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‘Los niños son raros’, de Jeffrey Brown (Planeta Cómic, 2015)

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Refresquemos un poco la memoria: Jeffrey Brown es un autor muy conocido por sus cómics autobiográficos (‘Torpe’, ‘Pequeñas cosas’, ‘Escenas imborrables’, etc) y sus novelas gráficas de humor (Star Wars. Darth Vader e hijo). Vive en Chicago con su mujer y sus dos hijos.

Como ha demostrado en anteriores libros, Jeffrey Brown tiene un talento especial para crear un humor peculiar sobre verdades universales. Ahora el autor nos aporta sus ingeniosas y cómicas observaciones terrenales sobre la paternidad en este ingenioso libro que recoge los momentos más surrealistas del crecimiento infantil.

Al pasar las páginas de este cómic se repiten las escenas a priori intrascendentes y rutinarias (sobre todo para los que no tenemos hijos). Imagino que cualquier padre/madre que lea estas situaciones triviales les recuerden a alguna vivida con sus propios retoños.

Aún así, estos pequeños gags situacionales funcionan en su gran mayoría como ocurrencias divertidas y que reflejan el alma inocente de cualquier niño (aunque en ocasiones se vuelvan un tanto irritantes con sus “pequeñas cosas”).

Altamente reseñables son las reacciones de este niño de 5 años con respecto a las interacciones con sus juguetes (dinosaurios y muñecos en plan Madelman: ¿os suenan de algo?), o las peticiones tan singulares que dejan tanto a Jeffrey como a su mujer entre la espada y la pared.

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‘Los Niños Son Raros’ es, además de un divertido homenaje a esos padres y madres que experimentan cada día situaciones curiosas con sus hijos, uno de esos tomos que se puede regalar a cualquier persona y que a buen seguro disfrutarán de cabo a rabo.

La edición de Planeta por otra parte está muy bien: tamaño apaisado en cartoné que cuenta con una excelente calidad de reproducción del material original. En definitiva: ‘Los niños son raros’ no decepciona en absoluto y además pasaréis un rato divertido de lectura, que no es poco para los tiempos que corren.

Fue abandonado recién nacido en una sala de cine decrépita donde se proyectaban ciclos de cine de terror y fantástico las 24 horas del día.Entre esas cuatro paredes devoró película tras película, alimentándose de ellas, y aprendió a no ingerir alimento alguno para su supervivencia, lo que lo convirtió en una nueva raza que tiene desconcertados a toda la comunidad científica hasta hoy día.Cuando fue devuelto a la sociedad de nuevo, empezó a devorar ingentes cantidades de cómics y libros haciendo de ellos parte de su dieta diaria de conocimiento.Se desconoce su paradero actual, sólo se sabe que sigue mandando sus reseñas y artículos desde alguna dimensión desconocida….