Inicio Cine Crítica de ‘El Último Cazador de Brujas’

Crítica de ‘El Último Cazador de Brujas’

2972

Vin Diesel no es capaz de brillar en ‘El último Cazador de brujas’

Enmarcar a ‘El último cazador de Brujas’ en las fórmulas del terror es un atrevimiento casi ilícito. La nueva obra fantástica de Breck Eisner, se maneja en el entorno del cuento absurdo y sin demasiadas pretensiones a resultar agradable. De narración caótica, el filme trata de avanzar sin oponer resistencia, con un diseño de producción que, unido a las figuras de Vin Diesel y Michael Caine, ponen en bandeja la compresión de un guión tan prosaico. La simpleza colma la pantalla, sin aportar absolutamente nada, más que dejadez en los planos, diálogos de serie B y personajes desmerecedores para el elenco. El guión escrito por Melisa Wallack y Cory Goodman no es más que un bagaje erróneo repleto de bostezos. Extraña que Nicolas Cage no aparezca detrás de algún decorado.

Pudiendo fabricar una pieza divertida, con más nueces que ruido, Eisner opta en ‘El último cazador de Brujas’ por un desconcierto argumental sin cohesión ni seriedad en. Del vacío narrativo surgen todos los problemas de un filme encomendado a la extravagancia de sus movimientos, movimientos que se alejan de un ideal similar a cantidad de obras que, en contraposición, fueron tratadas con un tono burlesco, afín a sus posibilidades. El caos del inicio se traslada al resto del metraje, incluso se deja ver en los distintos roles que ocupan los personajes. No funciona ni como ejercicio de evasión, ni como entretenimiento a bajo coste, ni como filme sci-fi al uso.

Intenta solventar las carencias del guión con algunos chistes que no hacen más que resultar incongruentes ante la masa de despropósitos que el espectador está visualizando. Eisner se deja llevar por un asombroso diseño de producción, repleto de fuegos artificiales, que emborrona cualquier vestigio de brillantez. He aquí uno de los mayores problemas de ‘El último cazador de Brujas’; el efectismo al que se limita. 90 millones ($) de presupuesto, dedicados al sensacionalismo de una trama que ni siquiera tiene coherencia en su elipsis temporal, trasladando al espectador de un prometedor comienzo de época al mundo actual. Guiños a ‘El aprendiz de brujo’ (Jon Turteltaub, 2010), aunque con suficientes situaciones para otorgar un giro argumental que, desafortunadamente, nunca llega. Previsible, sin la intensidad necesaria para resultar creíble o mínimamente aceptable.

El segundo acto se presenta como un descanso a tan recalcitrante artificio, pero se desarrolla con lentitud, con demasiada discontinuidad. Tampoco ayuda la versión de Paint It Black (The Rolling Stones) para la BSO. En lugar de bálsamo, pronuncia la aversión hacia una pieza que funcionaría mejor como capítulo de Charmed. El desarrollo de los personajes pone de manifiesto ese desaliño que sufre Eisner durante toda la cinta. Sin profundidad, sin evolución tan siquiera en los momentos de mayor “tensión”. Un fracaso absoluto para un director del que se esperaba algo más que explosiones mágicas y hechizos irrisorios.

El ultimo cazador de brujas

Eisner tampoco ha encontrado aliados en las interpretaciones. Y es que ni Diesel, ni Caine, ni Leslie, ni Wood tienen posibilidad de brillar ante unos personajes planos, prosaicos y sin ningún tipo de arco narrativo. Más bien resultan las copias de antiguos papeles fabricados por los intérpretes años atrás. Michael Caine en el mismo contorno realizado en Batman Begins (Christopher Nolan, 2005), Vin Diesel retratado en la tesitura de The Chronicles of Riddick (David Twohy, 2004), Elijah Wood sumergido en la atmósfera de Grand Piano (Eugenio Mira, 2013) y Rose Leslie enmarcada en el papel de Game of Thrones. Un cúmulo de imprecisiones que se dejan llevar por la corriente de la ciencia-ficción sin cimientos, donde la trama no juega el papel protagonista. De hecho, no juega ningún papel.

‘El último cazador de Brujas’ para comprobar, una vez más, que la industria no tiene límites, ni listón de calidad. No hay nada detrás de una fachada realizada para la recaudación del espectador que busca un entretenimiento que no le haga pensar demasiado. Sin embargo, la cinta de Eisner es fútil por dentro y engañosa por fuera, por lo que tampoco facilita ese ejercicio. Cuento de brujas con tintes sobrenaturales, que se mantiene en la inverosimilitud de unos personajes de cartón y un argumento deshecho.