Cómics

Kill or be Killed: Volumen 3: ¿Y si el diablo soy yo?

Kill or be Killed: Volumen 3. Cuando no eres capaz de distinguir realidad de fantasía, ¿Cómo sabes si estás matando gente o soñando?

En Kill or be Killed: Volumen 3, Dylan ha decidido que su trato se ha acabado, y no ha podido ir mejor, todo va sobre ruedas, su vida vuelve a estar encarrilada, no era el demonio sino su propia ineptitud la que le negaba el triunfo. ¿O no es así? Porque en los viejos dibujos de su padre aparece su demonio personal, porque no puede evitar querer seguir haciendo su macabro trabajo, está loco, o solo es que necesita matar.

Tras una carrera breve pero exitosa como vigilante, Dylan decide arriesgarse y no seguir con su trato con el demonio, y dejar de matar. Y la realidad le da la razón, ¿o puede que el problema sea que no ha visto la realidad hasta ahora? La mafia le persigue, la policía le busca, y el demonio ronda su vida desde su pasado, ¿Qué está pasando realmente?

Ed Brubaker vuelve a dar una vuelta a su serie para plantear nuevas incógnitas y de paso elucubrar sobre la parte oscura del hombre, su apetito por lo prohibido, por la violencia, la adicción a la acción, la adrenalina y la sangre. El diablo comienza a ser un tema que se desvanece frente al mal del hombre en sí mismo y su capacidad de autodestrucción. ¿O no? existe un componente sobrenatural real. Dylan necesita sus pastillas, y distinguir la realidad de la ficción, y que la mafia le persiga no ayuda demasiado.

El escritor mantiene su estilo duro y directo, y la estructura, con esos inicios ‘in media res’ a toda pastilla para engancharnos, y luego abofetearnos con fuerza con los giros de guion. Porqué si algo está definiendo a Kill or Be Killed, son como diría el Narrador del Club de la lucha, los cambios de proyector para seguir con la historia y que nadie se percate de que le han cambiado el paso.

Sean Phillps reina supremo en esta obra. Hace y deshace como quiere, puede permitirse pinceladas todo lo gruesas y primitivas que desee, porque la serie pasa de conversaciones a la acción o las visiones demoniacas rápidamente, y eso le permite jugar con toda la oscuridad de la tinta, y los contrastes de color, deja claro que es capaz de dominar el ritmo que tiene Brubaker, y dotarlo de sentido gráfico. Pocos autores son capaces de con poco material crear tanto, y si le dan este material, rico, retorcido y brillante, pues Phillips hace maravillas.

Kill or be killed lleva un ritmo bastante irregular de publicación, pero eso no impide disfrutar de una serie salvaje, dura, en la que cada poco tiempo hay una sorpresa que cambia del todo el sentido de la historia. Brubaker y Phillips son el tándem más en forma del cómic americano actual, no dejan de demostrarlo con cada una de sus colaboraciones, y esta serie, es una gran prueba de ello.