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Marshal Law adelantado a su tiempo

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Acaba de reeditarse todo el material que Epic y DC tienen del personaje y es el momento de repasar un cómic que tendría que estar al lado de muchas grandes obras por varios motivos. Su imaginación visionaria, su desprecio por lo establecido, el hecho de que utilice tantos elementos en su guión y siempre sorprenda, sus múltiples lecturas, cada uno de los detalles que implica el arte de Kevin O ´Neill y el trabajo de un Pat Mills crítico hasta la rabia con los héroes, con la Policía, con los gobiernos, con las guerras, con el “todo vale para ganar”, con el “lo hacemos por su bien”.

El cómic americano sufrió un vuelco en la segunda mitad de los años 80 con el desembarco de los autores británicos y su novedosa visión dentro de ese mundo. Grandes historias y recreaciones se llevaron todos los galardones y críticas por su renovación de personajes y tramas. Dentro del grupo de esos ‘invasores’ de las islas había un veterano en el negocio cuya obra para los USA no destacó, pero compuso uno de los frescos más críticos dentro del panorama. Pat Mills y su ‘Marshal Law’ fueron demasiado brutales, sinceros, mordaces, sarcásticos y macabros en su visión de los héroes y eso les acarreó menos público y menos atención de la merecida.

Cuando Marvel creó su sello Epic como sucesor de su revista Epic Magazine, buscaba acercarse a un público más adulto dentro de una industria que estaba cambiando mucho. La llegada de Alan Moore, Jamie Delano, Neil Gaiman, etc., y su concepto del ‘cómic adulto’ a su gran rival, DC cómics, obligaba al sello creado por Stan Lee a ofrecer una alternativa. Esa alternativa fue EPIC. Un espacio donde los autores no tenían limites para sus historias y donde eran dueños de sus obras (nunca antes se daba tal caso, recibían la autoría pero no la propiedad) que originó varias leyendas en el mundo de la viñeta como Dreadstar o Elektra Asesina por poner dos ejemplos. El sello tuvo varias etapas pero la industria cambia mucho y hoy día lo que se consiguió es un hermoso recuerdo.

En este semillero el editor Jim Shooter dio libertad a los autores. Sus rivales habían traído a la vida no hace mucho ‘Swamp Thing’, ‘Watchmen’, ‘V de Vendetta’, ‘Hellblazer’, ‘El Retorno del Señor de la noche’, ‘Ronin’ y aún tenían ‘Sandman’ en la recámara. Marvel necesitaba contrapesar la popularidad y el nuevo público que arrastraban. Y así se atrajo a muchos autores independientes o menos comerciales del cómic americano, pero también se imitó a la competencia y se fichó a artistas británicos. Pat Mills es una leyenda dentro del cómic ingles, creador de la ‘2000AD’, la publicación señera de cómic en Inglaterra, y con mucho trabajo detrás, recibía la oferta de crear un cómic adulto en Estados Unidos como él quisiera. Su respuesta, una sátira de los héroes porque, como siempre ha reconocido, el autor inglés odia a los superhéroes.

Siempre ha existido una literatura satírica, pero el mundo del cómic no solía hacer una lectura paródica de sus obras, al menos no de una forma inteligente. Mills decidió que era hora de plantearla. Y así nació Marshal Law, el cazador de héroes, un policía brutal que controla a los superhéroes que están fuera de control. El problema es que parece que todos los tipos en mallas son culpables a sus ojos, todos están locos. “Estoy buscando un héroe… Todavía no lo he encontrado” es la frase lapidaria que el agente del orden utiliza hasta la saciedad para mostrar su rechazo hacia las personas que creen que sus poderes y un uniforme chillón los vuelve mejores, superiores a la gente normal y con derecho a todo. ¿Suena a algo más reciente? Sí, a ‘The Boys’ de Garth Ennis y Darrick Robertson. Con esta premisa nos encontramos un futuro desolador donde una gran guerra ha forzado a crear superhéroes para combatir en la misma como armas definitivas y estos vuelven del conflicto llenos de problemas psíquicos y sociales con un mundo que no entienden, que no los necesita, un mundo de pequeños seres inferiores y débiles que pueden aplastar. Sí, lo sé, suena a muchos cómics de Mark Millar y Warren Ellis.

