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Crítica de ‘Rock The Kasbah’. Otro despropósito de Barry Levinson

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En Rock The Kasbah’, Barry Levinson trata de escapar del retrato áspero sobre la decadencia de Al Pacino en The Humbling’yéndose a parar al retrato del promotor musical, al retrato de una cultura entregada a la ignorancia, a la incredulidad del espectador, quien desconoce a qué viene tanta desidia cinematográfica.

Rock The Kasbah’ es un intento de acertar con un dardo sobre múltiples hilos para dar en el punto en común. Algo que se escapa de las manos de un Levinson que enmarca una temática seria e interesante en una comedia de las que pasan desapercibidas.

Kate Hudson y Bill Murray en Rock The Kasbah

Una película que avanza a trompicones, sin saber con certeza el rumbo hacia donde suelta coletazos, ni el destino final donde le espera un muro de hormigón que va desde el suelo hasta el límite del cielo. Como homenaje a la causa de una valiente que decidió cantar y bailar en un programa de talentos emitido en Kabul (Afganistán) no funciona, pero lo hace muchísimo menos cuando los chistes fútiles son empleados como medio sarcástico para menospreciar culturas, costumbres y profesiones. Ni el guión acierta, ni tampoco lo hace una realización anticuada, sin ritmo, con una fotografía que es el síntoma del producto; no destaca ningún aspecto que merezca la pena observar o sentir porque, simplemente, no lo hay. ‘Rock The Kasbah’ no es una obra dañina per se, intenta ser amable en todos sus propósitos, en todos sus giros narrativos, aunque el resultado queda en mitad de una niebla, una niebla formada por la sobrada condescendencia con la que Levinson y Mitch Glazer ejecutan esta historia tan irreverente como larga. Resulta sorprendente la capacidad que demuestra la historia para reinventarse sobre cualquier excusa con tal de atar los cabos y creerse en posición de, desde la emotividad, “despertar del letargo a todos aquellos fanáticos que no conocen el verdadero camino de la verdad“. Una nueva muestra de cómo el patriotismo llega hasta los confines de una trama inocente pero terriblemente ejecutada. Levinson se aprovecha del cartel para llamar al público, pero lo desperdicia cuando este último, sentado en su butaca, aprecia el camino equivocado y abandona la sala sin dos cañas menos con las que tragar el pastel audiovisual. Es una pena que teniendo una historia conmovedora desde la que poder fabricar un puente entre perspectivas, desde el respeto, se atente contra la integridad de una comunidad como si la incredulidad de Bill Murray en pantalla aliviase la herida.

Incomprensible cómo se puede tirar por la borda el haber pagado el caché de Kate Hudson, Bruce Willis o Murray para dejarles al nivel de una Zooey Deschanel a la que, como siempre, encasillan en el papel de *incluya profesión* fracasada, para colocar su nombre en el cartel  y recaudar por inercia. Otro despropósito para el director que, 30 años atrás, filmase la genial Rain Man. 

‘Rock The Kasbah’ es un error de concepto como intento de lección y no de reflexión, de desarrollo por sus incongruencias narrativas y de finalización por la decepción de observar como se abandona un proyecto con una importante carga real que únicamente aparece en los créditos del final. Levinson ha optado por la religión cinematográfica que menos adeptos ha captado a lo largo de la historia; la sátira sin talento ni respeto.