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‘John Dies at The End’: Una jugosa degeneración con mucho humor

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¿Alguna vez te has tragado una película sin esperanzas y sin ninguna gana, pero te acabas encontrando con algo soberbio y te tienes que acabar mordiendo la lengua aun teniendo miedo a tu propio veneno? Pues eso sucede con ‘John Dies at The End’

Llega un momento en la vida en la que uno empieza a aburrirse soberanamente de los ladrillazos que te tienes que meter entre pecho y espalda, porque evidentemente no hay mejores ofertas en la gran pantalla (ni en la televisión por supuesto). El problema es que hay temporadas (a veces, demasiado largas y angustiosas) en donde uno se traga demasiada mediocridad, demasiados filmes parecidos entre sí, y demasiadas gilipolleces que no dan para más. La nueva moda de películas gafapastosas y pretenciosas me da por el culo, así de simple; y, lo que es peor, parece que se está convirtiendo en la rutina de la industria audiovisual en la actualidad. Pero de vez en cuando, andando en el tiempo, uno se estampa de morracos con ciertas joyitas que son un rayo de esperanza en el sector, que maravillan por su originalidad y que terminan por demostrar que esperar siempre puede llegar a merecer la pena, y este es el caso de ‘John dies at the end’.

Durante los dos primeros actos del film, se convierte en una delicia para todos los sentidos, un monumento a un delirio construido con unos buenos cimientos y muy buenas ideas. Imaginaos una receta de cocina que tiene de ingredientes ‘Almuerzo Desnudo’ de Cronenberg, salpicado con un poco de H.P. Lovecraft, y el degenerado sentido del humor alucinógeno de maravillas como ‘El Diablo metió la mano’. Con esos ingredientes saldría algo parecido a esta película, pero esto lo digo más que nada para guiaros de alguna manera reconocible en esta alucinógena cinta de ficción y deciros un poco del rollo que va, que por otra cosa. El problema para mi es el tercer acto, que no esta tan inspirado como el resto del film y que se ve algo forzado. Eso no quita que esta película no vaya a transformarse en un clásico de culto, ya que tiene razones de sobra para merecer tan digno cinturón de campeón.

John-Dies-At-The-EndHace unos años Jason Pargin (allá por los tórridos 2001) con el pseudónimo de David Wong publicó un demencial relato que mezcla horror, comedia y ciencia ficción a partes iguales titulado ‘John Dies at the End’. La novela se publicó en principio en una web (ya que nadie quería publicársela en papel) y tuvo su horda personal de fanáticos incondicional, lo que acabo convenciendo a la editorial corrupta de turno para publicarla en todo su esplendor (por el 2007 más o menos). Por supuesto alguien se haría eco de la noticia y no tardó mucho en aparecer Don Coscarelli en la ecuación, que acabo rodando la película sobre este libro (con muchas dificultades en su financiación desde el principio) solo para acabar siendo proyectada en la sección oficial del Festival de cine fantástico de Sitges y todo para acabar pasando por allí sin pena ni gloria. El director Don Coscarelli conocido por el éxito conseguido en los 80 con ‘El Señor de las Bestias’ (una de mis películas favoritas sobre bárbaros sudorosos que van por la vida haciendo el bárbaro.) y la saga ‘Phantasma’ nos presenta en ‘John Dies at the End’, una comedia de terror divertida y sin pretensiones que ha conseguido que me lo pase bien, aderezada con actores tan épicos como Paul Giammati y Clancy Brown (Si, falta Rutger Hauer en el elenco), demostrando que es el puto amo en esto de ponerse detrás de las cámaras y en ser capaz de alegrarle la vida a uno con una película que, en realidad, no tiene ni pies ni cabeza, pero no por ello quiera decir en ningún momento que sea una gigantesca piscina de lefa, ni nada parecido.

Pero esta película te da mucho más de lo que promete. ‘John dies at the end’ tiene un arranque brutal (en forma de acertijo), con un prólogo de dos minutos en el que el protagonista nos cuenta sus problemas con un hacha de dudosa calidad y la decapitación de una persona que, por supuesto, ya estaba muerta antes, y que regresa un año después con la cabeza cosida a otro cuerpo de manera chapucera afirmando a nuestro antihéroe si esa hacha varias veces reparada es la que le mato. Estos dos primeros minutos son increíbles, llenos de humor negro (el tipo de humor que estará presente durante toda la película dando lugar a chistes muy buenos y otros no tan buenos) y hechos para sentar las bases para una película muy del rollo ‘Coscarelli’ que hay que ver con más gente para poder disfrutar a todos los niveles posibles. En sí, la historia tiene bastantes homenajes a la literatura Lovecraftiana; no del Lovecraft que hablaba de dioses sepias verdes gigantes plagados de tentáculos, si no del Lovecraft que se masturbaba con alienígenas que esperan aburridos en otras dimensiones, preparados en cualquier momento a lanzarse a la yugular sobre nuestro mundo para violar a cuantos seres humanos viesen por los caminos.