Marshal Law final
Marshal Law

La historia de cada arco argumental, ya sea largo o corto, lleva al personaje a un mundo cada vez más extremo. Asesinatos macabros, violaciones, abusos sexuales, fraudes, manipulación de los medios, encubrimientos gubernamentales, tortura, crímenes de guerra, experimentación humana, todo esto y más se paseaba por delante de la mirada de un Marshal Law que evoluciona a un monstruo tan peligroso como los que caza. Pat Mills no da respiro en ningún momento, sus historias tienen siempre varios puntos de vista que diseccionan la sociedad, supuestamente del futuro pero con tantos parecidos con la real que muchos miedos son tan reconocibles que asustan. Y cuando afirmo esto hay que recordar que la primera saga de este cómic apareció en 1987 y la última en 1994 (me abstengo de cruces con otros personajes o las novelas). Como un oráculo los supersoldados de Mills torturaban y resultaban brutales, ignoraban los daños colaterales y se dedicaban a aplastar al enemigo como fuera. ¿Quizás recuerda a la actuación de cierto país y sus aliados en intervenciones militares de la historia reciente?

El guión de Marshal Law es difícil, denso en ocasiones y plantea al héroe desde muchos prismas que no habían sido utilizados y que hoy día se consideran novedosos. Un estudio psicosexual de los humanos con poderes, una visión desoladora de la humanidad buscando dioses en el cielo para adorar. Una podredumbre en todo órgano gubernamental que hace lo que sea para controlar a las masas utilizando esas deidades artificiales, que desprecian a los humanos pero no pueden aceptar no ser queridas por ellos. Un círculo vicioso donde los que pierden siempre son los ‘normales’, las personas corrientes a pie de calle que mueren y son usadas y tiradas por héroes y gobernantes. El radicalismo como respuesta por parte del protagonista, la actitud fascistoide e hiperbrutal como única solución es la mayor parodia a los superhéroes que regala Mills. La respuesta es tan mala como el problema.
Si el guión es duro, el dibujo sin complejos de Kevin O’Neill (ahora reconocido por su trabajo en la ‘Liga de los Hombres Extraordinarios’ pero desconocido en España en esa época) marca una obra que se adelantó a su tiempo, en 1987 ya era una obra del siglo XXI con todo lo que alabamos en el cómic heroico actual. Artista difícil para los cánones estéticos establecidos, O´Neill despliega en ‘Marshal Law’ su estilo sin trabas surgiendo un cómic que muchas veces desagrada en su crudeza. El dibujante ingles es de un estilo ‘feísta’ que no busca la facilidad y se acerca muchas veces más a pintores postmodernos que al arte secuencial propiamente. Dentro de cada una de las páginas hay detalles escondidos que cuentan tanto como las palabras escritas.

‘Marshal Law’ es tal vez una obra de este siglo publicada en el pasado, quizá ahora se considere estéticamente diferente e incluso primitiva por su narrativa estática o esquemática en ocasiones, por su tono casi caricaturista, pero no hay que llevarse a engaño, en esas páginas hay mucho del material que hemos alabado en Alan Moore, Mark Millar, Brian Bendis, Grant Morrison y demás autores a los que consideramos maestros del cómic. Hay que repasar viñeta a viñeta ese arte para descubrir las críticas a las armas, al control de las mismas, a los derechos de la Policía frente a los ciudadanos como fuerza represiva. ‘Marshal Law’ es uno de los títulos más potentes que surgieron de la mente de dos británicos que querían romper moldes. Y fueron relegados a obra menor dentro de un sello que, aunque legendario, nunca llegó a ser popular por el poco cariño que la editorial madre le dedicó.

Que se haya recuperado casi todo el material de Mills y O´Neill sobre este personaje es importante para entender la evolución del cómic enfocado a los adultos, a las historias más allá de los colorines y los poderes. Una gran decisión por parte de ECC que aplaudirán todos los amantes del noveno arte.

Una maravillosa obra que hay que revisar con cuidado, no sea que el lector acabe odiando a los héroes como los autores y el personaje. Pero siempre advertir que es una obra muy difícil de aceptar al principio por la estética y por la mayor parte de su temática.

José Carlos Royo
Desde que tengo memoria he leído cómics. Mi madre me compró el primero antes de aprender a leer bien, alguien le contó a la pobre que ayudaba a los niños a acercarse a la lectura. Aún busca a la persona que se lo dijo para agradecérselo apropiadamente, con un garrote.Apasionado del mundo de la viñeta devoro todo cómic que se me pasa por delante. El americano es mi predilección pero el japonés y el europeo también llena mis estanterías. Si le añades los libros, las series de tv y las películas soy lo que hoy día llaman friki, y estoy orgulloso de serlo.Periodista con tendencias televisiva,s cuando me lo permiten hasta escribo. No me caso con nadie y ya sea aburrido, trepidante, intenso o un gasto de papel, un cómic hay que leerlo y comentarlo para que este de verdad vivo.