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Crítica de ‘Baby Driver’: Edgar Wright pone el género de acción a sus pies

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La última película de Edgar Wright, ‘Baby Driver’, ha revolucionado la acción con una dirección y un montaje excepcionales. El director ha puesto el género en el cielo de sus posibilidades.

Pudiera parecer que ‘Baby Driver‘ lo tenía todo para ser un éxito. Había partido con un 100% en Rotten Tomatoes y toda la crítica le estaba bailando el agua al último film de Edgar Wright. Pero,  a veces, que los críticos bailen el agua puede transformar en que los espectadores acaben bailando con lobos. Es lo que comúnmente se ha denominado como hype. Las expectativas. Un enemigo que acecha en las sombras. Ese contrahype necesario podría haber sido ‘Wonder Woman‘.

Baby Driver

Pero las ganas de ver ‘Baby Driver‘ eran muy reales. Y, sorprendentemente, en este caso ni el hype logró arruinar la experiencia de ver la mejor película de acción de los últimos años.

La dirección y el montaje llevan a ‘Baby Driver’ a la perfección, encajando las piezas de la acción y la música de una manera tan orgánica, sencilla e incluso inesperada que se asemeja a la geometría de una flor.

El punto de partida de ‘Baby Driver‘ parece tan manido que raya el exceso. Un joven perdido en la vida y con un problema auditivo que le lleva a obsesionarse con la música, a vivir recluido en ella. Y que tiene un don excepcional: conducir. Sus actos le llevan a los brazos de un excéntrico mafioso que arma equipos de actuación para delinquir. Siendo el protagonista, Baby -un Ansel Elgort que roza la perfección-, quien se encarga del apartado de librar al equipo de la persecución policial tras cometer el robo. Pero entonces, ¿por qué ‘Baby Driver‘ es una auténtica revolución para el género? ¿Qué tiene esta película que no tienen otros títulos de acción, velocidad, coches y adrenalina?

Baby Driver

La dirección. El montaje. El uso de los recursos narrativos a través del lenguaje audiovisual, no del guion. Las coreografías se desencadenan sin desbordarse, indexándose con la música de una manera orgánica y perfecta. Similar al plano secuencia más hermoso de la historia del cine, que es el de Martin Scorsese en ‘Uno de los nuestros‘. Cada golpe de percusión es un gesto en ‘Baby Driver‘. Y cada canción tiene un lugar en el espacio, en el entorno que nos presentan. En la acción. En esta película, la dirección y el montaje son tan notables que hasta hay hueco para un travelling circular que pretende generar una atmósfera opresiva en un momento determinado. Y lo consigue. Por eso ‘Baby Driver‘ es una revolución del género. Porque es capaz de adaptarse a él para ofrecernos una película más grande de lo que hay a simple vista.

Con un guion sencillo y poco destacable, los actores son capaces de brillar en la amalgama rítmica que Edgar Wright pone encima de la mesa.

La sensación al salir es de felicidad. De emoción. Ya sea por el buen rato que has pasado en el cine o por el buen rollo que te ha generado la banda sonora u original soundtrack. Edgar Wright le ha dado la vuelta al género para ponerlo a sus pies. Con un guion sencillo, que ni siquiera destaca. Pero con personajes superficiales y arquetípicos que, de repente, ofrecen un desarrollo involuntario. Es decir, un cierto punto de partida para una conclusión final. Pero insisto en que no es lo más destacado de la cinta.

Baby Driver

Por último, destacaría el grandísimo trabajo del reparto. En ocasiones, el séptimo arte nos ha demostrado que un casting repleto de nombres importantes no es la solución si no hay un trabajo cinematográfico detrás. Especialmente en Hollywood. Pero en ‘Baby Driver‘ los actores encajan como piezas de un puzzle orquestado por Wright. De la misma manera que la música encaja en la acción como la geometría de una flor, que diría Gustavo Cerati. Jamie Foxx, Jon Hamm, Kevin Spacey, Lily James… Todos apuran la vida y se someten al esfuerzo y el empeño de un cineasta que, tras ‘Arma fatal‘, ‘Scott Pilgrim contra el mundo‘ y ‘Bienvenidos al fin del mundo‘, ha logrado su mejor película hasta la fecha. Y con razón.


Reseña Panorama
Crítica de 'Baby Driver'
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David Lorao

Graduado en Periodismo. Concibo el cine como la fábrica de sueños que forjó George Méliès y vivo a medio camino entre el Asilo de Arkham y la Cocina del Infierno. Devorador de cómics y adicto a la literatura y las series de televisión. Admiro por encima de todo la obra de Alan Moore, Frank Miller y Neil Gaiman, aunque no le daría la espalda a nada que haya salido de los lápices creativos de Ibáñez. Generación ‘Goonie’ y pasión por la escritura. “Nunca abandones tus principios, ni siquiera en presencia del apocalipsis”. También puedes leerme en twitter como @goonielor.