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Impresiones de un traidor: el fango ensucia el humor

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Mientras escribo estas líneas (es lunes, siete de noviembre de 2016) Guillermo Zapata está luchando por algo que no debería necesitar lucha alguna. Un caso de manual de tergiversación y estrategia mediática, en el que se saca por completo un tuit de contexto, se viste de una maldad que no tenía y a pesar de que la causa se ha archivado varias veces (por lo absurdo de la misma) ciertos grupos con ciertas simpatías políticas siguen con ello.

Dado que el caso es bien conocido, o debería, no voy a entrar en ello. Tampoco en revisar qué ha sucedido y mi opinión de todo ello (de putos locos, por si alguno quiere saberlo), lo que quiero es hablar del humor.

220px-punchEl humor, desde siempre, ha sido el arma del débil contra el poderoso. La sátira política es uno de los mayores y más conocidos exponentes, destacando hoy en día la revista El Jueves o Mongolia, dos cabeceras que en muchas ocasiones son más sinceras y veraces que algunos (o muchos) de los grandes medios.

Si esto es digno de aplauso o de lástima depende. Depende principalmente del lado en el que estés y de si se supone que haces humor o que haces periodismo. O algo que se parece. De lejos. De muy lejos.

El humor es necesario. Es una de las mejores cosas de las vida. Nos hace reír, nos ayuda a reflexionar y nos deja ver otros puntos de vista. Es, sencillamente, algo necesario. Mucho. Más de lo que nos pensamos.

Sí, el humor negro también. Y el obsceno, el bruto, el desagradable. El humor es humor, te guste o no, lo entiendas o no, lo consideres ofensivo o no. Un punto, para que algo sea ofensivo debe haber intención de ofender, si no existe esa intención y tú se la encuentras entonces el que lo lleva dentro eres tú, no el autor; no vayas a por el autor, mejor háztelo mirar.

Un ejemplo que me viene a la cabeza, los extraordinarios Monty Python. Auténticas leyendas del cine y la televisión, con una gran legión de seguidores, respetados a lo largo y ancho del mundo, han hecho algunos de los gags más reconocidos (¡Nadie espera la inquisición española!) desde hace décadas y a pesar de todo ello uno se encuentra a personas que dicen que no son graciosos.

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Ellos, los malditos Monty Python. Reyes del humor y para muchos no hacen humor, no resultan entretenidos, no son capaces de hacer reír. Puede ser, no diré que no, es una cuestión muy subjetiva, lo objetivo es todo su trabajo y éxito, y sí, sí que hacen humor, a muchos niveles además.

¿Hay límites para el humor? Esa es la auténtica pregunta y el debate detrás de todo esto. La respuesta es que no debería, lo que hay son límites para lo que tú encuentras divertido y lo que encuentras ofensivo. Vamos a usar otro ejemplo, en este caso con la ya citada revista El Jueves.

Si alguno es habitual de su lectura, doy por hecho que sí, estará acostumbrado a que cada cierto tiempo alguien escribe quejándose por alguna viñeta que le ha tocado de cerca, que habla de su trabajo, o de una situación que ha vivido. No de él, no de sus circunstancias, no realmente de su profesionalidad, nada de eso. Lo cierto es que esa persona se ha sentido ofendida cuando no debería, ha asumido que algo paródico y generalista se centra en lo suyo cuando no es así.

eljueves2De nuevo el culpable no es el autor, lo que lleva cada persona dentro de su cabeza no es responsabilidad del que crea la página, es responsabilidad de cada uno de nosotros. Ahora es cuando alguno dirá que está muy bien, pero es que eso se debe a que nunca me ha pasado. Bien, más de una vez he escuchado esto y todas ellas me parece una gran gilipollez.

Si alguien piensa que nunca he visto chistes sobre escritores, cómic, periodistas… Seguiría, pero no le veo sentido.

Terminaré citando a un amigo con una frase suya que me encanta: nos la cogemos con papel de fumar.