Inicio Cine Crítica Creed

Crítica Creed

1969

Creed es para el drama-boxeo lo que ‘Star Wars: The Force Awakens’ ha sido para la ciencia-ficción; la regeneración de un movimiento nacido en los 70, la adaptación del mismo a las fórmulas actuales pero sometiéndolo a una revitalización muy controlada, controlada por lo previsible de sus premisas pero que, por el contrario a todo lo estimado, consigue profundizar en la esencia y postularse como una más que digna sucesora. Sucesora que Ryan Coogler ha conseguido colocar sobre su propio camino, marcando el paso hacia una nueva oleada de seguidores que abandonen la sala lanzando sus golpes al son de la banda sonora compuesta por Ludwig Göransson.

En los últimos años, el entretenimiento comercial no está reñido con el cine de género en su pureza, y tampoco lo está con las secuelas sobre un mismo canon. Coogler se inspira profundamente en Rocky, y lo hace en cada fase de una película muy bien establecida que, aunque previsible, se ciñe con talento a la falta de importancia que pudiera tener en la saga. Creed recupera el núcleo de la original, incita a la motivación observando cada secuencia donde el personaje interpretado por Jordan se encomienda a las enseñanzas de Rocky, como Coogler y Covington se encomiendan al mejor Stallone, como el espectador lo hace con una nueva grandilocuencia entre dos púgiles que juegan a lo mismo; establecer una hoja de ruta fresca que devuelva el cine de boxeo a lo más alto. Sin embargo, lo convincente de sus fórmulas se deshace cuando el distintivo se descubre ausente, cuando lo estimulante del renovado boxeador-de-las-calles es sustituido por imágenes de otra época impostadas en la actualidad. La proeza de Coogler está en probar otros métodos narrativos que inculquen un halo de dureza y ternura, de homenaje y diversión, en definitiva, métodos que capturen la intimidad del personaje y su hazaña, y que lo transmitan sin pudor ni adornos amistosos, pero sí con momentos de humor nada condescendiente. Como sello propio es convincente en lo que respecta a dichas decisiones formales, que no en su fondo, todavía pendiente de no menoscabar la dignidad del icono. Peleas donde la cámara gira, se esconde y aparece en un golpe certero del contrincante, capta la caída y se levanta con el protagonista para volver a la contienda inicial en plano secuencia, sin dejar el ambiente publicitario de lado, ni tampoco la atmósfera del último enfrentamiento entre Pacquiao y Mayweather. Escenarios donde el trabajo documental se hace evidente, historias donde la superación mantiene su máxima y la simbología trasciende al género en sí mismo. Coogler ha sido el primero en arriesgarse de esta forma, y Coogler ha sido el primero en conseguir que los golpes entre película y público resulten de una satisfacción mutua.

creed-Michael-b-jordan

La capacidad de Stallone para adaptarse al primer guión de la saga no rubricado por él es magnífica, pues su Rocky aparece menos dramatizado y más natural, más profundo y menos melodramático. Un trabajo brillante de retrospección para recupera al icono que se perdió entre luchas innecesarias y nostalgias de cara a la galería. Michael B. Jordan y su Adonis Creed, personaje mejor diseñado que su mentor aunque menos capacitado para llegar a las entrañas del público, consigue conmover con rabia y rebeldía a los mismísimos perfiles que habían estado en su lugar con anterioridad. Ambos golpean, y ambos lo hacen con inteligencia y emoción.

Creed es cine para el gran público, cine del que genera una pugna terrible entre el ansia por noquear al cubo de palomitas y las ganas de volver a golpear un uppercut. Jordan consigue que su personaje sea el emblema al que todo espectador quiera emular, consigue que, al fin y tras seis secuelas, Rocky pueda mirarse al espejo y descansar.