Inicio Cine Películas malditas: El día que el payaso lloró

Películas malditas: El día que el payaso lloró

2845

Cuantas producciones cinematográficas arrancan y por un motivo u otro no llegan a terminarse. Repasamos algunas películas malditas de la historia del cine

Cuesta imaginar que haya películas que nunca lleguen a terminarse. Que, en un negocio como el cine donde cada página de guión se transforma en millones de dólares de presupuesto, alguien esté dispuesto a convertir una película en un enorme sumidero del que no van a obtener ningún beneficio. Pero así ocurre, y algunas de esas cintas acaban convirtiéndose en leyendas negras, inspirando documentales sobre su fracaso o siendo retomadas por los mismos directores durante años, casi siempre con la misma mala suerte. Es el caso de ‘The Man Who Killed Don Quixote, una de esas películas malditas, una especie de unicornio personal para el director británico Terry Gilliam, que lleva desde los noventa intentando una y otra vez regresar a España para el que espera que sea el rodaje definitivo. Tras siete intentos, esta versión de la novela de Miguel de Cervantes ha sufrido tormentas que han destrozado escenarios, pistas de audio inservibles por el ruido generado por el bajo vuelo de los aviones de una base militar cercana y también varios cambios de reparto. Tras Johnny Depp y Ewan McGregor, el último en ponerse la armadura de hojalata hubiese sido John Hurt si un cáncer de páncreas no hubiese apartado al actor de las cámaras durante un tiempo.

el imaginario del doctor parnassus

En ocasiones, algo más grave que una enfermedad hace imposible seguir con el rodaje, y es ahí cuando los responsables tienen que volverse ingeniosos si quieren sacarla adelante. En el caso de la muerte de Heath Ledger, no fue El caballero oscuro’ sino ‘El imaginario del Doctor Parnassus’ (también de Terry Gilliam) la que estuvo muy cerca de quedarse en un almacén, pero solucionaron la ausencia del actor reemplazándole por sus amigos Depp, Jude Law y Colin Farrell, que donaron su sueldo a la hija de Ledger. El cambio de actor fue justificado porque en la película, los personajes iban saltando entre varios mundos y cambiaban su aspecto en cada uno de ellos, pero otras ocasiones no es tan fácil.

Si hay pérdidas que pueden afectar a sólo una parte de la película, como ocurrió con Oliver Reed en ‘Gladiator’, no es lo mismo cuando es tu protagonista el que fallece. Brandon Lee murió en el set de ‘El Cuervo’ cuando recibió un tiro en el estómago por accidente y obligó a Alex Proyas a utilizar dobles de cuerpo, tomas recicladas e insertar el rostro digitalizado del actor para conseguir terminar la película. Fue, como en otras ocasiones donde el morbo atrae a la gente a las salas, el bombazo de 1994.

No era la primera vez que la familia Lee se enfrentaba a una pérdida similar, ya que el padre de Brandon, el famosísimo Bruce Lee, también dejó incompleta ‘Juego con la Muerte’. La que hubiese sido su quinta película tenía un argumento similar al de los videojuegos de pelea Mortal Kombat, en el que iban ascendiendo por una pagoda luchando con enemigos cada vez más peculiares. Cuando Lee falleció, el rodaje de ‘Juego con la Muerte’ ya había sido suspendido durante meses, y el metraje permaneció en una lata hasta que el productor Raymond Chow decidió terminarla por su cuenta. Para eso, tiraron a la basura todo salvo los planos del propio Bruce y escribieron una historia cutre que reutilizaba todo lo que el astro de las artes marciales hubiese hecho en su vida. Caretas de látex, planos de otras películas y dobles que no se parecían en nada se hubiesen quedado en una curiosidad si no hubiese sido porque en aquel guión delirante en el que Bruce “interpretaría” a un actor que fingía su propia muerte para vengarse de unos maleantes, Chow utilizó también la grabación del auténtico funeral del actor, y su cadáver aparece en la cinta con una normalidad pasmosa. Algo que debería haber sido criticado y denunciado no sólo por la familia, sino por cualquiera con un poco de sentido común, fue utilizado por un productor ávido de recuperar una inversión, y ahí aparece desde entonces.

