Cómics / Los Eternos. Hijos del dios dorado. El fin del mundo en manos de seres que no pueden morir
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Los Eternos. Hijos del dios dorado. El fin del mundo en manos de seres que no pueden morir

La Horda amenaza la vida en la Tierra y lo único que puede detenerlo son los Eternos. La saga que redefinió a los personajes de Kirby cierra esta colección.

Tras muchas idas y venidas, Neil Gaiman reiniciaba a los Eternos y los dejaba en un punto ideal para crear una saga nueva y fresca. Tomaba lo mejor de Kirby y lo colocaba en medio del universo Marvel con luces de neón, o lo que es lo mismo con un Celestial plantado en medio de San Francisco. Fueron Charles y Daniel Knauf los elegidos para continuar la saga, y no podían contar con mejor compañía que Daniel Acuña para ilustrar esta nueva era.

Los Eternos habían perdido su memoria y se habían dispersado. El despertar llegó acompañado de la llegada de un Celestial renegado cuya misión es desconocida. Reunir a sus hermanos y hermanas, y ayudar al Celestial era el principio de todo. Pero la llegada de este dios estelar es el comienzo de una cuenta atrás. Tras las Huestes llega la Horda ¿Qué es, cuáles son sus intenciones? La Tierra es un caso especial en el universo, los Celestiales lo descubrieron y abandonaron el planeta, pero, ¿Qué lo hace especial?

Mientras, los Eternos buscaban a los suyos. Ikaris y Thena necesitaban aliados para cumplir la misión. Druig quería el poder y necesitaba el apoyo de todos los hermanos a los que pudiera manipular. Una carrera por el poder. Mientras, Zuras languidecía como un anciano que solo recuerda épocas mejores. Makkari, el nuevo mensajero de los dioses y Sersi, su amada, siguen buscando respuestas mientras Ajak siente que lo han apartado, y no le gusta.

La llegada de los Knauf a Marvel fue una de esas sorpresas que siempre animaba el mundillo. Daniel, padre, y Charles, hijo, formaban una dupla necesaria. El primero era el creador de la serie Carnivale para HBO y su experiencia en audiovisual poco tenía que ver con el cómic. Ahí entraba Charles, adorador de Marvel y poseedor de un conocimiento enciclopédico de la casa.

Su planteamiento fue arriesgado, tomar lo que dejó Gaiman y enfocarlo a los conflictos entre los Eternos, dejando de fondo una amenaza cercana. De nuevo los inmortales no tenían mucha relación con el mundo que los rodeaba, la guerra civil o la invasión Skrull poco les afectó. Pero su misión si que iba a cambiar el mundo. SI les hubieran dejado.

La gran saga ideada por los Knauf unía visiones religiosas, mártires, política, amor y celos, pero no resultó como la Casa de las Ideas pensó y el resultado fue una idea cercenada de sentido que finalmente se quedó en un “sueño de Resines”. La trascendencia de la broma de Duende se quedó en la saga de los Eternos, pero todo lo demás finalmente acabó por ser poco más que una nota al pie de página. Hasta que el audiovisual rescató a los personajes y en papel Kieron Gillen retomó ideas de esta saga, los Eternos, pasaban al olvido.

Si de algo se disfruta en este tomo, es el arte de Daniel Acuña. EL ilustrador español acababa de firmar un contrato exclusivo con Marvel y lo celebró dando un do de pecho con una serie que podría haber sido legendaria. Regresó a los personajes a su época más kirbiana, a su luz y espectacular aspecto. Eran dioses alienígenas de nuevo y se notaba. Alucinante el trabajo de Acuña en todos los aspectos.

Y así finalizaba la historia editorial de los Eternos en Marvel. Solo la película del UCM ha conseguido recuperar el interés en unos personajes complejos y alienígenas dentro del universo Marvel. Ahora, como con los Inhumanos antes, la editorial centra eventos en ellos, Avengers vs X-men vs Eternals llegará en breve, y confía en que mantengan el interés y la fuerza de las que Jack Kirby dotó.

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