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Crítica de ‘Angry Birds. La película’. 97′ de tedio y aburrimiento desesperante

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Angry Birds

En plena ola de adaptaciones, ‘Angry Birds. La película’ llega como una fallida versión de la aplicación original. Una película en la que sólo puede salvarse la animación y de la que sólo puede decirse que los altos vuelos de sus pájaros en materia de videojuego, sufren un terrible descenso en su viaje a la gran pantalla. Con un guión intrascendente y desdeñoso para con el público, los directores Clay Kaytis y Fergal Reilly poco pueden hacer más que aportarle un tono colorido y una momentánea cámara lenta con la que agravan, irremediablemente, la explosividad de la cinta. 97′ de tedio y aburrimiento desesperante para niños, jóvenes y adultos.

Su rápida narrativa no evita que Angry Birds se haga menos fatigosa, pues su teórico humor queda a las puertas de ser algo más que una ristra de gags bastante absurdos e introducidos caóticamente. Un producto industrial que encuentra la excusa perfecta en el nicho de mercado creado por su homóloga aplicación años atrás, al que no parece importarle su carácter alocado y su gratuita agresividad. Con la premisa de la diversión, la trama se diluye hacia la estupidez sin gracia, hacia el cliché y las tristes ocurrencias de unos personajes, no obstante, bien diseñados. Hay que entenderla desde el enfoque simpático, ese que no tiene nada que decir pero, aun con todo, lucha por ser desenfadado, disfrutable para todo aquel que quiera compartir un rato con un grupo de pájaros malhumorados y una familia de cerdos foráneos. Sin embargo, Angry Birds se estrella por desgaste y termina sumergiéndose en el guano de sus irritantes personajes. El maridaje entre acción y comedia es un fiel reflejo de lo que resulta la cinta en último término: una historia pequeña que intenta agradar por la fuerza y que se deja llevar por una primera media hora algo menos boba. En definitiva, un ejercicio de animación que, honestamente, no oculta su desgana por aporta algo distinto al género.

Excesivamente estirada, da la sensación de que la imperiosa necesidad del estudio por realizar una animación de grandes vuelos, ha provocado que el resto de Angry Birds sea un boceto, un burdo prototipo de lo que podría haber sido una entretenida e ingeniosa aventura.