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Los Nuevos Mutantes. La Masacre Mutante. Los niños tienen que crecer

Los mutantes más jóvenes se despedían de Chris Claremont por todo lo alto, con una de las sagas más recordadas de la franquicia: La Masacre Mutante.

Los editores de Marvel tenían a la gallina de los huevos de oro en la franquicia mutante dirigida por Chris Claremont. Poco a poco crecía el número de colecciones y todas eran éxitos, pero el escritor necesitaba espacio y tiempo para mantener el nivel de calidad, así que poco a poco se retiraba de algunos títulos. Este tomo reúne el final de la etapa del escritor en Los Nuevos Mutantes, una despedida que cierra con un evento que afectó a todos los títulos X: La Masacre Mutante.

La Patrulla X vivía en la Escuela Xavier para jóvenes dotados, pero la verdad es que estaban talluditos para ser alumnos. Ese fue el origen primigenio de la serie de los Nuevos Mutantes, las vivencias de unos mutantes adolescentes que estaban descubriendo sus poderes en un mundo que los teme y los odia. Recuperaba parte de las esencias que tenía la Patrulla X original y lo actualizaba con un estilo más moderno, donde la vida y las relaciones de los personajes era muchas veces más importante que las batallas superheroicas.

Y la serie evoluciona al ritmo de su universo. Claremont trajo complejidad a muchos personajes y los transformaba y cambiaba, los mutaba. Así, Magneto dejó de ser solo un terrorista y un megalómano. Llegando a ser el mentor y profesor de la Escuela Xavier, y también ser miembro del Club Fuego Infernal. Esta época con Eric Lensherr al mando de la institución marcó un cambio de mentalidad. Y también trajo la competencia con los Infernales,la versión de la academia del Club del Fuego Infernal.

Claremont traía una competencia de escuelas a la serie y permitía que los adolescentes crecieran viéndose en una batalla contra chicos de su edad. Con dramas entre personajes y relaciones cruzadas, el patriarca mutante traía la calle a la escuela. Pero son las historias individuales las que marcaban un punto diferenciador en las sagas, poder gastar páginas en un solo protagonista dotaba de personalidad a la serie, y hablaba de madurez, de familia y de responsabilidades. La historia de Danielle Moonstar es un ejemplo de cómo conducir un personaje que se había vuelto muy complejo en poco tiempo. También Sam o el mismísimo David Haller, Legión, tuvieron sus momentos de gloria.

Y en esto que también comenzaban los grandes cruces. Secret Wars condujo a ello, y qué mejor para continuar que hacer unas Secret Wars II. Para la franquicia mutante no resultó demasiado problemático. Pero Claremont aprovechó la oportunidad para hacer una historia poderosa sobre la amistad, y sobre las relaciones, Kitty y Magik se convertían en el centro de esta mini saga dentro de la serie.

Y llegaba el gran cruce y sus efectos, la Masacre Mutante. Un evento que cambió el mundo mutante, demostrando que el temidos y odiados ya no solo era cosa de humanos, otros mutantes exterminaban a aquellos que consideraban inferiores y un desperdicio genético. Y los bebés X tuvieron que crecer ante el intento de exterminio de los suyos, pero de los suyos que no podían pasar por humanos, aquellos que vivían al borde de la sociedad, de los marginados, de los más débiles.

Para completar la entrega, podemos disfrutar de algunos Annual que han marcado a los aficionados de Marvel, con el dibujo del en aquella época nueva estrella y ahora genial dibujante, Alan Davis. Nadie deja de recordar el enfrentamiento de Warlock con el Hombre Imposible, una batalla cómico-cósmica en la que pudimos ver a un Alan Davis desatado haciendo locuras más allá de lo que le permitieran antes.

La despedida de Chris Claremont de la serie llegó en lo más alto, pero con un pequeño baile de dibujantes. Bill Sienkiewicz también se alejó del arte completo de la serie, aportando tintas en varias ocasiones, pero dejando los lápices a Mary Wilshire o el entonces novato Jackson Guice. Con aportes de Kerry Gammil o Kyle Baker, el tomo presenta variaciones de estilos que podrían haber pesado sobre la serie. Pero no fue así, individualizan historias y crearon algunos bloques que hacían la lectura una experiencia más nutrida.

Tras este gran final de la era Claremont, llega Louise Simonson, que aportaría nuevos aires a la colección. Colaborador del patriarca ya se ocupaba de Factor X y contaba con su confianza. Y esta no defraudo manteniendo el tono y la calidad de la serie.

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