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Crítica de Resident Evil: Bienvenidos a raccoon city

Primeras imágenes de Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City

No existe nada más complicado que escribir una crítica sobre una mala película que te ha encantado y eso ocurre con Resident Evil: Bienvenidos a raccoon city

Soy culpable. Me gustaron algunas de las películas de Resident Evil perpetradas por Paul W.S. Anderson y Milla Jovovich. En especial la segunda, que hacía su particular adaptación del ocaso de Raccoon City, con un Némesis que parecía un juguete enorme y la presentación de una acertada Jill Valentine de la mano de Sienna Guillory. Por supuesto, estas películas (que posteriormente desbarrarían con su trama de clones, poderes psíquicos y la mala baba del director al no dejarnos disfrutar de la prometida batalla en la Casa Blanca) eran malas películas y pésimas adaptaciones, que de Resident Evil sólo tenían el título y algún que otro personaje salpicado aquí y allá. En la actualidad se ha demostrado que se pueden adaptar a la gran pantalla de forma efectiva (Detective Pikachu, Sonic, Silent Hill, etc…), tratando de encontrar el equilibrio entre una adaptación fiel y una buena historia que funcione como película.

Por eso tiene todo el sentido del mundo la existencia de un proyecto como el de Johannes Roberts, director, entre otras, de las dos partes de A 47 metros o la segunda parte de Los Extraños (subtitulada como Cacería Nocturna). Roberts da carpetazo a las peripecias de la Alice de Anderson y decide, ahora sí, llevar a cabo una traslación de los videojuegos de Resident Evil al , tomando como punto de partida las historias de sus dos primeras entregas y algunas dosis de RE: Código Verónica. Y fracasa.

No entiendo por qué. Nunca me he considerado un crítico de cine, aunque escriba en esta página, y siempre me he intentado basar en la honestidad para transmitir las sensaciones que he experimentado con una película. Pero esperaba que mis estudios de cine me permitieran saber por qué una película como esta es fallida. No lo sé. Rezuma mediocridad por todos lados, pero a una parte de mí le encanta lo que veo, esta especie de respetuoso festival de cosplay con algunas ideas muy acertadas y otras que uno se pregunta quién ha podido aprobarlas y por qué.

Me fascina la recreación de Raccoon City. Cuando vemos la comisaría por primera vez, es la comisaría que recorrimos en Resident Evil 2 y su reciente remake. Incluso la calle que discurre frente a ella es una copia exacta de la que aparece en el videojuego. La chaqueta roja de Claire Redfield es un caramelo para cualquier fan, así como la presencia de elementos inseparables de los personajes que manejamos en el famoso surival horror, como esa moto, algunas armas y mil referencias más que seguro que se me han pasado por alto (¿de verdad no hay ningún guiño a la combinación de plantas para crear objetos curativos?). Creo que algunos actores están soberbios en su papel, como Kaya Scodelario, una de las actrices más infravaloradas de nuestro tiempo. Scodelario, que ya demostró la energía de una interpretación puramente física en Infierno bajo el agua (2019), que nunca me cansaré de recomendar, y su desenvoltura en películas tan especiales como la trilogía de El Corredor del Laberinto (en mi opinión, muy superior a otras películas contemporáneas similares, como Los Juegos del Hambre y derivados) hace suyo el personaje de Claire Redfield con contundencia y carisma, mientras que Hannah John-Kamen consigue una Jill Valentine cuya personalidad cambia un poco con respecto a la del personaje original pero que, a su vez, hace querer verla más minutos en pantalla. Robbie Amell está correcto como Chris Redfield (aunque el suyo siempre me ha parecido uno de los personajes más sosos de la franquicia) y Tom Hooper consigue crear un arco interesante en un Albert Wesker para el que esta película sólo ha sido la presentación. Más dudas tengo con la labor de Avan Jogia, aunque se debe a que su Leon S. Kennedy es el que más se aleja del personaje que todos conocemos, convirtiéndose en un alivio cómico que, por lo menos, resulta bastante divertido (aunque no puede evitar caer en el ridículo, como en cierta escena que involucra a un cadáver andante en llamas), pero sobre todo con la de Neal McDonough que, aunque en los primeros compases da forma a un villano que mezcla cercanía con un matiz muy perturbador, conforme nos acercamos al final de la cinta da paso a una sobreactuación un tanto hilarante que no va nada con lo conseguido hasta el momento. Algo parecido pasa con Donal Logue, que parece querer homenajear a su Harvey Bullock de Gotham con un personaje que está fuera de tono en todo momento.

