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El valor de la amistad y la educación en el cine de los 80

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Leyendas como ‘Los Goonies’ y ‘El club de los cinco’ son claros ejemplos de cine de los 80. Películas que demuestran el valor de la amistad y la importancia de la educación

El séptimo arte, como todos los artes, es un elemento transformador de nuestra sociedad. Esto quiere decir que no sólo sirve como puro entretenimiento, a pesar de que en los últimos años haya variado bastante su identidad. El paso del tiempo, especialmente las nuevas tecnologías, han provocado una oscilación hacia la sociedad del espectáculo. Aunque lo bueno del arte es su anacronismo. Siempre se pueden rescatar obras del pasado si el presente pierde de vista el rumbo. Y el cine ha otorgado un gran arsenal de posibilidades en el apartado educativo.

El valor de la amistad

Los años 80 fueron especialmente prolíficos en este aspecto. Películas como Los Goonies (Richard Donner, 1985) ponían de manifiesto la importancia de la amistad. Un aspecto tremendamente relevante en la vida del hombre y muy cercano al amor. Por no decir sinónimos. La historia de Mikey, Bocazas, Gordi, Data, Brand, Andy y Stef en busca del tesoro de Willy el Tuerto para salvar su hogar va mucho más allá de la propia acción. Sublima la trama hasta alcanzar ese orgasmo al son de “Nunca digas muerto”. No te rindas. Jamás.

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Misma lección, pero distinto corte el de El club de los cinco (John Hughes, 1985). Esta película, protagonizada por adolescentes, es uno de los grandes filmes sobre la educación que se han filmado jamás. Obligados a pasar una jornada de castigo en el colegio, cinco estudiantes completamente distintos entre sí se ven forzados a compartir espacio. En ese tiempo descubren que las diferencias que hay entre ellos son puramente estigmáticas. Superar los prejuicios es la moraleja de la cinta. Brillante como pocas.

Mirar la vida más allá de la propia vida

Otro tipo de películas similares son El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989) y Reality Bites (Ben Stiller, 1994). La primera de ellas es un aprendizaje muy distinto al mencionado antes, pero conservado algún rasgo. Este se nutre de las grandes obras de la literatura universal y de un Robin Williams fuera de sí. La profundidad en la mirada y la voz del fallecido actor otorgan matices tan verdaderos que, cuando él dice “Carpe Diem”, nosotros sólo podemos contestar: “Oh, capitán, mi capitán”.

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En cuanto a Reality Bites, más bien es un reflejo de una época. De una generación. La denominada Generación X que tan bien representó el sonido de Seattle y a la que, sin querer, puso nombre Douglas Copeland con su novela homónima. La música de Nirvana, Pearl Jam y Alice in Chains. Los pantalones desgastados, las camisas de cuadros y las gorras para atrás. Revolución desde el sofá. El disparo de Kurt. La vida más allá de la vida.

Experiencias alternativas audiovisuales

Hablando de Robin Williams, no podemos obviar una cinta tan profunda como El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997). En ella vemos cómo el conflicto interno de un adolescente y las barreras impuestas por su condición de nacimiento son mucho menores que el poder de la inteligencia. Barreras que algunos quieren derribar para sus propios fines, sin preguntar al joven Will si quiere o no un futuro prometedor. Quizá una vida mucho más sencilla sea lo suyo. Lo mismo que le pasó a Aquiles antes de Troya, querida Tetis. Eligió la inmortalidad.

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Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) también es una brillante muestra de educación en el cine. Los Hoover, una especie de familia Leguineche a la americana, se enfrentan a la cruel realidad: no son normales. O, más bien, están fuera (y muy lejos) de los cánones de normalidad dictados por la sociedad occidental. Con ellos aprendemos a arrancar en tercera una furgoneta Volkswagen, a leer a Nietzsche y guardar silencio y a ver cómo Olive, sin serlo, es la reina de la belleza de nuestro corazón.