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‘Niños salvajes’, de Ales Kot y Riley Rossmo (ECC, 2015)

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portada_ninos_salvajesEmpuñando armas, videocámaras y LSD, un grupo de estudiantes del Instituto Überland toman como rehenes a sus profesores en ‘Niños salvajes’, iniciando un proceso de reeducación que va más allá de cualquier plan de estudios conocido. Pero las apariencias engañan, y lo que en primera instancia parecía un secuestro al uso, pronto se convierte en una lucha por el futuro de la realidad.

‘Niños salvajes’ fue la carta de presentación de Ales Kot (Escuadrón Suicida, Zero) en el mercado americano, título que le valió el calificativo de “joven promesa”, mérito que lleva demostrando obra tras obra.

Es muy complicado hablar sobre este título sin mencionar a autores como Grant Morrison o Alan Moore, guionistas que han influenciado sin lugar a dudas a Kot para parir esta obra tan enigmática como llamativa.

Hay que empezar advirtiendo que es un cómic de algo más de 60 páginas, conteniendo a su vez un grupo de ideas y mensajes que a más de un guionista ya le gustaría haber desarrollado de manera tan certera en alguna de sus obras “mundialmente reconocidas”.

En estas páginas el imaginario desplegado por Kot y el dibujante Riley Rossmo parten de conceptos metafísicos, los cuales andan muy relacionados con la atmósfera onírica que rodea a estos personajes que intentan hacernos llegar su MENSAJE a toda costa sin provocar pérdidas humanas o materiales.

Es aquí donde el mensaje de aparente rebeldía juvenil e individualismo cobra una importancia capital al ir avanzando en la lectura de este tomo hasta su increíble resolución final que dejará a más de uno con la boca abierta.

Niños-Salvajes-psicodelia

Viendo el resultado final no podemos imaginar el acabado formal de este Niños salvajes sin el dibujo de Riley Rossmo: un artista que se ha ido granjeando una pequeña reputación en el mundo del cómic independiente con un estilo ciertamente alejado de lo habitual y que dota de una enorme personalidad a esta trama psicotrópica donde nada es lo que parece.

Sin lugar a dudas, una ópera prima extremadamente experimental y conceptual que finaliza en uno de esos spoilers de infarto y que para servidor ya figura entre las lecturas más significativas de este 2015.


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Fue abandonado recién nacido en una sala de cine decrépita donde se proyectaban ciclos de cine de terror y fantástico las 24 horas del día.

Entre esas cuatro paredes devoró película tras película, alimentándose de ellas, y aprendió a no ingerir alimento alguno para su supervivencia, lo que lo convirtió en una nueva raza que tiene desconcertados a toda la comunidad científica hasta hoy día.

Cuando fue devuelto a la sociedad de nuevo, empezó a devorar ingentes cantidades de cómics y libros haciendo de ellos parte de su dieta diaria de conocimiento.

Se desconoce su paradero actual, sólo se sabe que sigue mandando sus reseñas y artículos desde alguna dimensión desconocida….