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Crítica de ‘Resucitado’

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Fotograma de Joseph Fiennes en Resucitado

Más ligera y banal, que lo que acostumbra a contar el cine hollywoodiense sobre la resurrección del MesíasResucitado no aporta nada nuevo a la historia, salvo un excelente trabajo en el montaje y la música -a cargo de Roque Baños. Explica superficialmente las peripecias de un agnóstico centurión romano, en su investigación por desentrañar la desaparición de Jesús de Nazaret, tras su crucifixión. Aunque ello es un correcto dispositivo para narrar, sin aburrir, Kevin Reynolds prefiere acercarse al entretenimiento puro y sin ambages, en lugar de profundizar sobre una historia que, en el ámbito cinematográfico, aún sigue siendo un objeto embrionario.

Reynolds, como le ocurrió con Tristan and Isolde (2006) o en The Count Of Monte Cristo (2002), se deja llevar por la pretensión taquillera, en lugar de darle al público algo más que una simple estructura narrativa que entretenga y relate, por enésima vez, la historia más grande jamás contada. Sin embargo, en el esplendor de sus imágenes y lo trepidante de su desarrollo, Resucitado se tambalea con una cadencia constante, monótona, dejando lagunas donde bien podría haber explicaciones, situaciones intrascendentes, donde bien podría haber contundencia y rigurosidad. La causa de su protagonista se convierte en un flashbackroad movie poco agraciado, con personajes sin desarrollo y pretextos que, ausentes, no habrían supuesto un drama en la evolución del guión. Baños compone una pieza musical que encaja en el puzzle del cineasta, en la vehemencia con que narra los hechos, en la premisa nuclear; hacer una película que trate de explicar la conmoción de aquel indiscutible centurión, ante el milagro del Mesías, sin caer en el fundamentalismo y aportando un nuevo tono. Y ese tono, dedicado al gran público, se embalsama de lo policíaco, de la aventura, no obstante, sin tensión -craso error, pues el espectador conoce el final. Como relato histórico no se sostiene pues, aunque no fundamental, sí cae en la sensiblería, en lo místico del personaje, en el tópico de un género inmiscuido en una trama explotada. Sin las lágrimas del acérrimo, Resucitado trata de ser amable con la organización cristiana, y también con aquellos agnósticos que, como el centurión romano, anhelen una demostración que les invite a creer con seguridad. Aunque es dinámica, la película no llega al corazón del asunto, no muestra con garantías -sí con un buenismo exacerbado- la evolución del politeísmo al destello espiritual ulterior. Sus limitaciones a la hora de narrar, terminan siendo tajantes entre tanto hierro, tantas sangre, arena y esperanza.

La terquedad de Clavius, su determinación y rigurosidad, quedan perfectamente plasmadas en el trabajo de Joseph Fiennes, quien, contrario a la película, muestra una contundencia en sus acciones que, al igual que la parcela etérea representada por Cliff Curtis, elevan cada secuencia donde aparecen -ello fuera de las aspiraciones por crear una evolución en sus personajes. Pero, la mejor noticia que Reynolds se guardó durante su presentación, fue la cantidad de intérpretes hispanos que adornan el conjunto -Luis Callejo, Antonio Gil, María Botto o Jan Cornet- con suma inspiración -nuevamente, sin evolución. 

Resucitado es un experimento probado empíricamente, antes de formular los componentes de forma que, no sólo entreteniendo, funcionen como un buen ejercicio de historia. Pese a todo ello, la realización se disfruta fácilmente, el ritmo es aceptable y el tono, aunque en su zona de confort, consigue aportar algo nuevo a la resurrección del espíritu cristiano en la Antigua Roma.