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Hannibal: Pedorros, pedantes y culturetas everywhere

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Seamos realistas por un momento y reflexionemos sobre el mundo audiovisual. Estamos viviendo la era dorada de la televisión y cada día puedo decir con más convencimiento que la del cine se está llenando de chorradas que no dan para más. Películas llenas de CGI para ocultar la vergonzosa falta de guion, reboots como si a alguien le importase una mierda, versiones de cómic o libros como si pudiesen superar al original, remakes como si, efectivamente, fuesen necesarios o nuevas versiones mierderas de films de antaño con historias que se han contado varios miles de veces (y encima para contarlo peor). Lo peor es que ni siquiera te dan lo que te prometen. Te dicen “una historia cojonuda”, “la mejor masturbación del siglo” en vez de decirte la realidad, vamos que son un “desgarro anal”, una “gigantesca piscina de lefa” o un curiosete “Coprobukkake cultural”. Me gustaría que alguna vez fuesen sinceros y no me dejasen con dudas más que razonables para decidir si voy o no a verme un ñordo al cine, por mucho que me digan las plumas más eruditas del planeta que es la “polla con vinagre”. Por ejemplo si me hablan de banca ética, pues la verdad es que no me lo trago directamente, ya que un negocio como un banco que no busca la pasta no me convence y la prueba esta que alguno de estos se pagan con el dinero de sus clientes extrañas chorradas pseudocientíficas como la educación Waldorf o la agricultura biodinámica (si os lo buscáis por Internet flipareis). O me gustaría encontrarme un partido político sincero que por ejemplo en su programa electoral digan que van a robar cinco millones de Euros y punto, en vez de robar y robar como si no hubiese mañana. Esa es la sinceridad que valoro. Visto lo visto a estas alturas he puesto mis esfuerzos y garantías de conservar mi cordura en el mundo de las series de la televisión. Tras tragarme el Juego de Truños, Basura de Shield o The Walking caspa, mis expectativas televisivas eran realmente bajas. Decidí pedir consejo espiritual a los amigos y me dijeron de verme Hannibal y he de decir que me lo pensé mucho por eso de que me esperaba un truñaco de campeonato, pero me equivoque. Pero antes de empezar de hablar sobre la serie me gustaría retrotraerme un poco.

ManhunterLa historia de todo esto comienza en 1940 en Jackson Tenesse con el nacimiento de Thomas Harris, que decidió hacer de la novela negra su forma de vida. Su primer Best Seller, Domingo Negro fue su comienzo en el género y se puede decir que no estuvo nada mal. Esta novela narra un complot de un grupo terrorista palestino para cometer asesinatos en masa durante la Super Bowl en Nueva Orleans, con un dirigible cargado de explosivos. Tuvo su éxito, pero no sería hasta seis años después cuando lograría dar en el clavo y eso que incluso esta novela tuvo una adaptación al cine de John Frankenheimer y protagonizada por Robert Shaw y Bruce Dern. Así pues, después de este libro, en 1981 saca su primera novela en la que sale Hannibal Lecter llamada ‘Dragón Rojo’ (El título hace referencia a la obra pictórica de William Blake El gran dragón rojo y la mujer revestida de sol) y a partir de aquí se convirtió en un escritor admirado por su personaje (aunque en Dragón Rojo sea solo un personaje secundario) el psiquiatra Caníbal Hannibal Lecter. Tiempo después del éxito comercial de la novela, aparecería en la ecuación el italiano con más pasta del planeta por aquel entonces: Dino de Laurentis, admirado por mí por haber producido ‘Conan el Bárbaro’ de John Milius y haberle tirado a la puta jeta el guion de ‘Dune’ a nuestro cada día menos admirado “Jodoflorodowski”. Si por algo era conocido este hombre, era porque se olía los chollos a distancia, así que De Laurentis produjo la primera película donde aparecía el personaje de Hannibal Lecter escrito por Thomas Harris: ‘Manhunter’ dirigida por Michael Mann en el 86 y protagonizada por William Petersen como Will Graham (Conocido por ser Grissom de CSI pero sin el pelo tan cano), Brian Cox como Hannibal Lecter y recordada especialmente por mí por tener el ¿buen gusto? de poner en la BSO de la película el Strong as I am de los Prime Movers  más conocida en mi otro blog por ser la banda sonora de la pelea final de Abraxas Guardián del Universo. Tal vez por su discreto resultado comercial (tirando más hacia el fracaso y la decepción completas), De Laurentis renunció a producir la secuela escrita por el mismo autor, ‘El Silencio de los corderos’, de lo que se arrepintió profundamente, más que nada por el éxito comercial que obtuvo y los Oscars que cosechó la versión dirigida por Jonathan Demme. Lo que sí que hizo fue producir las dos películas posteriores sobre Lecter: ‘Hannibal’ del 2001 y una nueva versión de ‘Dragón Rojo’ en el 2002, bastante apestosas por cierto y que pasaron por el panorama cinéfilo sin pena ni gloria. Esta última era realmente una precuela, a modo de nueva versión de la semi olvidada ‘Manhunter’, película que De Laurentis consideraba fallida y que por mi parte es mejor que las que se hicieron en el 2001 y 2002 sobre Lecter. Con el tiempo también produjo ‘Hannibal Rising’ en el 2007, otra precuela que se remonta a la niñez de Lecter para narrar cómo se convirtió en el asesino psicópata que todos conocemos, como si alguien le interesase el tema en cuestión.

