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El Juez o como Iron Man nos hace creer que sabe de derecho penal

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La historia de mi vida esta llena de terribles decepciones fílmicas. Ya cuando piso una sala de cine, voy directamente con las expectativas bajas. Cuando digo bajas me refiero al nivel del núcleo terrestre. Bueno no, más bien sobre esa zona cercana que esta a tope de magma de Pokemon mal rolleros.

David Dobkin creador de verdadera bazofia cinematográfica como ‘Los rebeldes de Shanghai’, ‘De boda en boda’ o ‘El Cambiazo’, coge la batuta a lo Luis Cobos y llega al nivel de la casi redención en esta especie de TV Movie de Antena 3 de sobremesa, que tiene como principal interés masturbatorio el ver frente a frente a Robert Duvall y Robert Downey Jr, y no a Rutger Hauer con Robert Downey Jr. como me hubiese gustado. Es de esas películas alemanas tan épicas que me trago todos los sábados después de comer a la cual parece que le han cambiado los borrachuzos actores que han conquistado Mallorca, por estrellas que están dispuestas a estamparse de morracos en la clásica y tan comentada piscina de lefa de la que hablo continuamente en todos mis post. Aquí nos encontramos ante mucho tiempo rodado y montado (¡¡¡¡¡141 minutos!!!!!), mucho cliché y poco espacio para las sorpresas o los puntos de giros que te dejarían con la boca tan abierta como la de Tony Canto después de poner a parir al colectivo de actores de doblaje. Podría decirse que están son las vacaciones para Robert Downey Jr. entre películas en las que hace de Iron Man, ese otro borrachuzo objetivista que admiramos todos.

El resultado es una especie de thriller judicial de pueblacho de la América casi profunda como los que nos tragábamos en los tórridos 90 y un Robert Duvall en un papel hecho específicamente para el. La verdad es que la unión de Roberts funciona, pero la historia en si no da para mucho, convirtiendo el espectáculo en algo especialmente largo (¿he dicho 141 minutos?) y en momentos algo artificial, vagamente dirigido por el director, que realmente parece que le ha pasado el marrón a su querido sobrino, ese que estudia en la Universidad de Berkeley algo que llaman “Carrera de Cine”. O eso o que tras hacer tanta mierda, al fin ha sabido dar en el clavo y hacer algo que pueda suscitar interés en el publico congregado en la sala de cine de turno. La decepción más grande es que un actor de talento como Billy Bob Thornton solo esta por allí dando réplica a Robert Downey Jr (Que aquí hace de Tony Stark otra vez), y acaba estando bastante desaprovechado. Al final te quedas con el regusto amargo de ser espectador de otra historia más que vista en el cine una y otra vez que no aporta nada nuevo. No hablo de otra cosa que de los dramas familiares que nos meten siempre que pueden y que son más para disfrutar un sábado por la tarde incrustado en tu sofá, pero este debería ir a verse al cine ya que el ambiente imperante en la sala, sin duda me hizo mas placentero este film.

Aun así, ‘El Juez’ es una película de juicios a lo Perry Mason un tanto distinta a las demás películas o series de este tipo que nos hemos visto, ya que la trama judicial (centrada en la acusación de asesinato al veterano juez, a su vez, padre de Robert Downey Jr) en realidad es solo un Mcguffin para hablarnos del distanciamiento entre un padre y un hijo a través del espacio y el tiempo (el verdadero tema de la cinta), donde precisamente la forma de tratamiento de todo lo que rodea al juicio propiamente dicho está subordinada a la premisa principal. De todas formas he de confesar que el director David Dobkin consiguió arrancarme cierto interés a raíz del crimen propiamente dicho, aunque en ningún momento sea realmente lo más importante de la película. Me preguntaba continuamente si ese juez gilipollas había sido el culpable de aquel delito. De hecho la historia de ‘El Juez’ está hasta los topes de un tratamiento meramente comercial y se torna previsible, sensiblona y bastante forzada en el tramo final del tercer acto. Eso no quiere decir que no tenga algún que otro gag cómico cercano al del tartazo en la cara (el del vómito) que sólo tiene gracia la primera vez y punto final. Pero también está plagada de grandes secuencias medianamente calculadas, sobre todo dramáticas (la del baño de los dos Roberts, la escena del tornado, cuando hablan en medio de la carretera). La película, a pesar de los más que claros altibajos, consigue convertirse en una experiencia medianamente placentera, y en cierto modo, irrepetible.