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La imagen inicial es típica y tópica a más no poder, pero no por ello quiere decir que no sea interesante: un muchacho se encuentra en un sórdido restaurante chino con un periodista, al cual quiere contarle una historia tan bizarra como increíble. De esta forma es como descubrimos que hay extrañísimos seres de otros mundos entre nosotros, los cuales sólo son visibles a través de la “salsa de soja” (una droga increíblemente potente que te vuelve omnisciente y te expande los sentidos hasta el punto de que uno puede realizar hazañas psíquicas, imposibles de realizar por la gente corriente y moliente). El problema es que la salsa de soja termina en manos de dos panolis, los cuales empiezan a ser perseguidos por una horda de monstruos, extraterrestres y gente del palo que creen que estos palurdos son capaces de detener sus pérfidos planes para arrasar el planeta Tierra. Esto te lo pueden haber explicado miles de veces durante décadas en el cine e incluso en páginas conspiranoicas, pero no es hasta que ves a la bestia mirarte fijamente a los ojos mientras se relame, cuando el suelo se derrumba bajo tus pies hacia el abismo infinito y las llamas del infierno comienzan a calentarte los testículos hasta que huele a churruscadito, que descubres que hay cosas en esta vida para las que sencillamente no estás preparado.

Ese es el mensaje de la película.

‘John Dies at the End’, es un lunático viaje hacia ninguna parte plagado de grotescos personajes y situaciones imposibles con una narración de un futuro apocalipsis contada en primera persona, en la cual acompañaremos en todo momento al personaje principal (interpretado por un impresionante Chase Williamson) en su particular descenso a la degeneración más absoluta, dando paso a un onírico viaje sin retorno amenizado por uno de los guiones más delirantemente ingeniosos que se haya visto en una comedia de terror en muchos años, porque ‘John Dies at the end’ no es una película simpática, es una película desternillantemente divertida, valiente y además, inteligente, sin tópicos, ni clichés, convirtiéndose en una potente brisa de aire fresco en cada secuencia que da sentido a cosas tan en apariencia innecesarias como útiles, y que debería ser un ejemplo perfecto de cómo debe hacerse una película de género fantástico en pleno siglo XXI y que además resulte retro y actual a partes iguales

‘John Dies at the end’ que está plagada de momentos deliciosos (en especial cuando se mete la explicación -nada aburrida- sobre las propiedades de la “Salsa de Soja”), resulta algo fallida en la media hora final, cuando decide retomar la trama de la conspiración alienígena de otra dimensión paralela para destruir nuestro mundo, el cual debería ser el momento épico en el que el relato debe encontrar su lugar y tiene que mostrar algún tipo de resolución (llegar a algún sitio), convirtiendo la experiencia en algo no tan interesante como todo lo que ha pasado en los dos actos anteriores. Como digo, en el tercer acto el humor se ve forzado y poco efectivo, aun cuando la historia hace todo el titánico esfuerzo del mundo en seguir siendo tan degenerada como al principio (introduciendo una dimensión paralela en donde la zoofilia no sólo es legal, sino que es genéticamente compatible, lo que da lugar a humanos híbridos y demás degeneraciones posibles), culminando en algo que resulta más rutinario y esperado. Esperemos que el filme tenga el éxito suficiente como para generar una secuela (sobre todo si la novela original ya tiene una continuación) y de ese modo, seguir disfrutando de las aventuras de estos dos desvergonzados garrulos.

john dies at the end

Hasta la manera de rodar, pese a estar hecha en el 2012 (y a tope de cromazos), recuerda a esas producciones independientes, pero de corte alto, y maravillosas de la segunda mitad de los ochenta, donde cualquier barbaridad podía suceder al servicio de la diversión más gamberra posible como en ‘Pesadilla en Elm Street’, ‘Viernes 13’, ‘El Muñeco Diabólico’ o ‘Terroríficamente Muertos’. Eso sí, todo ello envuelto por un humor mucho más ácido y menos rancio, cortesía de la más que clara evolución del lenguaje audiovisual a lo largo de todos estos años. Quizás por eso, su tramo final (sus últimos 30 minutos) convierten a ‘John Dies at the End’ en una especie de “spoof movie” de sí misma (una cinta que parodia a otras películas como ‘Scary Movie’), graciosa pero algo descompensada con la atmósfera sobrenatural que planea sobre la primera hora del metraje. Aunque tampoco se trate de una verdadera parodia, parece que la recta final de la cinta busque reírse en parte de la propia obra previa de Coscarelli (aunque algún que otro homenaje al ‘Señor de las Bestias’ no hubiese estado de más). Desde el diseño de producción, hasta la magnífica fotografía pasando por la deliciosa banda sonora, esta cinta se convierte en un auténtico disfrute para los amantes del terror sobrenatural por mucho que el terror no sea la baza principal de la película. Una fabulosa forma de meternos por las esquinas de ese universo frenopático, mágico e incomprensible que rodea a toda la cinta.

En definitiva, estamos con ‘John Dies at The End’ ante una película de “cierta” calidad dirigida con solidez que agradará a todo el mundo que busque un humor oscuro muy logrado y con un ritmo trepidante, realizada a su vez como homenaje a los muchos treintañeros que crecimos con el cine de los ochenta y con una trepidante historia llena de camellos hechiceros a lo Bob Marley, drogas que tienen vida propia, viajes en el tiempo, armas molonas (como un bate con pinchos forrado con páginas de la biblia), fantasmas trastornados, policías psicópatas, perros heroicos, romance juvenil, babosas dimensionales y paranoias de todo tipo, todo al servicio del regreso de uno de los grandes del cine. Concebida como una gran broma desde el principio, esta especie de comedia surrealista sobrenatural es más que capaz de hacerse un hueco en el imaginario del género, siempre que no te la tomes muy en serio.

Así que disfruta del viaje, ríete todo lo que puedas y entra en esta novedosa reinvención del género tantas veces como te sea posible. Esta cinta es una fantástica montaña rusa llena de loopings, giros alucinantes y con velocidades de infarto, pero no de las que te dejan el corazón cardíaco, sino de las que entre risas con la gente a la que quieres, deseas volver a subir.