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Mortal Engines y El Hobbit se copian los errores

La nueva película de Peter Jackson, Mortal Engines, comete los mismos errores que el Hobbit pero sale peor parada

Mortal Engines podría suponer hasta 150 millones de pérdidas para Universal. La adaptación de la novela juvenil Mortal Engines de Philip Reeve ha fracasado en su primer fin de semana en taquilla. Detrás de este se encuentran diversos motivos, entre ellos, la enorme competencia del mes diciembre o el escaso éxito de marketing para ganar audiencia. Pero, sin duda alguna, lo más llamativo de todo son las similitudes de la película con El Hobbit.

Las comparaciones entre ambas producciones se han llevado a cabo incluso antes de que Peter Jackson estuviera involucrado. Ambas historias son fantasías épicas que se acercan a la realidad de formas únicas. La diferencia: una de ellas se ambienta en un pasado lejano y la otra en un mundo post-apocalíptico. Sin embargo, ambas siguen caminos similares y están abiertas a una adaptación cinematográfica.

A pesar de ello, ninguna de las dos han conseguido establecer una construcción de mundo como El Señor de los Anillos. Ambas han sido catalogadas como las sucesoras de la trilogía de Peter Jackson, pero una serie de decisiones creativas demuestran lo contrario. De hecho, lo llamativo es que, a pesar de sus similitudes, tan solo una de ellas sea considerada como fracaso.

Mortal Engines

Exigencias distintas

Aunque el hacer películas sea un negocio, existen algunos proyectos que no se realizan con un interés meramente financiero. El ejemplo perfecto es El Señor de los Anillos. La trilogía creada por Jackson tenía como motivo su pasión por el material, más allá de ganar millones de dólares. Además, en los años 90 el interés en Hollywood era escaso, lo que le permitió trabajar sin impedimento en el proyecto. El resultado: una trilogía sobre la obra de Tolkien entre los años 2001 y 2003.

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Pero la fuerza creativa de Jackson se apagó en El Hobbit y continúa en Mortal Engines. Del interés del creador pasaron a convertirse, por fechas, en meras obligaciones de la industria cinematográfica. El Hobbit tuvo muchos problemas durante su producción y forzó a Jackson a trabajar contrarreloj. Finalmente lo que serían dos películas se convirtieron en una trilogía, algo muy cuestionado por los seguidores de la saga.

Por su parte, Mortal Engines no tuvo la misma inversión que El Hobbit, pero sí dispuso de poco tiempo para llevarse a cabo. Jackson adquirió los derechos de la novela en 2008, con la intención de realizar el mismo la película. Sin embargo, el proyecto lo retuvo hasta 2014, por lo que Christian Rivers tomó la dirección de la película, que entró en producción. A pesar de estar en desarrollo por una década, la película se ha estrenado antes de que los derechos caducaran.

Y aunque Mortal Engines no vive una situación tan complicada como El Hobbit, la limitación de tiempo y los problemas de producción y financiación han estado presente en ambas. Todos estos elementos han marcado, sin duda, a ambas películas.

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Las carencias narrativas y el por qué del fracaso de Mortal Engines

Narrativamente, ambas películas carecen de protagonista claro. Este hecho confunde a la audiencia, ya que necesita un mayor conocimiento del universo para entender quién es claramente el protagonista. En estos casos, se parte de un protagonismo coral, un elemento complejo de trasladar al cine. En el hecho más concreto de Mortal Engines, Christian Rivers, su director, admitió en entrevistas que el rodaje se realizó sin un guion definido. Por lo tanto, la historia era guiada por escenarios y localizaciones montados hace años, no por los personajes o la historia.

Entonces, ¿cómo es posible que, a pesar de tanta similitud, sean tan diferentes en cuanto a éxito? La principal razón radica en que El Hobbit bebe del éxito de su antecesora. El hecho de estar basada en el mundo creado por Tolkien, al que se suma la recreación del mismo en El Señor de los Anillos, allana el camino para llegar a una mayor audiencia. Mientras, Mortal Engines cuenta con cierta popularidad, en su momento aún mayor. Sin embargo, pocos fan clamaban por una adaptación cinematográfica y el escaso interés se demuestra en taquilla con unos discretos números.

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Ambas películas demuestran que El Señor de los Anillos fue una fórmula que funcionó realmente bien. Sin embargo, el explotarla y realizar películas como vía de escape, al estilo de El Hobbit o Mortal Engines, suponen, a la larga, un fracaso estrepitoso. Habrá que ver si Peter Jackson aprende de estos errores de cara a futuros proyectos.