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Crítica de ‘Agente Contrainteligente’

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El sarcasmo de Sacha Baron Cohen sigue estando a la deriva en ‘Agente Contrainteligente’

‘Agente Contrainteligente’, dirigida por Louis Leterrier (El increíble Hulk), es una parodia sumamente conservadora y disfuncional, una parodia que peca de mitómana en repetidas ocasiones. Acostumbrado el público a leer “…Baron Cohen…” y pensar “retrato de la sociedad norteamericana”, esta vez se lanza a la piscina británica del MI6. El problema es que la piscina, estaba vacía. Humor a trompicones, vulgar, humor del que funciona cuando la película se percata de su inmadurez, pero del que se estanca por pura compasión. Anarquía cinematográfica sin lucidez -ni parangón.

Agente ContraInteligente

La corta duración de la película hace de ella un reluciente envoltorio, no obstante, no deja de ser más de lo mismo. Es paradójico apreciar cómo la anarquía del creador -con Phil Johnston como mano derecha- está supeditada al dogma que él mismo ha configurado a lo largo de los años y proyectos. Que esta vez sea el MI6, Reino Unido o el espionaje, no importa. Lo que importa es la genuina manera de tratar la historia, de navegar en ella, de sacar humor de cualquier situación -el surrealismo es así- o de retratar un arquetipo con más o menos lucidez -el porcentaje es favorable a lo segundo. Es la marca de Baron Cohen lo que provoca la tímida risa en el rostro, el made in que tanto gusta al espectador cuando quiere disfrutar de una nueva ristra de tópicos en el género, que no hagan pensar, pero sí hagan pasar 83′ como la brisa del mar.

De chistes salvajes y acción con artificios vive Agente Contrainteligente, del vaivén entre lo hilarante y lo tedioso. Sin embargo y aunque el ejemplo de revitalización lo marca ‘The Man From U.N.C.L.E.’ (Guy Ritchie, 2015), el antagonista al rey Midas logra entablar una relación sana con sus hermanos mayores -véase Jason Bourne o Ethan Hunt-. Leterrier, como construyó en ‘Clash Of The Titans’ o ‘Now You See Me’, se embriaga y, con él, a la película, de artificios conformistas, de acompañamiento, obligados a convivir con una historia puesta a los pies de los caballos, y que sólo puede salvarse con la buena fe del público capacitado para mantenerse entretenido. La moderación de la trama no encuentra lugar en sus excesos, ni en la química entre sus protagonistas, ni tampoco en su premisa; entretener hasta el límite del montaje. Montaje con ritmo clásico -que no trepidante- del que le gusta a Baron Cohen: planos fijos con los que poder admirar la gracia improvisada, y planos con seguimiento para “romper” la estructura. Todo es rutinario, pero es su territorio.

Como ya lo fueran Ken Davitian y Ben Kingsley, en ‘Borat’ y ‘The Dictator’, respectivamente, el digno acompañante de Baron Cohen, esta vez, es Mark Strong. Y lo es, como lo fueron sus predecesores en el asiento de copiloto, en un personaje adaptado a su currículum de agente inquebrantable, frío y contrapuesto a todo lo irreverente del piloto. ‘Agente Contrainteligente’ no se libra del estampado de personajes intrascendentes y obligados a prestar su buena voluntad a la comicidad del creador.

La frescura no está reñida con la reiteración de ciertas fórmulas que siempre funcionan, y Baron Cohen lo sabe, y se aprovecha de ello. Humor para pasar un rato agradable, con ciertas dosis de escatología y acción, con las que poder dormir a mitad de camino si no encajan en lo que el espectador busca. Lo mejor de Agente Contrainteligente no está en sus palabras, sino en sus silencios.