fbpx Myrddin. El hombre del espacio que vino a crear un reino de cristal
Cómics

Myrddin. El hombre del espacio que vino a crear un reino de cristal

Myrddin dest

Con aspecto de Ziggy Stardust, el mago crío dos niños, creó Camelot, y descubrió lo mejor y lo peor de la humanidad. Fantasía artúrica a ritmo de rock y psicodelia en Myrddin.

¿Hasta dónde puedes llegar en una reimaginación? Todo lo lejos que quieras. Y  Jorge García y Gustavo Rico se han pasado el límite de horizontes y han seguido corriendo. Myrddin es una epopeya cósmica fantástica imaginada por un Andy Warhol, escrita por William Burroughs, y cantada por David Bowie. Es Camelot, son Arturo y Morgana, pero no lo son, son una nueva mesa redonda, colorida y luminosa a ritmo de sintetizadores.

Los dientes de la eternidad dejaron claro que estábamos ante una pareja que saben trabajar bien juntos, dos creadores bien allegados que manejan sus herramientas con maestría. Myrddin es una constatación de esto, y una maravillosa obra que aúna elementos tan lejanos como los alienígenas, los mitos artúricos, la música rock psicodélica, y lo hace para mostrar lo más poderoso y lo más despreciable de la humanidad, el amor, el odio, la violencia, el horror, la virtud, la pasión, el olvido, la paternidad y sobre todo, la indomabilidad del ser humano, destinado a lo mejor y a lo peor en una vida de corta duración.

Todo comienza con un error, que lleva a una nave de exploración a tomar tierra en una primitiva región del mundo, las islas británicas. Para adaptarse y poder continuar, el piloto decide explorar el mundo. Pero entre el desconocimiento y la superstición religiosa de los primitivos habitantes, acaba convirtiéndose en algo muy diferente, en Myrddin, el Merlín de la leyenda. Un mago, un hechicero, un mesías para los hombres y un padre para dos hermanos que representan lo peor del carácter humano, y a la vez son para el mundo la expresión de la realeza y el conocimiento.

Los falsos mitos, las conjuras de palacio, la guerra, reinar, todo son aspiraciones para esos dos jóvenes. Arturo y Morgana, destinados a cambiar al mundo, embocados para ser líderes poderosos por Myrddin, descargan sus bajas pasiones y sus ambiciones, ya sean complejas como el poder, o tan simples como la violencia, y llevan a Camelot a lo más alto, a ser ejemplo para el mundo, y vergüenza para sus habitantes.

Esta iteración de los mitos de Arturo Pendragon, aleja el foco del Rey, y se enfoca en Morgana, en el poder tras la corona. Mientras cuenta una historia que todos conocemos, pero que no reconocemos, García teje un relato muy humano, donde el menos humano de todos, Myrddin, tiene que reparar todo lo que él mismo engendró, porque su mayor error, fue tratar de poner riendas a la pasión humana, y después dejar al caballo suelto en el prado.

Pero si la historia es imaginativa y sorprendente, el dibujo, eleva todo a un nivel increíble. Gustavo Rico acepta la idea de que Myrddin es el hombre que cayó a la Tierra de Bowie, y lo plasma en un ser extraño, de piel azul y expresión entre la curiosidad y la sorpresa constante. Con unos planteamientos de página que responden más a un ritmo musical a literario, Rico se crece convirtiéndose en una tonada a veces pausada, y otras veces histérica y acelerada. Es como una canción de la época más psicodélica, recordando al Passenger de The Stooges y, el más claro, Ziggy Stardust de Bowie, y finalizando en un increíble clímax al ritmo de Focus y su Hocus Pocus. Rico usa el color con tanto poder que duele, que produce efectos viscerales, sabe cuándo potenciarlos o apagarlos, y sobre todo, cómo deben plantearse en la página. EL lector no podrá dejar de posar su vista en cada viñeta, porque todas tienen algo que atrae la vista.

Es un cómic poderoso, trágico, dramático y lleno de mensajes eternos y humanos. Pero no es un cómic fácil. Con una estética tan experimental, y una narrativa tan propia seguramente muchos no se verán atraídos por Myrddin. Pero si ese inicio que puede resultarles extraño, y restar interés, se borra según avanzan las páginas y aceptas que el mundo de Arturo Pendragón es colorido hasta que duelen los ojos, y suena a sintetizadores y guitarras cargadas de LSD y marihuana.

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