La verdad es que después del ‘Silencio de los Corderos’, el personaje no lo había petado tanto como los interfectos pensaban y hacer algo sobre él, era sinónimo de quizás no ganar mucha pasta por mucho Anthony Hopkins que estuviese pululando por los escenarios de la película. Pero un guionista único dijo “Yo puedo hacer algo bueno y me la voy a jugar”. Esa persona es un tío admirable de cojones que consiguió lo que quería: Una serie únicamente sórdida, llena de todo tipo de contrastes y a tope de personajes pedantes, y su nombre es Bryan Fuller.

Este guionista y productor de televisión nacido en el 69, estaba llamado a ser alguien grande, aunque al principio nos sodomizase a todos escribiendo episodios de Star Trek, más exactamente de Espacio anal nueve o Star Trek Miervoyager. Aunque fue uno de los creadores de la memorable primera temporada de ‘Héroes’ (y para mi única de la serie), por lo que realmente será recordado por el mundo es por sus sitcom ’Tan Muertos’ como yo o ‘Pushing Daisies’ (convenientemente traducido en España como ‘Criando Malvas’), series de humor negro basadas en tabús sociales tan evitados como la muerte y que os recomiendo veros encarecidamente. Después de eso hizo sus cosillas, pero estaba fraguando en su interior la serie ‘Hannibal’ y así poder meterle un gol por toda la escuadra a la NBC. Está claro que lo consiguió.

Brian Fuller ha llevado su más que conocida obsesión con la muerte a un terreno diametralmente opuesto de las satíricas pero amables ‘Criando Malvas’ o ‘Tan muertos’ como yo. Con su realización, su atmósfera y su manera de enfrentarse a este original thriller de género policíaco negro se ha desmarcado del género de la televisión típica y tópica, dando como resultado una serie relevante, atrevida y que no deja indiferente a nadie, sea positiva o negativamente. Este hombre ha convertido algo que no daba para nada más en una serie cojonuda, aunque pienso que su sitio lógico no está en una cadena en abierto, sino en un canal de cable tipo HBO cuyos espectadores saben perfectamente a lo que van y que no sientan repulsa hacia lo que ven en la pantalla catódica. Porque, seamos realistas, ‘Hannibal’ llega a ser muy repulsiva y sórdida, aunque reconozcamos que los platos que cocina Lecter-Mikkelsen en su cocina de ensueño, por mucho que estén hechos de vísceras humanas (y concebidos por el más que pelma gurú cocinero español José Andrés), nos hacen salivar a veces y otros nos pueden parecer una cutrez absoluta (ese jamón que corta un Hannibal Lecter, parece más bien la pata de un cerdo poli-toxicómano).

