servicios de seguridad’, no le des a dos idiotas el trabajo de un imbécil

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La serie de superhéroes que desmonta a los superhéroes llega a su segundo volumen, y hay que celebrarlo, porque es aún mejor que el primero. ‘Quantum and Woody’: Servicios de seguridad’, es más divertido, más caustico, más salvaje, y sobre todo, ¡con más locuras aún!

James Asmus ha construido el vehículo perfecto para criticar los superhéroes, la ciencia, la política, los contratos de seguridad “negros” de los USA, la fraternidad, el racismo, las milicias, a los texanos, a los baptistas, las reglas sobre mascotas exóticas en los alquileres, y el sexo promiscuo y descarado. ¡Y todo esto es capaz de meterlo en sólo cuatro números!

Quantum and WoodyCuando dejábamos al peor supergrupo del mundo acababa de vencer a un grupo de supergenios científico que querían dominar el mundo, o al menos no dejar que el mundo descubriera que secretamente ya dominaban mucho y querían el resto. Pero eso fue ayer, y al despertarse Eric tiene metido en su casa a su hermano el problemático, una clon ilegal de 19 años y compañera sexual del degenerado que comparte su apellido, y una cabra con superpoderes.

Y como todo héroe con identidad secreta, Eric tiene que luchar por vivir una vida completa, y obligar a su hermano Woody a que haga lo mismo. O no. Porque cuando tu jefe decide que te necesita con el pijama luchando por el Tío Sam no puedes decirle que no, aunque sea una misión suicida. Una milicia de derechas amenaza la libertad y el estado americano, y sólo Quantum puede infiltrarse y obligarles a cejar en sus intenciones, para interés de su jefe, dueño de una compañía de seguridad que quiere vender armas al gobierno, o a quien sea. Algo huele mal en Dinamarca, bueno, en Montana, y Woody tiene que salvar el trasero de su hermano. Y por el camino descubre uno de los más horribles secretos de su hermano, es republicano.

Siguiendo la estela de destrucción y carcajadas que el primer arco argumental planteaba, este segundo mejora el anterior por el volumen de las criticas y parodias a los estereotipos ya no superheroicos, sino sobre temas tan serios y aterradores para los estadounidenses como las milicias, las empresas de seguridad, y que alguien les quiera quitar el derecho a llevar armas, o que los controle por comprarlas, o que compre más armas para defenderse de los que los vigilan por tener armas. Asmus no se contiene lo más mínimo y mete el dedo en la llaga de muchos temas, y en el ojo de muchas personas, por mi parte, estoy seguro que no todos han reído con la historia, más de uno habrá cargado su fusil. Ni siquiera sus compañeros en Valiant se salvan de la quema, ya que la gran guerra civil de la secta que leíamos en ‘Archer y Armstrong‘, también es tomada a broma en las páginas de esta serie.

Pero no todo son risas. La responsabilidad, las creencias, y como enfrentarse a ellas, como reparar errores, o como los errores te persiguen hasta morderte las nalgas, son los grandes objetivos de los personajes, y llegan a ellos, a veces mal, a veces incorrectamente, pero lo hacen. Crecen, maduran, no son sólo payasos y bufones, no son simples caricaturas de superhéroes, son críticas andantes de lo que supone que un tipo con superpoderes esté suelto por el mundo. Y en eso hay que darle a James Asmus una gran felicitación, porque a pesar de su humor, su sarcasmo y su ironía, sabe construir personajes, los ha podido crear idiotas, pero tienen mucho más que esa idiotez.

Ming Doyle no es fruto fácil de tragar, no es una artista de mi agrado. En otras obras me ha resultado más agradable, pero aquí ha extremado su parte más sucia y más libre, y el resultado no es fácilmente aceptable en un campo como el de los superhéroes, aunque sean una parodia. Es clara y capaz de narrar lo que se le pide, hay expresividad en sus personajes, pero el feísmo y la “suciedad” del trazo hacen que sea bastante difícil considerar el dibujo adecuado para la historia.

Pero a pesar de todas las risas que este comic ofrece, siempre es interesante leer la sátira como lo que es, una explicación ligera, sencilla, y cínica de las cosas que ocurren en el patio de casa, en el patio de un estadounidense en este caso.

Aleta trae el segundo tomo de esta serie, y estamos esperando como locos que llegue el tercero, porque hay pocas cosas más divertidas en el mercado, menos acidas, y sobre todo, escritas con tanta inteligencia. Y además, ¡tienen una cabra con superpoderes!, ¡Qué más se puede pedir!

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