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Crítica a El doble más quince: un tierno drama

El doble más quince se estrenó justo antes de la cuarentena, dirigida por Mikel Rueda. Protagonizada por Maribel Verdú y Germán Alcarazu.

La historia de dos personas, Ana y Eric, que no encuentran su lugar y no tienen ni idea de qué hacer con el resto de sus vidas. Dos formas de ver la vida, dos momentos distintos de la vida, dos edades diferentes.

El doble más quince comienza con el encuentro de una mujer que ha superado los 45 y de un joven menor de edad,

que se han topado en un chat sexual y querían verse en la vida real; lo normal sería que ambos pusieran punto y final, pero entre ellos empieza a surgir algo, una historia de amor-amistad que busca expresarse de una forma natural que, aunque un poco forzada, queda reflejada de una forma tierna. Mikel Rueda prefiere centrarse en el desarrollo de estos dos personajes insatisfechos con la vida. Gran parte de la cinta se centra en los diálogos entre ellos dos que expresan sus personalidades, algunos banales y otros llenos de profundidad, son lo más potente de la cinta junto a las actuaciones.

Un punto flojo de El doble más quince es el inicio,

donde ese encuentro parece un tanto forzado y esa conexión surge de una manera poco usual y antinatural, pero a partir de ahí, la película transcurre con fluidez y delicadeza. Pronto nos queda claro que este encuentro entre ambos será un punto de inflexión en sus vidas. Ambos rompen los estereotipos y roles que les corresponde en su respectiva generación y se sienten fuera de lugar en sus respectivas vidas, siendo esta una premisa muy interesante y bien reflejada. El guion es sólido, pero con tópicos, como el hecho de que ellos no pudieran elegir habitaciones separadas en el hotel, ya que es algo esperado y queda poco creíble.

Los actores están sublimes,

Maribel Verdú logra un papel convincente, al que se le ve desquiciado con lo que ha sido su vida; por otro lado tenemos a Germán Alcarazu, que es la sorpresa de la película, un joven actor que transmite la tristeza de su personaje, así como inocencia y melancolía, en la que muchos nos podemos sentir identificados. Transmite amabilidad, bondad y llega a ser entrañable y tierno. Una actuación sobresaliente. La fotografía e iluminación son geniales, que sirven como recurso narrativo, en que dependiendo del momento tendremos colores más cálidos o fríos; así como el desenfocado intencionado, que refleja que ellos dos están solos en el mundo que les rodea.

El doble más quince es un drama tierno, con una idea diferente y una ejecución preciosa, pese a algún punto inverosímil, logra entretener y ser una gran película.

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