El punto de vista desde el que se narra es importante y es uno de los mayores aciertos que ha tenido ‘Hannibal’ de cara a plantear un relato tan oscuro a través de los ojos del personaje protagonista. La serie empieza de una manera a la que no nos tienen acostumbrados por estos lares, con el espectador caminando hacia atrás junto a Will Graham, un criminólogo con tanto nivel empático que se coloca en la piel de los asesinos en serie a los que tiene que analizar. Ya desde este momento tan temprano del episodio y de la serie se establece el estilo narrativo con el espectador en el que estaremos inmersos continuamente, que comprende inmediatamente el modus operandi de Will cuando se enfrenta a una escena del crimen, lo que permite que esta relación del protagonista con la audiencia vaya evolucionando a medida que avanza la serie. Para el espectador no es lo mismo ver a un grupo de policías random recoger pruebas tipo CSI y hablar de lo horrible que es un asesinato que vivirlas en primera persona y ser testigos de imágenes tan enfermas y surrealistas como la de Will asesinando a una familia entera de las maneras más crueles y sórdidas posibles. En esta serie nunca se cortan en mostrar o sugerir.

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Con el paso de los episodios vemos cómo el meterse literalmente en la mente de un asesino afecta el estado mental del protagonista. Ese alce negro que siempre le acosa en momentos deliciosamente oníricos finalmente pierde el control y le alcanza cuando Lecter descubre que lo que le ocurre a Will es neuronal y fisiológico además de psicológico. El impresionante aspecto técnico de la serie sigue a la par la evolución de Will, y envuelve su más que evidente falta de cordura con una atmósfera cada vez más enfermiza, más oscura y más confusa. La narración de la pérdida total de la conexión de Will con la realidad se combina con un uso virtuoso de la música, del sonido, del ambiente claustrofóbico, de un montaje deliberadamente confuso que convierte al espectador en él, y para cuando alcanza el punto álgido de su neurosis, uno no sabe realmente si lo que vemos es cierto o es fruto de la manipulación de otros que han aprovechado su debilidad mental para hacerle creer cosas que no son así. Han conseguido una empatía tan total con Will, similar a la que éste consigue con los criminales, que continuamente dudamos con él. La principal diferencia entre Will y los asesinos que investiga, radica en que el nunca cruzara esa línea y cree estar durante cierto tiempo bastante alejados de ellos, aunque continuamente parezca que no es así.

