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Crítica de ‘Cruce de caminos’: Gosling y las vidas enlazadas

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Con ‘Cruce de caminos (The Place Beyond the Pines)’, el director Derek Cianfrance nos trae un drama familiar.

Compuesto por tres bloques claramente diferenciados y que a pesar de tener sólidas conexiones entre sí, bien podrían funcionar como mediometrajes independientes.

Cartel de 'Cruce de caminos'Ryan Gosling, quien repite junto a Cianfrance tras ‘Blue Valentine’, interpreta a un joven problemático llamado Luke que utiliza lo único que se le ha dado bien en su vida, el motociclismo, para asaltar bancos y así poder asegurar un futuro a su mujer (Eva Mendes) y a su retoño neonato. En el otro lado de la balanza encontramos a Bradley Cooper, un policía novel que se cruzará en el camino del hombre más impasible de Hollywood.

Y es que Gosling vuelve a hacer gala de la impasibilidad que ya demostró en ‘Drive’ u ‘Only God Forgives’ y, sin embargo, vuelve a llenar la pantalla con su sola presencia, eclipsando a Eva Mendes hasta la nulidad escenográfica. La primera parte de ‘Cruce de caminos’, protagonizada por Gosling, es sin duda alguna la mejor de todo el filme; trepidante, inesperada y con un portentoso plano secuencia que da inicio a la película. El argumento de ‘Cruce de caminos’ cambia por completo al iniciarse su segunda parte.  Más cercana a un negativo ‘Serpico’ que a un filme de atracos, Bradley Cooper deberá hacer frente a la corrupción policial encarnada por Ray Liotta, por enésima vez en la piel de un poli corrupto. El ritmo no decae, pero va abriendo camino hacia el precipitado y poco creíble tercer volumen de la película.

Ryan Gosling y Eva Mendes, en 'Cruce de caminos'

A pesar del tono épico y trascendental del filme de  Cianfrance, ‘Cruce de caminos’ acaba padeciendo los efectos de una estructura narrativa poco acertada, haciendo que las conexiones entre los protagonistas y sus decisiones parezcan fruto de un caprichoso deus ex machina. Gracias a la fragmentación narrativa, otras cintas como ‘Babel’ o ‘21 gramos’, de Iñárritu, han sabido sacar más jugo a ese subgénero en alza llamado coloquialmente como “vidas cruzadas”. Quizá por ello los drásticos giros argumentales pueden llegar a hacer que el interés decaiga durante el último tercio de la película.

Lo mejor: la primera parte del filme y Ryan Gosling.

Lo peor: la escasa coherencia narrativa de Cianfrance, algo que no pasó en ‘Blue Valentine’.