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‘Mara’, deportes, poderes, publicidad y poco más

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Portada de Mara
Portada de Mara

Mara es una deportista de élite, con dinero, fama y hasta amor. Pero todo cambia un día que descubre que tiene habilidades sobrehumanas. Un nuevo futuro se abre para ella, y no es brillante ni glamuroso. Brian Wood y Ming Doyle presentan esta historia de fama, poder, control y finalmente sobre el género humano.

Mara es una historia que viene con buenas críticas detrás, no es mi intención desdeñarlas pero siempre he creído que cuando tanta gente está de acuerdo o es una obra de arte o es porque todo lo que hace el autor merece loas y halagos. A Brian Wood no le voy a restar el mérito de sus trabajo, su DMZ me gusta mucho, Demo me pareció una obra muy cuidada, Local es sencillamente genial y Northlanders demuestra que no solo en Europa sabemos hacer buenos cómics medievales sin caer en la fantasía pura y dura. Pero su Mara me ha dejado frío para ser sinceros.

Wood gusta de utilizar pocos elementos para contar buenas historias y tratar temas complicados, es la simpleza para contar la complicación. En Mara me parece que se ha pasado con lo que quería plantear y su forma de trabajar se queda corta, muestra mucho pero realmente cuenta poco. El ascenso del personaje de icono para la gente a monstruo odiado, de su camino hasta la casi divinidad, es corto y la verdad que no es nuevo, hemos visto esta historia muchas veces. Bien contado y con un proceso escalonado muestra la buena mano del americano, pero también hace que el valor del resto de historias se quede en poco ¿por qué mostrar tanto y no contar nada más que eso? En eso veo el error de la obra, tantas cosas y sólo la historia de la protagonista se cuenta apropiadamente, en un autor tan capaz de contar tanto en pocos trazos me parece un truco viejo, das mucho para contar sólo una cosa.

Lo malo es que todo lo que rodea a Mara resulta más atractivo que la evolución de la misma. La narración del futuro a través de los medios, la visión de una sociedad controlada y manipulada, el poder del gobierno y el ejército sobre los individuos queda patente y es un punto importante en el desarrollo, pero carece de fuerza para producir un conflicto real. Mara avanza por su camino pase lo que pase, le afecta y lo siente, pero parece que es más importante que el cómic llegue al punto álgido a que el desarrollo sea interesante, que Mara pierda la fe en la especie y la recupere tras su cambio es más importante que la mujer que ama elija dinero y fama en lugar de a ella, que la venganza o el rencor por el asesinato de su hermano, que ayudar a otros, que simplemente mostrar la verdad al mundo, no le importa nada más allá de esa evolución. Es un cóctel con muchas cosas pero al camarero solo le interesa que nos lo bebamos sin mirar ni saborear mucho, no sea que no bebamos a buen ritmo, así me sentí con Mara.

Mara

Ming Doyle y Jordie Bellaire mantienen el tipo con la historia, sin grandes alardes pero con un buen uso de los espacios y los colores para recordar las viejas películas de ciencia ficción. Doyle me parece que aún tiene por delante mucho por mejorar, tiene dotes pero hay viñetas que resultan forzadas y sus personajes resultan hieráticos y no transmiten, quizás eso afecte a la narración, porque parece que muchos personajes podrían estar sufriendo o pasando de todo en algunos momentos.

Mara es un buen cómic que sobresale por encima de las típicas historias de superpoderes, pero no resulta ni novedosa ni es capaz de añadir nada más a lo que otros autores han dicho. Sí que posee muchos elementos para que sea más cercana y podría considerarse casi una distopía si hubiera más desarrollo en ese campo, pero la tensión dramática es demasiado suave y no convence. Es una especie de diosa gracias a los medios pero cuando se convierte realmente en una diosa es odiada, quizás tenga más carácter de fábula que otra cosa, que el poder no te cambie. Recomendable ya que pocas cosas mejor contadas suelen encontrarse en el comic book americano, pero no creo que sea recordada como una obra destacada en la carrera de Wood.


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José Carlos Royo

Desde que tengo memoria he leído cómics. Mi madre me compró el primero antes de aprender a leer bien, alguien le contó a la pobre que ayudaba a los niños a acercarse a la lectura. Aún busca a la persona que se lo dijo para agradecérselo apropiadamente, con un garrote.

Apasionado del mundo de la viñeta devoro todo cómic que se me pasa por delante. El americano es mi predilección pero el japonés y el europeo también llena mis estanterías. Si le añades los libros, las series de tv y las películas soy lo que hoy día llaman friki, y estoy orgulloso de serlo.

Periodista con tendencias televisiva,s cuando me lo permiten hasta escribo. No me caso con nadie y ya sea aburrido, trepidante, intenso o un gasto de papel, un cómic hay que leerlo y comentarlo para
que este de verdad vivo.