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Críticas de cine

LIMBO: La sorpresa de Sitges

Fotograma Limbo

Limbo es uno de los platos fuertes del festival. Un thriller policial tan elegante como crudo, tan brutal como emocionante.

Soi Cheang tiene numerosas películas a sus espaldas, entre las que destaca su trilogía sobre El Rey Mono, que no cosechó críticas entusiastas. De hecho, la mayor parte de su cine apenas pasa el aprobado. Y, sin embargo, con Limbo nos ha ofrecido uno de los platos fuertes del festival, capaz de mantener al público helado en la butaca con el despliegue de violencia cruda y preñada de maldad que inunda la pantalla y, al mismo tiempo, arrancar aplausos cuando alguno de los protagonistas consigue una pequeña victoria o cuando despliega alguna de las mejores set-pieces de acción que he podido ver en una sala de cine.

Limbo posee, por un lado, el aspecto de un thriller policial tópico, con un asesino en serie que tiene un modus operandi característico; un policía marcado por la tragedia, de vuelta y media con el mundo y formas violentas, interpretado a la perfección por Ka Tung Lam; su recién llegado compañero, mucho más noble y elegante, al que da vida Mason Lee; y al que sin duda es el personaje estrella de la función, Wong To. Interpretada por Yase Liu, Wong To es una joven llena de matices, una delincuente devorada por la culpa, ya que provocó el accidente en el que quedó en coma la esposa de Cham Lu (el policía violento al que encarna Ka Tung Lam), y que sufrirá en sus carnes y en su mente los actos del resto de personajes, tanto de los villanos como de los que deberían ser héroes.

Por otro lado, el aspecto formal de Limbo también llama la atención. Rodada en blanco y negro, con altos contrastes, Soi Cheang llena la ciudad de oscuridad, en la que se entremezcla el crimen, la mugre y lo sórdido, pero también de luminosos destellos que parecen un espejismo en medio de tanta maldad. Por extraño que pueda parecer, la forma de escribir con la cámara me ha recordado a la forma que tiene de escribir en literatura Cormac McCarthy (No es país para viejos, La Carretera, Meridiano de sangre). Planos secos, contundentes, sin florituras, con una cruel solemnidad.

A pesar de que la investigación en busca del asesino en serie es el eje central de la película, no tarda en pasar a un segundo plano cuando Cham Lu y Wong To empiezan a «colaborar» para atraparlo. La relación entre ambos personajes está plasmada de un modo que encoge el estómago y resulta desagradable y cautivadora.

Cham Lu odia con todas sus fuerzas a la chica que provocó el accidente que afectó a su esposa. La violencia física y mental que ejerce sobre ella, humillándola y exponiéndola ante los criminales a los que delata, me hizo apartar la mirada en más de una ocasión. Y la desesperación de Wong To por conseguir el perdón de ese hombre convertido en monstruo es descorazonadora. Como el compañero de fatigas del protagonista, Will Ren (Mason Lee), asistimos atónitos e incapaces de hacer nada a una relación que va más allá de lo tóxico y el maltrato. Llega a unos niveles tan elevados que, cuando Wong To se encuentra cara a cara con el asesino, llegué a pensar que iba a encontrar algo mejor que lo que le esperaba junto al bestial policía.

Por supuesto, esa relación evoluciona, por territorios tan valientes como enfermizos, y aunque es muy complicado no juzgar como espectadores a Cham Lu, cuyo comportamiento va más allá de la venganza, es tan atroz y tan perverso lo que el director crea en esta historia que no podemos sino desear saber cómo va a terminar.

Yase Lui es la estrella de la película y ofrece una de las mejores interpretaciones del cine. Física, emotiva y desgarradora.

Nunca jamás había visto sufrir tanto a un personaje como a Wong To. El nivel de exigencia del papel convierte a Yase Lui en la estrella de la película. Un ejercicio extenuante a nivel físico y mental, donde la vemos luchar por su vida de las formas más desesperadas, llorar de desesperación, de rabia, de dolor, sufrir caídas y golpes y humillaciones. Y, lo mejor de todo, es que Soi Cheang no convierte esto en un espectáculo morboso. La frialdad con la que retrata todo cuanto acontece a esta muchacha (quizá el único personaje que merece redención de todo el reparto) te rompe por dentro. Contemplar esas imágenes te hace sentir tan culpable como si las estuvieras llevando a cabo tú mismo.

Entre medias, tenemos algunas de las set-pieces mejor rodadas, como la persecución a la que Cham Lu somete, desde su coche, a Wong To cuando descubre que ha salido de la cárcel. O la secuencia en la que ésta lucha por su vida cuando la rodean varios de los delincuentes a los que ha delatado.

El montaje de David M. Richardson (editor de algunas películas del terrible Uwe Bold) mantiene el pulso de la historia, mientras que la fotografía de Siu-Keung Cheng (The Mission, Election, Mad Detective), como ya he mencionado, llena la imagen de contrastes, oscuridad y suciedad. No puedo sino alabar el diseño sonoro de Nopawat Likitwong (The Grandmaster), que hace auténtico arte con el rugido de una ciudad tumultuosa y que consigue que cada golpe resuene en nuestro pecho.

El guion, de la mano de Kin-Yee Au, es una prueba más de lo bien que funciona la estructura oriental de cinco actos, gracias a la cual hemos tenido algunas de las mejores muestras de cine reciente (y no sólo oriental, recordemos que una película que funciona tan bien como The Girl with de Dragon Tattoo, de David Fincher, también hacía uso de esta estructura). He leído en alguna parte que Limbo “no sabe cuándo acabar”, pero mi sensación personal es que lo hace cuando debe. No sobra ni un minuto de metraje, aunque algunos elementos del cierre, en especial los relacionados con la relación entre Cham Lu y Wong To, pueden provocar sensaciones encontradas en el espectador.

Limbo es una película destinada a llamar la atención en el Festival. Sería una tragedia que pasara desapercibida y, más aún, que cuando se estrene en cines o en plataformas no llegara a un mayor público. A falta de sorpresas, para mí ha sido lo mejor del festival. No tiene nada que envidiar a los mejores productos orientales que nos han llegado en los últimos años. Al contrario, aprende de ellos y los lleva un paso más allá.