Por supuesto el principal atractivo de la cinta es el duelo interpretativo entre Robert Downey Jr. y el más que experimentado actor Robert Duvall, toda una leyenda viva de la época dorada de Hollywood, venerado por generaciones de plumas eruditas y dicharacheras de la blogosfera desde su primera e inolvidable aparición en las salas de cine de entonces en Matar un ruiseñor de 1962, curiosamente otra película de juicios. Hasta cuando la historia empieza a seguir la rutina de un champiñón del Super Mario Bross, (Para mi que sobra por lo menos media hora de metraje) el trabajo de los actores salva la película por encima del guión y del trabajo de la gente que se congrega en la sala de edición del film. Algo (por cierto) no demasiado frecuente y por eso mismo sorprendente, es el hecho de que solo los actores con sus magnificas actuaciones consigan que la cinta sea mucho mejor de lo que es y alcance su merecido lugar en algún rinconcito de nuestro corazón.

Básicamente nos cuenta la historia de como Hank Palmer (Robert Downey Jr.), un abogado sin escrúpulos (calco de Tony Stark), regresa a su pueblacho de habas tras la muerte de su madre para asistir al funeral. La relación que mantiene con su padre (Robert Duvall) no es nada buena desde que se largo de allí para triunfar en la “capi” y los rencores del pasado empiezan a aflorar desde que se ven otra vez, tras tantos años de ausencia. Cuando está a punto de coger un avión para regresar a Chicago recibe la llamada de uno de sus hermanos para comunicarle que su padre, que además es el juez del pueblo, es sospechoso de haber cometido un asesinato. Su decisión personal de llevar el caso lo lleva poco a poco a restablecer con su familia y gente de su pasado, una relación que estaba más que reventada. “Los inocentes no pueden pagarme”, ya desde su previsible arranque, los tópicos empiezan a campar a sus anchas por el metraje (¡¡¡¡141 minutos joder!!!!!), en esta historia hecha a partir del guion de Bill Dubuque y Nick Schenk, que parece que no calcularon muy bien como solucionar ciertos agujeros en el libreto. Este guión se convierte en cientos momentos en una propuesta anestesiante y tranquilona, que te habla de que tienes que volver a casa (no especialmente por Navidad) y solucionar los problemas que dejaste atrás. Vamos, que hay que echarle huevos y solucionar las cuentas pendientes. El parecido con un telefilm es alucinante como podéis ver. En el apartado técnico puede decirse que te deja muy satisfecho, a excepción de la sobrecargada fotografía de Janusz Kaminski, que no se sabe muy bien porque intenta suplantar o competir con el rey de los brillos epilépticos J.J Abrams. Por su parte ‘El Juez’ se convierte en una intensa carrera de fondo entre los actores protagonistas por ver quién chupa más cámara de nadie, convirtiendo en ciertos momentos la sala de cine en una especie de vórtice de egocentrismo, solo al nivel de ciertos programas de la televisión española. Pero si los actores principales están cojonudos, el elenco de secundarios resulta inmejorable. Pisándole los talones muy de cerca a los protagonistas nos encontramos con una exuberante Vera Farmiga encarnando a la ex-novia de la juventud del personaje de Downey Jr., o a un encantador de serpientes como Billy Bob Thornton, que enriquece las escenas del juicio dotándoles de un interés añadido (sobre todo cuando le hace una confesión a Tony Stark…esto…Hank), aunque para mi gusto este algo desaprovechado.

¿Merece la pena ir al cine a ver esta película? Yo diría que si. Tiene muy buenos ingredientes, que al ser cocinados te deja un plato con muy buen sabor y buena presencia: un drama familiar bastante bien rodado, excepcionálmente interpretado, con un buen ritmo (aunque a veces tenga bajones curiosos y sea demasiado larga), alguna que otra dosis de humor y un buen puñado de buenas escenas. Eso si, no os esperéis muchas sorpresas en el desarrollo del film. Sólo por los momentos de buen cine que contiene, podría decirse que merece el precio de la entrada de tu cine mas cercano.