Pero si el personaje de Will es maravilloso, no podemos dejar atrás a Hannibal Lecter, magistralmente interpretado por el actor danes Madds Mikkelsen. Este actor conocido por palmarla en una película de James Bond porque es el malo de turno al que le tiene que dar pasaporte un espía de la pérfida Albión, nos demuestra que al fin a defenestrado al pedorro de Hopkins en el papel de Lecter. Aquí se muestran sus comienzos como Psiquiatra (encima el del Will Graham), sibarita obsesivo, y manteniendo una fachada con el mundo real que ignora su macabra afición de matar y cocinar personas de una manera tan pedante. Mads Mikkelsen luce como nadie las corbatas horteras (Que junto a su careto danes imperturbable aun parecen más sórdidas) que caracterizan al Lecter de toda la vida y el impermeable traje transparente que utiliza para los trabajos más sucios y con el que no necesita perder estilo mientras asesina, corta o hace lo que le toque en ese momento. Estos dos protagonistas logran que sus personajes adquieran unas dimensiones y una profundidad muy complejas que juegan continuamente con la mente del espectador, llena de matices en la que cada sentimiento y cada expresión se convierten en un personaje más. Incluso las recetas del macabro Hannibal son un elemento de lo más vivo en la serie. Puede decirse que Mads Mikkelsen ha conseguido hacer suyo un personaje que fácilmente podría haber quedado a la sombra de la sobrevalorada e icónica interpretación de Anthony Hopkins, llegando a superarle ampliamente. Haga lo que haga, nunca pierde ese porte elegante y sereno. Brian Fuller juega desde el primer segundo con los conocimientos previos del espectador sobre Hannibal Lecter, que sabe sobradamente sobre su exquisito paladar y este asiste a desayunos, comidas y cenas desde una perspectiva en la que un desconocido sobre el universo de Lecter quizás no podría disfrutar tanto. Es más, ese universo de dobles sentidos en las conversaciones y esos hilarantes cortes de imagen que pasan de una amenaza del psicópata psicólogo a la pedantería gastronómica se convierten en un elemento más de la historia que poco a poco se convierte en un elemento importante a tener en cuenta. El espectador vive la degeneración mental de Will y a la vez se observa en primera persona como se deja manipular por las dos caras de Lecter. Y aunque la serie llevase su nombre, Lecter arrancó como un secundario que poco a poco se ha ido comiendo (literal y figurativamente) la serie con su plan maestro para llevar a Will al límite moral, aprovecharse de su más que evidente falta de cordura y el de Abigail Hobbs para manipularles a ambos según le interesaba en cada momento de su evolución, y llevando al espectador a un desenlace algo frustrante pero a la vez estimulante. Por supuesto siempre jugando con las duplicidades lingüísticas. Todo se debe a que Bryan Fuller, cada vez que ha hecho una serie, esta ha acabado injustamente cancelada en su segunda temporada. Por suerte nos queda más por ver.

Por supuesto el resto de secundarios son meros personajes percha que se usan continuamente para avanzar en la trama, como Laurence Fishburne alias el hermano más negro de Matrix y aficionado a las “nigger fester” en Sion que no aporta mucho que digamos a la serie aparte de estar de mala hostia todo el día, comer de gratis en casa de Lecter y meterle gritos y latigazos a sus empleados, Caroline Dhavernas como la otra doctora de perfiles del FBI que decide ser un personaje florero que ni aporta nada y que solo sirve para demostrar que va a la contra de todos follándose al cabrón de turno solo por joder, en este caso Lecter, o con su elegancia pedante Gillian Anderson haciendo de la misteriosa psiquiatra de Lecter, que mantiene el misterio de cuánto sabe o a adivinado de su paciente y haciendo otra vez el papel que le llevo a la fama, la de la agente Scully, pero esta vez con rollo psicológico. Si bien es cierto que el resto de personajes han quedado bastante estériles y evidenciados como poco más que herramientas dentro del juego de la serie son sus dos personajes protagonistas, Will y Lecter el tándem más maravilloso posible, que con sus hombros sostienen el peso de la serie como si de un Atlas de la actualidad se tratasen.

Como nota negativa es sin duda que en muchos momentos la serie se vuelve algo lenta, reiterativa en ciertos aspectos menores y sobretodo en una pedantería extreme. Me explico. Todo el mundo en la serie es un erudito de la literatura, una persona que tiene un vocabulario al nivel del libro gordo de Petete o es profundo y algo gafapastoso. Hasta el asesino de turno que es yo que sé, un violador de cabras homeless que de vez en cuando mata gente (es un ejemplo, claro), probablemente te hable con un vocabulario más digno de las obras de Shakespeare que uno más común y moliente, y eso le quita cierto tipo de verosimilitud. Puedo entender que los protagonistas lo hagan, pero joder ¡el resto no, hostias!. Aun así es un detalle menor que no llega a empañar el resto de la producción.

En Resumen: Bryan Fuller ha acabado convirtiendo la vida y milagros de Will Graham y Hannibal Lecter en una historia grotescamente entretenida, enfermiza, juguetona, claustrofóbica y oscura, que ha sabido manejar todos estos elementos en una progresión geométrica magnífica de los episodios y que ha jugado con los elementos mitológicos de la serie para atraparnos y no soltarnos nunca más. O si, quien sabe que le deparara el futuro.