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Crítica de Géminis (Gemini Man)

En Géminis la tecnología no es un mero telón de fondo como puede suceder con los llamativos cromas de algunas de las más famosas películas de superhéroes

Ang Lee demuestra, una vez más, su interés en las nuevas tecnologías aplicadas al cine. En este caso, no sólo hace un uso muy eficaz de la recreación digital del rostro rejuvenecido de un actor sin caer en el valle inquietante de la princesa Leia de Star Wars: Rogue One, sino que vuelve a la carga con una película rodada a 120 fotogramas por segundo en Géminis.

Ya hizo uso de esta técnica en su olvidada Billy Lynn, que causó mareos y extrañeza en los espectadores. Por hacernos una idea, la trilogía de El Hobbit fue rodada a 48 fotogramas por segundo y, en muchas críticas, se señaló lo antinatural de sus secuencias de acción y la rareza que impregnaba la proyección. Sin embargo, en Géminis, la técnica, ya depurada, lejos de marear, sorprende, convirtiendo las secuencias de acción en unas set-pieces viscerales que, junto a su estupenda planificación y un muy acertado uso del 3D (otra técnica que casi teníamos olvidada y que Lee recupera), han logrado dejarme con la boca abierta. Las largas escenas de acción del cine comercial tienden a aburrirme y cada vez parecen más cortadas por el mismo patrón, pero Ang Lee es un artesano y, el acertado ritmo de montaje que imprime Tim Squyres a estas piezas las hacen destacar por encima de la media. Es precisamente cuando empiezan los disparos y las persecuciones cuando Géminis encandila, aunque el conjunto global no esté a la altura de estas muestras de ingenio.

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Ang Lee en el rodaje de Geminis junto a Will Smith

Además de contar con su montador habitual, Lee se junta con Dion Beebe (director de fotografía que ya se enfrentó a las nuevas tecnologías digitales en ese prodigio de la cámara que es Collateral (2004)), para trasladar a la pantalla la historia de Darrem Lenke y David Benioff. Una historia bastante previsible que narra las peripecias de Henry Brogan (Will Smith), un asesino a sueldo que, tras retirarse, se ve envuelto en los tejemanejes de su antigua organización, convirtiéndose en el objetivo del villano de la función, interpretado por un fantástico Clive Owen. El personaje de Owen mandará a su mejor asesino tras Brogan… que a primera vista resultará ser una versión rejuvenecida – pero casi idéntica – del protagonista.

Por desgracia, la trama cae en tópicos de todo tipo y los temas más interesantes (el legado de padres a hijos, la identidad, etc…) los toca de manera superficial. Will Smith hace otro de sus papeles de Will Smith, interpretando a un asesino a sueldo de gran corazón cuya carga emocional resulta un tanto forzada. La cuestión es que Géminis tiene alma de videojuego, de un videojuego con poca carga narrativa, y los intervalos entre escenas de acción se sienten como un medio para contextualizar – a veces en demasía y con poco tino – antes de pasar al siguiente nivel. Esta alma de videojuego no se ve sólo en sus largas secuencias, que recuerdan a algunos de los momentos más frenéticos y atractivos de juegos como la saga Uncharted, sino que responde a algunas decisiones de cámara en primera persona que te hacen sentir a los mandos de tu consola.

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Crítica de Géminis (Gemini Man) de Ang Lee

Géminis no es la película perfecta, pero representa un avance en el cine comercial que estamos recibiendo en los últimos años. La tecnología no es un mero telón de fondo como puede suceder con los llamativos cromas de algunas de las más famosas películas de superhéroes, sino que envuelve sus dos horas de duración convirtiéndose en una de las principales razones para acudir al cine. Sus escenas de acción resultan inolvidables y con personalidad, y su mera existencia, independiente a las corrientes de moda, sin pertenecer a ninguna franquicia o “universo compartido”, supone una rara avis en peligro de extinción. No hay que olvidar sus errores – un aumento de ritmo en esas largas escenas dialogadas que aportan poco al conjunto reduciría su quizá excesiva duración y dejaría un mejor sabor de boca -, pero tampoco hay que olvidar que el fracaso de Géminis en taquilla sería, también, el fracaso de un cine comercial que aún es capaz de innovar y encontrar nuevas formas de expresión.

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