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MPH. Correr hacia adelante para huir de un pasado de mierda

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Cuando puedes moverte a supervelocidad todo es diferente, nada es tan importante como disfrutar de cada instante, de cada momento, que se alarga en el tiempo para ti.

Mark Millar nos regala ‘MPH’ una historia en la que la responsabilidad, la amistad y los superpoderes se mezclan en un relato que vive por y para el espectáculo.

MPH Mark MillarUn joven delincuente y su amigo, su novia y su hermano pequeño, y un montón de pastillas que los hacen hiperveloces. Cuando a Roscoe  se le presenta la oportunidad de mejorar lo hace pensando en el futuro, buscando una vida nueva, pero lo hace por los medios equivocados. La cárcel, errores, y el engaño lo convierten en uno más de los muchos perdedores que hay en el mundo. Hasta que descubre una droga que lo dota de supervelocidad. Y lo primero que hace es coger a sus seres queridos y compartirla, junto con un plan, algo que hará que jamás vuelvan a preocuparse de nada. Otra vez toma el camino equivocado, y esta vez lo hace a toda mecha.

El guionista escoces utiliza los superpoderes para contar una historia modesta sobre personas, sobre la responsabilidad, busca pequeños detalles en cada uno de ellos para mostrar a la especie humana desde lo mejor a lo peor, porque, ¿qué harías tú con esos superpoderes? En este caso el egoísmo deja paso en unos casos al altruismo, a veces egoísta, otras veces puro. Pero el egoísmo también deriva en maldad, o como mínimo avaricia y envidia. Mark Millar recoge en pequeños detalles esa forma tan humana de ser. No se olvida de una pequeña crítica social hacia bancos, grandes empresas y los más adinerados y poderosos, humillándolos ficticiamente y convirtiéndolos en víctimas, justificado porque ellos son los primeros agresores.

Millar imprime velocidad a la historia, se olvida de detalles, el desconocimiento de cómo llega semejante droga al mercado o el porqué del cambio de aspecto de Roscoe, casi parece de otra raza,  pero son en pro del ritmo, que necesita de poca explicación y más sentimiento. Lo que sí que no se puede evitar es sentir que la clave que cierra la historia ya la has visto. Pecado menor en una obra que recupera al Millar más puro, con detalles importantes que superan la historia, y personajes que parten de estereotipos para hacerse más tridimensionales, aunque en algún caso pecan de excesos.

 mph Mark Millar

Los usos de la velocidad responden a los lápices de Duncan Fregredo, autor que en España no hemos disfrutado mucho, pero que se define por líneas sucias y mucha expresividad, lo que le viene como anillo al dedo a ‘MPH’. El uso de la supervelocidad es diferente, nada de grandes o numerosas líneas cinéticas, pasamos a la sencillez, tiempos congelados y acciones instantáneas, mucho más cercanas a lo que vería un espectador que a las típicas acciones que aparecen en los cómics de superhéroes. Quizás su escasa etapa en Flash, de la mano de Grant Morrison, se le hiciera poco a Millar, y aquí tiene en Fegredo el perfecto compinche para ponerlas en el papel.

Podemos disfrutar de una obra que no es homenaje o refrito de ideas como fueron Superior a Superman o Super Crooks a Ocean´s Eleven, el guionista vuelve a traer un poco de cabeza a sus historias, y consigue un buen coctel de acción e ideas. No será el mejor cómic del año, quizás se quede a la cola de la innovación, pero entretiene y se disfruta. Hasta que volvamos a tener su Jupiter´s Circle, estamos ante un buen cómic de superhéroes sin superhéroes, que junto a Crononautas devuelve un poco a ese autor gamberro pero que también sabe contar algo más.

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José Carlos Royo
Desde que tengo memoria he leído cómics. Mi madre me compró el primero antes de aprender a leer bien, alguien le contó a la pobre que ayudaba a los niños a acercarse a la lectura. Aún busca a la persona que se lo dijo para agradecérselo apropiadamente, con un garrote. Apasionado del mundo de la viñeta devoro todo cómic que se me pasa por delante. El americano es mi predilección pero el japonés y el europeo también llena mis estanterías. Si le añades los libros, las series de tv y las películas soy lo que hoy día llaman friki, y estoy orgulloso de serlo. Periodista con tendencias televisiva,s cuando me lo permiten hasta escribo. No me caso con nadie y ya sea aburrido, trepidante, intenso o un gasto de papel, un cómic hay que leerlo y comentarlo para que este de verdad vivo.