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Crítica de Reminiscencia: Una película sobre los recuerdos condenada al olvido

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Reminiscencia, la primera película dirigida por Lisa Joy, se estrena el próximo 27 de agosto. Viene acompañada de un aroma a clásico noir y de un rotundo fracaso en taquilla en su estreno en Estados Unidos

Hablar de Reminiscencia obliga a hablar de muchas otras cosas, como del hecho del que se haya convertido en el peor estreno de la historia para una película lanzada en más de tres mil cines. Aunque, teniendo en cuenta el acuerdo millonario de compensación al que Warner llegó con su estrella protagonista, Hugh Jackman, se trata de un fracaso esperado. Da la sensación de que ya no existe espacio para determinado tipo de películas en las salas, y Reminiscencia tampoco parece el tipo de historia que levanta revuelo en las plataformas de streaming. La película, que por sí sola ya posee cierto sabor añejo a clásico noir del siglo pasado, representa también uno de los últimos coletazos de un tipo de cine debe volver a encontrar su espacio en un mundo dominado por las nuevas formas de consumo audiovisual.

En una Miami inundada por el cambio climático y marcada por una guerra de la que poco sabemos, Nick Bannister (Hugh Jackman) ayuda a sus clientes, gracias a una máquina, a sumergirse en sus recuerdos, guiándolos por sus memorias. Su vida cambia cuando llega a su establecimiento Mae (Rebecca Ferguson), que se convertirá en una peligrosa obsesión para Bannister.

Otra de las claves de Reminiscencia es su directora y guionista, Lisa Joy, creadora de la serie Westworld. En ocasiones, la película se siente como una extensión de la serie de HBO, tanto para lo bueno como para lo malo, y no sólo por utilizar a parte de su elenco (Thandie Newton, como la ayudante de Bannister o Angela Sarafyan como una clienta obsesionada con un recuerdo). Posee esa estética aséptica, fría y elegante, y sus personajes bien podrían haberse paseado por el parque de Robert Ford. Los diálogos a veces caen en una barata pseudofilosofía que, al final, resulta vacía.

Cuesta mucho empatizar con quienes los pronuncian porque la mayor parte del tiempo son seres herméticos, sombríos y antipáticos. Las secuencias se despliegan con una precisión milimétrica, estudiada, más analítica que emocional, a pesar de que la película quiere apelar precisamente a nuestras emociones. Al final se siente más como un puzzle que quiere encajar a la perfección ofreciéndonos una imagen impoluta en vez de una imagen que nos conmueva. Es la estupenda labor en el montaje de Mark Yoshikawa (que también ha participado en Westworld y ha estado al frente de la edición tanto de películas tan indescriptibles como El árbol de la vida, de Terrence Malik, o Knight of Cups como de acertados ejercicios de acción, como Los Juegos del Hambre – Sinjajo) la que consigue insuflar de cierta vida y un ritmo adecuado a los acontecimientos que vemos en pantalla.

Crítica de Reminiscencia: Una película sobre los recuerdos condenada al olvido

Reminscencia posee muchas de las obsesiones de Lisa Joy que ya vimos en Westworld. Diferencia de clases, femme fatales y una forma excesivamente cerebral de desarrollar la trama que envuelve un contenido, en ocasiones, vacío.

No es sólo su estética ni su reparto lo que emparenta a Reminiscencia con Westworld. Muchos de los temas que obsesionan a Lisa Joy y que ya vimos en la serie regresan en la película. Su telón de fondo es la marcada diferencia entre ricos y pobres, a través del terrateniente interpretado por Brett Cullen, uno de los millonarios que compró las zonas secas de Miami, condenando a las clases bajas a vivir en las áreas inundadas.

Por otro lado, llama la atención el tratamiento de los personajes femeninos. La Mae de Rebecca Fergunson recuerda en ocasiones a la Dolores Abernathy de Evan Rachel Wood. Mae es una mujer que, ya en su primera aparición, tiene aspecto de femme fatale, y que se mueve entre un siniestro pasado y unos objetivos desconocidos y peligrosos y un matiz mucho más humano: el de alguien en busca de su propia libertad. Por otro lado, la mujer que interpreta Angela Sarafyan bien podría haber sido una de las prostitutas robóticas de Westworld: dominada por los poderosos, su destino está a merced de un hombre frente al que no puede hacer nada.

Hay muchos elementos orbitando en Reminiscencia, algunos muy interesantes, pero falta desarrollo en la mayoría. Quizá aquí se eche en falta la mano de Jonathan Nolan, la otra mente creativa detrás de Westworld y que en esta película ejerce como productor ejecutivo. Hay una escena, casi al final de Reminiscencia, que sí que posee una gran carga emocional y que lleva la obra a otro nivel, dando sentido además a la máquina de Bannister y su papel en la trama. Sin embargo, la secuencia no se siente orgánica. Casi parece que las casi dos horas de duración del filme sirven para justificar esos pocos minutos y que algo ha fallado a la hora de unir orgánicamente toda la aventura de Bannister.

Reminiscencia nos deja muchos otros regalos. Las estampas de Miami inundada, el personaje de Thandie Newton o algunas secuencias de acción, muy bien ejecutadas (como siempre, demasiado bien, quitando naturalidad a lo que vemos). Su homenaje a los clásicos de Hitchcock, con un investigador atormentado que comprende demasiado tarde que está involucrándose en una trama mucho más retorcida y oscura de lo que habría imaginado, también deja un buen sabor de boca.

Reminiscencia es una película que, a pesar de todos sus errores, merece ser vista. No sólo por sus focos de interés, también porque puede que sea una de las últimas películas de este tipo que veamos en pantalla grande. Por desgracia, mucho me temo que esta historia sobre los recuerdos está condenada a ser olvidada tan pronto como abandonamos la proyección.