Otras tragedias similares han tratado con más respeto al fallecido, como ocurrió con Paul Walker en ‘Fast and furious 7’, o se han arreglado como han podido, como cuando en el rodaje de ‘La Dimensión Desconocida’, de John Landis, el actor Vic Morrow y dos niños fueron decapitados por un helicóptero frente a las cámaras, impulsando leyes más rigurosas sobre la presencia de menores de edad en los rodajes.

Otras veces lo único que se puede hacer es dejar el proyecto inacabado. La última película de Marilyn Monroe, ‘Something’s Got to Give’, fue reconvertida en cortometraje cuando ella falleció tras meses de una producción problemática en la que llegaron a despedirla. Lo mismo ocurrió con ‘Dark Blood’, la cinta que estaba rodando el joven River Phoenix y que trataba de un chico extraño que vivía en un campo de pruebas nucleares mientras esperaba al fin del mundo. Su director, George Sluizer, escondió la película por miedo a que fuese destruida (las últimas grabaciones de Amy Winehouse o el accidente de Brandon Lee fueron quemados), permaneciendo como una de esas leyendas del cine que tal vez, con unos pocos arreglos, pueda salir a la luz.

River Phoniex Dark Blood

Otros accidentes nos han dejado sin muchas películas. La Opera Prima de Quentin Tarantino, ‘My best friend birthday’, era tan mala que su director no lamenta que un incendio destruyera parte de los negativos, y nos hubiésemos quedado sin la célebre ‘Nosfetaru’ de Murnau si la viuda de Bram Stoker, Florence Balcombe, hubiese conseguido destruir todas las copias de la película por considerarla un plagio de la obra de su marido. Lo mismo ha ocurrido con incontables joyas del cine primigenio, como la versión de ‘Cleopatra’ que Theda Bara rodó en 1917. Incluso Charlie Chaplin llegó a destruir una de sus películas.

Y aunque todo salga bien, hay muchas razones por las que una película puede no llegar a terminarse. Recortes de presupuesto, pérdida de derechos o incluso las tan socorridas “diferencias creativas” que tanto se mencionan cuando alguien da un portado en plena preproducción. En esas ocasiones, lo que pudo haber sido inspira a la gente a convertir esas películas en objetos de culto. Kevin Smith  ha hablado sobre lo que supuso trabajar en Superman Lives con Tim Burton, Nicholas Cage y el extrañísimo Jon Peters, un vídeo que Youtube debería recomendar a todo aquel que quiera alegrarse el día. Hasta se ha realizado un documental sobre el tema para entender los entresijos de la industria del cine, que fueron los mismos que acabaron con la idea de Stanley Kubrick de rodar Inteligencia Artificial’ asignando una parte importante del presupuesto a construir un niño robot capaz de actuar, o su biopic de Napoleón Bonaparte, del que sólo tenemos pruebas de cámara. Al igual que Kaleidoscope, donde Alfred Hitchcock quiso rodar un film sobre un asesino en serie visto en primera persona, algo quizá demasiado avanzado para su época.

Pero todos estos ejemplos palidecen cuando nos encontramos con El día que el payaso lloró’, dirigida y protagonizada por Jerry Lewis y que es ahora uno de esos mitos del séptimo arte, considerada una de las peores películas de todos los tiempos.

Lewis adelgazó con una dieta a base de uvas para interpretar a un payaso enviado por los nazis a un campo de concentración, donde su trabajo como flautista de Hamelín consistía en llevar a los niños a las cámaras de gas convirtiéndolo en un juego. Sólo hay disponibles unos pocos segundos en Youtube con una prueba de maquillaje, y el propio Lewis asegura estar tan avergonzado de ella que nunca verá la luz, algo que parece creíble… al menos durante unas décadas. La única copia parece estar en su poder, pero no es la primera vez que escuchamos que los directores de Hollywood suelen ponerla en sus fiestas privadas a modo de curiosidad. Y aun así queda a años luz del Santo Grial de las películas inacabadas, ‘Dune’ de Alejandro Jodorowski, una adaptación de la novela de Frank Herbert que se basaba más en las experiencias lisérgicas del director que en la obra original, y donde incluso llegó a contar con Salvador Dalí como Emperador del Universo sentado en un retrete dorado. Una película soñada, jamás rodada, imposible de entender y que a pesar de todo inspiró a varios directores que tenían entre manos historias mucho más modestas como ‘Alien’ o ‘Star Wars’.