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‘Daredevil: La autobiografía de Matt Murdock’,más maduro, menos oscuro, pero siempre metido en problemas

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Con la excusa de escribir su biografía, Matt Murdock (Daredevil) recuerda su pasado y decide cambiar su presente. Pero nunca puedes dejar atrás todo, y cuando al final regresa, es doloroso.

Mark Waid ha conseguido lo que muchos no creían ya posible, recuperar la luz en un mundo de dolor y tinieblas como era el de Matt Murdock. Y lo ha conseguido madurando al personaje, con varios cambios importantes, incluyendo una remuneración de la serie, y sobre todo, con buenas historias.

tumblr_nn61xss3Kh1t1xi2ao1_1280En esta Autobiografía de Matt Murdock nos encontraremos con mucho que leer, no solo la recapitulación de la vida de Matt Murdock, esa anécdota con Ojo de Halcón merece ser enmarcada. El enfrentarse al pasado, Waid cierra su estancia en Daredevil dejando una sola cosa clara, este diablo ha cambiado, no tanto para ser otro, sino lo suficiente para poder avanzar sin tener el peso del dolor pasado, sin el miedo a ser un amenaza para todo aquel que le rodea, dejando que la responsabilidad sea una carga para todos aquellos que la quieran compartir, y que no tiene que llevarla el por todos los que están en su vida.

Mark Waid es uno de los guionistas con la estancia más larga en el título de forma ininterrumpida, ya son 4 años de trabajo, y no se iba a ir dejando nada menos que una obra seria, colosal en cuanto a la extensión y a lo que ha significado, la madurez de un personaje. EL arrogante héroe, el depresivo hombre dejan paso a un hombre cariñoso con los suyos, fuerte y a la vez sensible, que pelea hasta su último aliento, que no tiene miedo de hacer lo correcto. Ya no se arrastra en las dudas o se deja golpear por la culpa, la siente, la sufre, pero ya no vive por y para ella.

El gran evento de este tomo, aparte de ese traje horrible rojo y negro que Daredevil decide llevar para trabajar como abogado y superhéroe ahora que su identidad es pública, es el fin de Waid en la colección, y antes de irse, acaba el trabajo, dejándonos un Murdock que tiene que demostrar que ha cambiado, no solo estilísticamente hablando. Con el fin cerca, las Secret Wars, y a sabiendas que se terminaba su tiempo, Waid decide cerrar su “iluminación” de Daredevil enfrentándolo a sus más poderosos demonios, los de su pasado. En un final perfecto para un drama shakesperiano, su “enemigo” vuelve para un último enfrentamiento. El cómo llega, resulta ser providencial, volviendo a colocar a Matt en un punto de partida nuevo, desde el que tiene que hacer un trato con el diablo para poder ayudar a los suyos, como antaño vuelve la oscuridad al personaje, pero esta vez ya no puede vencer y quedarse en ella, en esta ocasión luchará por vencer y llegar a la luz.

Daredevil_22_Preview3_thumbChris Samne completa su andadura en la vida del Hombre sin miedo, el autor de trazo sencillo y dinámico nos deja un trabajo que convierte el mundo de Murdock en un ambiente limpio, luminoso, pero no siempre. En este tomo podemos ver que el americano también es capaz de desenvolverse con soltura en un cómic más oscuro, con más sombras que negros, un mundo gris en el que Daredevil lucha por volver a la luz, por encima de sus problemas y enemigos. Samne prima el contar la historia, y se desenvuelve muy bien con Waid, que utiliza los personajes para contar más cosas dentro de sus tramas, ya que sus protagonistas expresan en pocas líneas más vida y gestos que muchos autores con complicados dibujos.

Acaba una etapa brillante y única del Diablo de la cocina del infierno, aunque ya no esté en la Cocina, y con más tiempo habría que repasar toda la etapa con más minuciosidad, ya que hay mucho más de lo que en este tomo se finaliza. Desde que Frank Miller dejara el titulo, Daredevil ha sido un personaje que bailaba en el filo, siempre más cerca de la oscuridad. Quizá la época de Karl Kesel intentó alejarlo un poco, pero parecía más un intento de recrear al loco personaje de los 60 que una obra seria. Waid ha dejado que esa línea se aleje, es un héroe, y puede acercarse muchas veces por sus clásica dicotomías, abogado/justiciero, diablo/católico. Pero esa esquizofrenia que lo convertía en un personaje borroso, que tantos guionistas como De Matteis , Bendis, Brubaker o Diggle habían llevado al límite y alejado, se ha quedado atrás, el limite está claro, el personaje está definido, y ya no es un arrogante que decide el destino de todo según el sentido del bien que decida su propia responsabilidad. Ha madurado, ha crecido, y ahora su mundo es más completo. Como bien dice en el final de este tomo: “Puede que no tenga vista, pero no soy ciego”

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