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‘La bella y la bestia’. Un cuento de hadas de gran belleza

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Léa Seydoux  La Bella y la Bestia

Christophe Gans se ha hecho esperar para volver a dirigir una película tras “Silent Hill (2006)” y “El pacto de los lobos (2001)”. En esta ocasión ha elegido adaptar el cuento tradicional francés ‘La bella y la bestia’, cuya primera versión publicada fue obra de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en 1740. El mismo ha adaptado el guión junto a  Sandra Vo-Anh. Protagonizan esta película francesa Léa Seydoux (Bella),  Vincent Cassel (La bestia),  André Dussollier (El comerciante),  y Eduardo Noriega (Perducas).

Un comerciante se extravía en una tormenta de nieve, con una lista en la que sus hijas han apuntado los regalos que quieren recibir a su regreso. Tras caer desvanecido se despierta en un extraño castillo donde puede comer y beber hasta saciarse, además de encontrar todos los regalos que figuran en la lista, excepto una rosa, que ha pedido la hija menor. Tras partir del castillo se encuentra un gran árbol con un magnifico rosal. Al arrancar una rosa, una bestia aparece encolerizada y le exige que a cambio de la rosa tiene que dar su vida, otorgándole un día de gracia para despedirse de su familia.  Al contar esta historia la hija menor, al sentirse culpable, se escapa decidiendo ir en su lugar.

Comienza aquí la historia romántica de la bella y la bestia, en el que a modo de flash back, se va conociendo el origen de la maldición por la que la bestia habita este escondido y misterioso castillo. Con unos escenarios y  fotografía inmejorables se nos introduce en este mundo de cuento de hadas en el que no deja de sorprendernos el detalle y lo bien elaboradas que están las escenas, que atraen más por su belleza de composición, que por el argumento en sí. Pero lo que en un principio atrae e impresiona, transcurrida la mitad de la película, comienza a hacerse algo pesado, por la lentitud y falta de acción. Aparte, la relación entre la bella y la bestia se reduce al mínimo, porque se dedica mucho tiempo a otras historias, quedando reducido sus encuentros, y no parece suficiente para que surja cualquier tipo de romance. Para sacarnos de esta caída al aburrimiento, por suerte, aparece Eduardo Noriega que con una gran actuación en el papel de Villano, con un aspecto desalineado, y con un comportamiento distinto al resto de idealizados personajes, rompe la monotonía y trae algo de acción. Aún así no hay grandes sobresaltos ni demasiadas ocasiones de drama o suspense. En resumen es una obra de gran belleza, aunque un poco aburrida, pero es una muy buena adaptación de este cuento de hadas.