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Crítica ‘Grand Piano’: Fallar la ‘última nota’ y esperar que el público no se dé cuenta

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Póster grand piano

Se estrena el próximo viernes 25 de octubre en los cines españoles la última película de Elijah Wood (Frodo en la trilogía de “El Señor de los anillos”), teniendo en la dirección al alicantino Eugenio Mira (“Agnosia”) y en la producción al director internacional español Rodrigo Cortés (“Enterrado”). La cinta también cuenta con las actuaciones de John Cusack (“El mayordomo”) y Kerry Bishé (“Argo”).

El argumento se centra en un pianista de fama mundial, Tom Selznick (Wood), que lleva cinco años sin actuar; después de que se bloqueara en su última actuación y no pudiera terminar de tocar “La cinquette”, creación de su maestro y catalogada como la “obra imposible de tocar”.

Prácticamente obligado por su mujer, la actriz más famosa del momento (Bishé), volverá a los escenarios, en un concierto que espera tranquilo y con el fin de recuperar confianza. Pero todo se empieza a torcer cuando entre sus partituras alguien (Cusack) ha escrito que morirá él y su mujer si falla una sola nota, obligándole a completar con éxito la partitura imposible.

“Grand Piano” arranca con unos angustiosos créditos que se centran en describir cada palmo de quien será el protagonista absoluto de la cinta: el piano. Una vez iniciada en sí la película, conocemos a Tom y sus temores. Lo que puede parecer en principio un argumento sencillo, es decir, un pianista que se ve obligado a no fallar una nota o sino morirá, se transforma secuencia a secuencia en un endiablado thriller que rezuma suspense en cada plano o diálogo. Dicho suspense irá aumentando de forma exponencial hasta conseguir perder de vista su objetivo inicial, y transformando la película y perdiendo así toda coherencia el argumento.

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Elijah Wood en Grand Piano

Pero esto no pasa hasta su desdibujado final, el cual destroza el puzzle bien orquestado durante toda la cinta. Resulta curioso que teniendo en la producción a Cortés, que no le tembló la mano a la hora de saber finalizar su film más aplaudido (“Enterrado”), se haya pervertido de tal forma lo que en el ecuador de la cinta se estaba convirtiendo en una obra con un excelente sello hitchcockiano (salvándose las distancias, por supuesto).

Dicho argumento recordará inevitablemente a esa película de Colin Farrel, “Última llamada”, en la que Joel Schumacher (sí, el mismo que le puso pezones al traje de Batman) le mete en una cabina en la mayor parte del metraje, siendo amenazado por la voz de Kiefer Sutherland (“24”). Pero si bien en aquélla, el fallido Alejandro Magno tenía que estarse quieto y la trama brillaba por su realismo; en ésta, el bueno de Elijah Wood tendrá no sólo que no fallar ni una nota, sino conseguir salvar a su mujer, intentar pedir ayuda y averiguar dónde se esconde el villano de la función. Todo ello mientras el público no se entera de nada.

Es ahí donde más cuesta digerir la trama; en el hecho de que el protagonista, nervioso ya de por sí por llevar cinco años sin tocar en público, deba sobreponerse a sus miedos y afrontar con entereza la situación, y más teniendo en cuenta que (tal y como dicen en la película) “el público no se da cuenta si fallas una nota”. Pero todo eso se podría haber salvado si no fuese por su autocomplaciente final, que echa por tierra toda la excelente puesta en escena, la gran ambientación y la formidable banda sonora y recreación del concierto.

En definitiva, lo ideal hubiera sido coger ‘Grand Piano’ y fusionarlo con el final de ‘Enterrado’, transformando la cinta y dándole un final digno y consecuente con la propuesta y desarrollo ofrecidos. Así se habría ganado el sobresaliente.

Lo peor: el final del film, desde que se descubre “el pastel”.

Lo mejor: La excelente puesta en escena, la gran ambientación y la formidable banda sonora y recreación del concierto; así como un Elijah Wood que no deja de sorprender.

@EduQuintana16