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La mansión Spencer está muy conseguida, aunque se hace excesivamente breve (y cómo conectan unos emplazamientos con otros cae un poco en el ridículo). Quizá uno de los elementos que más me ha gustado, y cuya importancia en los juegos no recuerdo, es el orfanato. Durante los primeros minutos me pareció estar viendo una adaptación de Silent Hill, y el diseño de Lisa Trevor es de lo más interesante, así como todo lo que ocurre en ese lugar (aunque la aparición de una criatura mítica de los videojuegos cuenta con una presentación muy interesante y un resultado tremendamente insatisfactorio).

Los diseños también tienen claro oscuros. Me gustan los zombies que aparecen, en especial los vecinos de los Redfield, y algunas criaturas están muy conseguidas. Por desgracia, otras (y estoy pensando en el enfrentamiento final) dejan a la vista todas las costuras de un presupuesto no especialmente elevado y una creatividad que, en ese momento, debía estar en horas bajas. De cualquier modo, y como ocurre con la criatura del orfanato, el enfrentamiento con esta aberración se resuelve lo bastante deprisa como para que no nos deje una huella (en este caso, mala) relevante.

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Resident Evil es un océano de referencias carente de tensión, de secuencias de acción que se nos graben en la retina o de aciertos argumentales que nos hagan cambiar nuestra percepción de los juegos o dar un nuevo enfoque a la película.

Uno de los problemas de Resident Evil: Welcome to Raccoon City es que en ningún momento llegamos a temer por nuestros protagonistas. Los zombies vecinos de los Redfield habrían resultado más aterradores si en algún momento a lo largo de la película tuviéramos la sensación de que Claire corre peligro. Por desgracia, es tal la fidelidad a los videojuegos que sabemos que nuestros protagonistas son intocables, y los secundarios carne de cañón tienen el destino tan escrito en la cara (y, para colmo, resultan tan desagradables o antipáticos) que sus muertes discurren sin sorpresas. Resident Evil no consigue emocionarnos, asustarnos ni hacer que nos preocupemos en ningún momento. Es tan parecida al videojuego que… bueno, ya existe el videojuego. ¿Qué nos ofrece la película?

Tengo ciertas dudas con la dirección de fotografía de Maxime Alexandre (un habitual de Alexandre Aja que ha participado en películas como la ya mencionada Infierno bajo el agua, La resurrección de Louis Drax, Reflejos, Alta Tensión, Las Colinas tienen ojos, Oxígeno o la interesantísima ¡Shazam!). En algunos momentos cae en una textura de serie B que resulta muy estimulante pero que contrasta con el aspecto más formal del resto de la película, y no son pocas las ocasiones en las que el ruido de la imagen es excesivo, dando a pensar que ha habido algún problema durante el rodaje y ha habido que salvar los trastos en posproducción.

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Por otro lado, las decisiones de montaje de Dev Singh (Spiral: Saw, Ghostland) también me generan dudas. Aunque a nivel macro logra que las dos historias paralelas (Raccoon City y Mansión Spencer) discurran con acierto, dentro de las secuencias hay pequeñas estructuras y cortes que me han echado para atrás. Sin embargo, creo que su labor ha hecho más bien por la película que estos puntos que le restan.

¿Qué queda para el recuerdo después de ver Resident Evil? No lo sé. La sensación de que todos los participantes amaban los videojuegos que adaptan, quizá. La chaqueta roja de Claire Redfield. La secuencia de acción en la oscuridad de su hermano Chris. El diseño de Lisa Trevor. La impresión de que no ha sido una buena película pero que me ha mantenido atento en todo momento, disfrutando como un niño. ¿Puedo recomendarla? No lo sé. ¿Se merece un aprobado o un suspenso? No tengo ni idea. Pero volveré a verla. Porque el cine no son solo buenas películas. Porque todos tenemos placeres culpables y Resident Evil (como la saga de Anderson) está destinada a convertirse en uno de ellos.