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Crítica BSO: ‘La vida de Pi’

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Cartel de 'La vida de Pi'
Cartel de ‘La vida de Pi’

‘Life o Pi’ fue una de las películas más laureadas en la pasada edición de los premios Óscar, celebrados en el  Dolby Theatre de Hollywood, en Los Ángeles. El largometraje dirigido por Ang Lee obtuvo cuatro estatuillas de las once  a las que optaba en diversas categorías; a decir, mejor director, fotografía, efectos visuales y banda sonora original para el compositor Mychael Danna. Un cuarteto merecido, ya que el equipo técnico realizó un trabajo preciosista de gran categoría visual, coordinado en todo momento por el eficaz realizador de Taiwan. No obstante cierta polémica se acabó suscitando en torno al mencionado director de ‘Brokeback Mountain’, ya que muchos veían el premio en manos de Michael Haneke, por su obra maestra ‘Amor’, que fue galardonada con el Óscar a la mejor película extranjera. Para un humilde servidor este último merecía la estatuilla dorada, aunque en ningún caso se debe menospreciar el elegante trabajo de Lee tras la cámara.

‘Life of Pi’ supone una vibrante adaptación del ‘best-seller’ de Yann Martel, guionizada por David Magee, quien ya fuera nominado en 2004 por ‘Finding Neverland’. Se trata de una curiosa aventura centrada en Pi Patel, el hijo de un cuidador de animales que debe trasladarse con su familia desde la India hasta Canadá. Sin embargo el barco en el que emigran se ve condenado a naufragar en mitad del trayecto, obligando a Pi a vagar a la deriva en el Océano Pacifico. En este contexto el joven deberá superar la pérdida de su familia y sobrevivir en un bote salvavidas de 26 pies de diámetro acompañado de una cebra, una hiena, un orangután y lo más increíble: un peligroso tigre de bengala llamado Richard Parker. A partir de entonces vivirá una serie de experiencias  que determinarán para siempre su percepción vital y teológica. Es importante destacar este último aspecto, ya que el protagonista busca encontrar a Dios a través del hinduismo, el cristianismo y el islamismo, siendo incapaz de renunciar a ninguna de estas tres ópticas. Este hecho determina considerablemente los matices de la banda sonora que vamos a analizar, ya que en todo momento el autor busca profundizar en los rincones del alma humana, empleando para ello cortes de aproximadamente dos minutos de duración que ayudan a dinamizar una travesía de tinte espiritual.

Mychael Danna fue el compositor seleccionado para dar forma a la música que retrata esta original historia. En el año 1985 este ambicioso autor consiguió una beca que le permitió cursar estudios de composición en la prestigiosa Universidad De Toronto. A partir de ese momento fue creciendo profesionalmente realizando trabajos para distintos largometrajes de interés. Son destacables las partituras compuestas para ‘Capote’ y ‘Pequeña Miss Sunshine’, en las que nos dejó muestras de una evidente calidad.

Fotograma de 'La vida de Pi', de Ang Lee
Fotograma de ‘La vida de Pi’, de Ang Lee

Con ‘Life of Pi’, Mychael Danna ha sido capaz de plasmar en la partitura una amplia gama de sonidos a través de elementos New Age fusionados a la perfección con una heterogénea colección de instrumentos folklóricos procedentes de la India y occidente. Para ello utiliza flautas, sitares y mandolinas que se ven rodeados por arreglos orquestales y momentos vocales de gran intensidad emocional. Esto se hace evidente nada mas arrancar el disco, ya que ‘Llulaby Pi’ es una bellísima canción entonada por el vocalista Jayashree Bombay, que aporta una sensación de mágica serenidad al estar interpretada en un idioma tan exótico como el Tamil. Se trata de una suave melodía que nos introduce de lleno en la inocencia infantil y que sirve como convincente obertura onírica.

A partir de ese momento el conjunto de la obra adquiere una mayor fuerza y personalidad. En cortes sucesivos emplea vibrantes instrumentos de viento y teclados que nos sumergen en ambientes nocturnos y estrellados. Es envidiable como en todo momento Mychael Danna es capaz de retratar con exactitud el periodo histórico en el que se desarrolla la aventura, creando para ello una enriquecedora estructura melódica.

Algunos pasajes son especialmente destacables, como por ejemplo ‘Thank You Vishnu for Introducing Me to Christ’ en el que la mencionada mezcla de elementos se hace patente en su máxima expresión.  En apenas un minuto de duración nos ofrece un crescendo de categoría empleando violines, violas, clarinetes, oboes y trombones.

Otras piezas como ‘Leaving India’ nos regalan sentimientos encontrados de belleza y tristeza. Constantemente se emplea la dualidad, tanto instrumental como emotiva. Este aspecto busca provocar una mayor reflexión en el espectador, como reflejo de la matizada espiritualidad que podemos encontrar a lo largo del largometraje. Y es que en todo momento se busca la heterogeneidad, dado que el protagonista profesa distintas religiones, lo cual queda plasmado con maestría en la banda sonora.

En ‘tracks’ como ‘Tsimtsum’ el compositor utiliza un coro de niños que ayuda a crear una mayor intensidad dramática. Este recurso lo vuelve a emplear en ‘First Night’ pero manejando una mayor oscuridad orquestal para transmitir peligro y desesperación. La reutilización de esquemas compositivos es palpable a lo largo del ‘soundtrack’, ya que el autor los utiliza como base para establecer situaciones y modular las distintas emociones que el protagonista vive a lo largo de su odisea particular.

En conclusión, se trata de una partitura que juega con temáticas como la vida, la fe o Dios, evocándolos musicalmente con gran precisión y hermosura. Esto se traduce en un trabajo de gran complejidad que merece el premio obtenido en la pasada edición de los premios de la Academia.

Dani García. Madrileño de 27 años amante del mundo de la comunicación. Cinéfilo declarado y melómano compulsivo, lo cual me llevó a escribir sobre el tema desde muy joven, realizando todo tipo de críticas y reflexiones. En constante evolución, trato de alcanzar nuevas metas con la misma pasión que el primer día.